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URGENCIAS DE ESTOS TIEMPOS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 22 de enero de 2018

Estamos viviendo tiempos extraños, en los que en mitad del verano o temporada seca (para los panameños) caen fuertes aguaceros, al punto de que dicen los que supuestamente lo vieron, que hubo partes de la ciudad que recibió granizo del cielo, en pleno mes de enero, el mes más agradable de este inmisericorde clima.

El medio ambiente se ha vuelto loco, dicen otros, pero todo esto, al igual que las temperaturas extremadamente bajas en Canadá, en el norte de Europa o en Rusia no es otra cosa que el irrespeto que hemos hecho por tantos años a la naturaleza.  Ella, la madre naturaleza, siempre se cobra sus deudas, tarde o temprano. Así es como el agua siempre busca su nivel, o la tierra lo que le hayan arrebatado.

Uno de los aciertos que ha tenido este gobierno, tan desacertado hasta en los temas que no le concierne, como regular el uso de la Cinta Costera por medio de un decreto del Ministerio de Obras Públicas (la información de celebrar algo en lugares abiertos siempre ha sido potestad de la alcaldía, a quien se le informa, no se le pide permiso) es el de prohibir el uso de bolsas plásticas para el expendio de cualquier artículo, dando un tiempo prudencial a los almacenes para que se vayan adecuando.  Volverán los cartuchos de manila, las bolsas de papel (ojalá que sea reciclado) y demás formas de cargar con la compra (hay bolsas reutilizables que desde hace años han estado promoviendo ciertos comercios).

Es hora de que tomemos conciencia de que el planeta está dando signos de agotamiento y hartazgo por tanto abuso.  La disposición a ultranza de la basura, sin tomarse el cuidado de reciclarla, y el desecho de lo que se puede reutilizar es una prioridad del ser humano y así lo deben entender los responsables del manejo de la cosa pública.  Empecemos por educar desde nuestras casas reciclando, dando un mejor uso a lo que botamos y utilizando bolsas de papel para la compra.

El cambio climático ya está aquí

El Siglo, 13 de Diciembre de 2010

Al momento de escribir este artículo, las noticias desde la Conferencia del Cambio Climático no sonaban muy optimistas. Por un lado, un bloque de los países “desarrollados”, entre los cuales resaltan Canadá, Rusia y Japón, se oponían rotundamente a una extensión del Protocolo de Kyoto (que establece una reducción de 5% a los niveles de 1990 de emisiones de gases de efecto invernadero para el 2012) que reduciría el objetivo trazado de 25-40% para el 2020.  Todos los países reconocen que este objetivo es necesario si se desea que la temperatura promedio del planeta no suba de 1.5 a 2 grados C.

Un grupo de países en desarrollo, se oponen rotundamente a la creación de un Fondo “Verde”, que consistiría en 100 mil millones de dólares anuales (generados a través de diferentes “mecanismos” financieros tales como el mercado del carbono y repartidos entre países en desarrollo para adaptarse al cambio climático).  Los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón desean que este fondo sea manejado por el Banco Mundial.

El grupo que incluye los EEUU –aunque no hayan nunca firmado el Protocolo de Kyoto–, argumentan que no es posible alcanzar ese propósito sin tener consecuencias económicas.  En un mundo en recesión económica y desempleo en aumento, este argumento es obviamente más político que científico, ya que hay estudios que señalan que se crearían empleos en industrias más sostenibles y limpias a través de mecanismos financieros.  Me atrevo a señalar que esos mecanismos financieros son los que nos han llevado al aprieto global que estamos hoy en día.

El segundo grupo de países argumenta que el Fondo Verde estaría manejado por el Banco Mundial, institución históricamente ligada a implementar políticas económicas impulsadas principalmente por EEUU.  Estos países tienen toda la razón de oponerse pero, sin compromiso, estos fondos no estarían disponibles a tiempo.

El panorama no se avecina ni prometedor ni comprometedor.  Los países no se pondrán de acuerdo, y si lo logran, no va a ser justo.  Es importante que reconozcamos todos que las emisiones de gases de efecto invernadero seguirán aumentando y el cambio climático es inminente.  Por eso el tiempo ha llegado para que cada país cree soluciones locales de adaptación.  Estas soluciones deben ser hechas para cada país y no impuestas por otros.  En Panamá, esta semana vivimos un frente frío que dejó devastadas varias regiones y damnificados a muchos ciudadanos.  No podemos esperar a ver qué se decide en Copenhague, Cancún o Durban.  Lamentablemente, el cambio climático traerá eventos como éste de manera más frecuente, y como país soberano tenemos que velar por la protección de nuestros recursos y nuestra gente.