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EL JEREZ Y LA HISTORIA


Por Mariela Sagel, Vida y cultura, 3 de marzo de 2019

     Continuando en mi peregrinar por la Andalucía profunda, y después de catar muchísimos vinos jerezanos, para ir identificando (o tratando de…) el fino, la manzanilla, el amontillado, el oloroso, el palo cortado, el pedrojiménez (mi preferido), el moscatel, el Pale Cream, el Medium y el Cream, llegué a las bodegas del Maestro Sierra, cuya propietaria es María del Carmen Borrego Pla, única heredera de Doña Pilar Plá Pechovierto, cuyo talento empresarial natural y el exquisito cuidado a la tradición guiaron esa casa durante las últimas décadas y son ahora el faro que inspira el trabajo que allí se realiza.  Como complemento a la sosegada mirada de su madre, que motiva a todos los que allí trabajan en su caminar diario, la señora Borrego es una destacada historiadora de la Universidad de Sevilla, experta en Cartagena de Indias, que desde su retiro de la docencia en 2008, se dedica a supervisar la excelencia de la producción que se lleva a cabo en las bodegas de su propiedad, y a participar con entusiasmo en los temas americanistas que son su pasión, en el caso concreto de este año, la celebración de los 500 años del zarpe de la Nao Victoria bajo la conducción de Fernando de Magallanes, expedición que le dio la vuelta al mundo y partió desde Sanlúcar de Barrameda.

EL JEREZ

     El vino de jerez o vino jerezano es poco conocido en nuestro país, por razones primordialmente de mercadeo y distribución.  Su producción es antiquísima, encontrándose evidencias de que tan temprano como el siglo I a. C. se puede rastrear que la vid fue traída a la región por los fenicios, fundadores de Gadir (lo que es hoy Cádiz). En el yacimiento arqueológico de Doña Blanca, ciudad fenicia situada en los alrededores de El Puerto de Santa María, se ha encontrado un lagar (prensa donde se apisona la uva) que data del siglo IV a. C. En esa época, hubo una ciudad cerca del Estrecho de Gibraltar llamada Xera que se ha querido situar en Jerez por el relativo parecido del nombre. 

     La zona de crianza y producción se ha establecido como “Marco de Jerez” y está formada por Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, pero también se extiende a​ los municipios de Chiclana de la Frontera, Chipiona, Puerto Real, Rota, Trebujena y Lebrija (este último en la provincia de Sevilla). Algo que distingue a este marco es una valla en forma de toro de lidia, que se ve a todo lo largo y ancho de la geografía española, que se conoce como el “Toro de Osborne”, que desde 1956 fue creado para el grupo tonelero Osborne por el publicista Manolo Prieto, de la agencia Azor Publicidad.  Este emblema, que ya tiene 63 años, no ha estado exento de polémicas, porque los independentistas catalanes, entre otros, lo han derribado, así como en otras provincias le han cortado los testículos en protesta por la tauromaquia. Hoy día hay 91 vallas en pie en España, 24 de ellas en Andalucía.  En México hay 60 y en Japón y Dinamarca una en cada país.

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Toro de Osborne

     La cultura del jerez, para María del Carmen Borrego Plá, incansable investigadora, en su ponencia “Vinum Ceretanum”: el inicio de un patrimonio cultural se resume en “el vino para esta tierra es una señal de identidad, presente en la literatura, en la historia, en la religión, en las fiestas y en el más hondo sentir de nuestro pueblo.  Cuestión ésta nada extraña, si tenemos en cuenta que todas las grandes culturas, fundamentalmente las de la cuenca mediterránea, han consumido vino”.

     En la cultura popular, el jerez forma parte de numerosos refranes, además de que es el animador principal de las ferias andaluzas.  En literatura, escritores de la talla de William Shakespeare, Benito Pérez Galdós, Alexander Fleming y Edgar Allan Poe (en su relato “El tonel de amontillado”) hacen referencia a este vino particular.  Más recientemente, María Dueñas, la autora de la célebre novela “El tiempo entre costuras”, que fue llevada a serie de televisión, ubica una parte de su novela “La templanza” en Jerez de la Frontera y fue atendida, según me contó la enóloga Ana Cabestrero Ortega, en la bodega del Maestro Sierra.  En el cine, la pasión por el vino jerezano se ha mostrado en producciones de Orson Welles y seguramente pronto veremos la novela de Dueñas en una serie porque la filmación de ésta es casi un hecho.

María del Carmen Borrego Pla

     Tanto como el toro de Osborne, la botella de Tío Pepe, que es el jerez más conocido a nivel mundial, son identificatorios españoles de gran fuerza.  En Panamá, pocos vinos de esta zona se comercializan, aunque ya encontré un comercio que vende el Pedro Ximénez.

INVESTIGADORA Y BODEGUERA

     Con una rutilante carrera profesional en la Universidad de Sevilla, de donde egresó con el título de filosofía y letras, con especialidad en Historia de América, su tesis doctoral, “Cartagena de Indias en el siglo XVI” dirigida por el doctor Luis Navarro García, María del Carmen Borrego Pla obtuvo una calificación de sobresaliente. Posteriormente fue profesora titular del departamento de Historia de América de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla desde 1984 hasta 2008.

     Hoy día dirige con acierto la bodega de su propiedad, una especie de matriarcado ya que su madre la dirigió cuando su padre murió, y la enóloga también es mujer.  Ana Cabestrero nos hizo una magnífica exposición tanto de la forma de almacenar el vino en toneles de una madera perfectamente identificados, sobre un suelo de una arenilla menuda, así como la diferencia entre uno y otro jerez, ofreciéndonos una degustación pormenorizada en el jardín de la bodega del Maestro Sierra.  Esa bodega tiene más de un siglo, fundada por el maestro tonelero José Antonio Sierra, gran conocedor del oficio más cercano al vino de Jerez gracias a su próspera tonelería de La Merced.  Aunque era ajeno a las grandes familias bodegueras, se atrevió a poner en marcha un sueño… Lo hizo en lo que entonces eran las afueras de Jerez, donde aún hoy se levanta coqueta, discreta y orgullosa la bodega El Maestro Sierra.

Libro con ponencia de María del Carmen Borrego Plá

El paso del tiempo sólo ha certificado la constatación del buen hacer de este gran maestro tonelero cuya obra en forma de botas en pleno uso aún conserva, con su firma cincelada sobre la madera, lo mejor de los vinos centenarios de la casa.  Y así, la bodega El Maestro Sierra sigue atesorando, pasada más de una centuria desde su creación, el mismo carácter tradicional y artesanal y se mantiene en manos de la misma familia que le dio vida y que desde entonces envejece, embotella y comercializa vinos de la denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry.

El año pasado recibió el certificado que le acredita como una de las “2017 Top 100 Wineries”, según el listado que realiza la prestigiosa Wine & Spirits Magazine.  Es la segunda ocasión en que esta bodega es incluida en esta prestigiosa lista (la vez anterior fue en 2011).

El aporte de su propietaria y directora, María del Carmen Borrego Plá es inmenso, ya que ha combinado su pasión americanista con la cultura del vino jerezano, dándonos una obra enriquecedora de investigación dedicada a la historia del vino de Jerez que abarca más de dos milenios.  Tiene una extensísima obra publicada en torno al tema.

“Un día sin vino es un día sin sol” Anónimo

«El vino es poesía embotellada». Robert Louis Stevenson

«El lenguaje es vino en los labios». Virginia Wolf

«En el vino está la verdad».  Plinio “el viejo”.

PANAMÁ EN TÁNGER

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 24 de febrero de 2019

     Atendiendo a una gentil invitación de la Asociación de Amistad y solidaridad entre Marruecos y América Latina estuve en Tánger dictando una conferencia sobre literatura panameña el mes pasado.  Esta asociación, que apenas cumple un año de formada precisamente hoy, busca un mejor conocimiento de América Latina, ya que en Tánger no ha habido asociaciones de amistad con los países latinoamericanos que organicen actividades en torno a los temas culturales.

Banners del Instituto Cervantes y de la Asociación de Amistad y solidaridad entre Marruecos y América Latina

Desde esa perspectiva, sus fines persiguen la cooperación en el acercamiento a estos países para informar de la importancia de las culturas hispánicas y latinoamericanas para los marroquíes y sobre todo para los jóvenes. Potenciar el intercambio entre universidades marroquíes y latinoamericanas para dar a conocer Marruecos en Latinoamérica.  Y estimular el intercambio de viajes culturales, relacionarse en los ámbitos del periodismo y comunicación, e impulsar las relaciones comerciales.

A un año de formada, ha organizado conferencias, presentaciones de libros, y conciertos, y en el futuro procederá a organizar foros, congresos, jornadas gastronómicas y festivales.

Está integrada por académicos, investigadores, profesores y traductores. Está abierta a todas aquellas personas interesadas en los países latinoamericanos y la cultura en general.

     La conferencia se celebró en la sala de eventos del Instituto Cervantes, en la Avenida Bélgica, que baja hacia el emblemático Café de Paris, que está en la esquina de la Rue de la Liberté, un triángulo que tiene a un lado el consulado francés y la galería Delacroix y se bifurca para convertirse en la Avenue Pasteur, en donde además de muchas tiendas icónicas como la perfumería Madini, está la Librerie des Colonnes.  En esa Rue la Liberté está el mítico Hotel El Minzhab, donde estuvieron hospedados famosos artistas y escritores y desde donde despachaba el escritor rifeño Mohamed Chukri.

Vista de la conferencia con la presentación en filminas

     Tánger es una ciudad que me gusta mucho.  Todavía tiene ese dejo de capital internacional, que fue entre 1923 y 1956, cuando Marruecos era protectorado español y francés.  Necesitaba volver a ella para entenderla e interiorizarla y gracias a Randa Jebrouni y su bella familia, presidenta de la Asociación de Amistad y solidaridad entre Marruecos y América Latina avancé en ese proceso.

LA CONFERENCIA

     Para no parcializar el tema de la conferencia decidí estructurarla en base a ejes temáticos, especialmente los históricos, que han condicionado nuestra identidad como nación.  Empecé explicando a los presentes, todos muy expectantes por ser la primera vez que escucharían a una panameña hablar de literatura, que Panamá era una colonia de España hasta 1821 y se unió voluntariamente a Colombia, compartiendo la visión de Simón Bolívar.  No dejé de mencionar el asalto que sufrió la ciudad de Panamá, que fue fundada hará 500 años este 15 de agosto, la primera ciudad fundada por los españoles en el Océano Pacífico. De igual forma detallé todos los preparativos que se hacen desde el Patronato de Panamá Viejo para celebrar de manera didáctica y con responsabilidad histórica esta importante efeméride.

     De allí me fui por el lado de la construcción del ferrocarril de Panamá en 1850, y lo que eso representó.  Simón Bolívar había envisionado que por Panamá se debería hacer ese paso transístmico que ahorraría muchos meses de traslado entre una costa a otra de los Estados Unidos tan temprano como 1830, y murió al año siguiente.

     Seguí con la separación de Panamá de Colombia y todas las obras que se han recreado en torno a este hecho, y de igual forma hice referencias a los escritores que habiendo nacido colombianos, le dieron lustre al ser panameño como fueron Guillermo Andreve, Roque Javier Laurenza y Diógenes de la Rosa.  Me basé primordialmente en las disertaciones que, al ingresar en la Academia Panameña de la Lengua, hicieron la profesora Margarita Vásquez y el Doctor Arístides Royo.

     A partir de entonces, el ente aglutinador no solamente fue la recuperación de nuestra soberanía sobre la Zona del Canal de Panamá y el manejo de la vía acuática, sino la segregación de la población por raza y color, lo que tuvieron que sufrir las poblaciones que fueron inundadas para crear los lagos artificiales que alimentan el canal y referencias relacionadas.  Para mi sorpresa, hay una enriquecedora bibliografía a la que uno puede remitirse para comprender esta temática.

Junto a Randa Jebrouni

     Me ayudó mucho hacer una presentación de diapositivas que incluía desde mapas antiguos de cómo y dónde estaba Panamá en el siglo XVII hasta fotos de los trabajos de construcción del Canal de Panamá.

     Expliqué los conflictos que tuvimos como nación por el simple hecho de reclamar lo que era nuestro, y el tratado que ningún panameño firmó, siempre refiriéndome a las obras literarias que han exaltado estos momentos importantes de nuestra nacionalidad.  Importante fue la mención del 9 de enero de 1964 y explicar cómo era posible que ondeara una bandera extranjera dentro de nuestro territorio.

     Después expliqué la lucha por negociar un tratado que nos devolviera el control de nuestro mayor activo, nuestra posición geográfica y la importancia del Tratado Torrijos Carter. 

     El tema derivó a la implementación del tratado y vino a colación el poema de Amelia Denis de Icaza “Al Cerro Ancón”, emblema de nuestra nacionalidad que en forma macarrónica los negociadores tradujeron y que gracias a ello nos fue devuelto de primero para que en su cima se izara nuestra bandera.

     El hilo conductor siguió por diferentes obras literarias que se destacan de entre los escritores panameños y volví sobre otro de los traumas más grandes que hemos sufrido como país, la invasión y antes de eso, la degeneración del gobierno militar que gobernaba el país.

LOS AUSPICIOS

     Esta presentación no hubiera sido posible sin el apoyo de entidades que desinteresadamente aportaron su granito de arena.  Tengo una deuda impagable con la Autoridad del Canal de Panamá, que me preparó un video y una carpeta de fotos valiosísimas, que mostraban la evolución de la vía acuática.  El Ministerio de Relaciones Exteriores, que transportó hasta Tánger los libros que doné a la Asociación de amistad y solidaridad entre Marruecos y América Latina.  La Librería de Panamá Viejo, la Editorial Portobelo y Mario Lewis, que me donaron publicaciones de autores ya desaparecidos, la Librería del Instituto Nacional de Cultura, que me hizo un descuento en ciertos libros que necesitaba incorporar y, sobre todo, a todos los escritores que me donaron sus libros para que sean parte hoy día de la biblioteca de la Asociación.  De la misma forma, la embajada de Marruecos en Panamá, que brindó toda su colaboración para el trámite expedito de la visa y me organizó una reunión en el puerto Tánger Med.

Libros de autores panameños donados a la Asociación

     Sobre esta visita, debo mencionar que mi impresión fue muy grande porque no me imaginaba que dicho puerto, construido hace apenas 12 años y en el punto donde confluyen el Océano Atlántico con el Mar Mediterráneo, sea una plataforma logística e industrial integrada, conectada a un red de transporte multimodal (enlaces ferroviarios, autopistas y autovías) desarrollado sobre 1,000 hectáreas que incluye un puerto de pasajeros y buques de carga rodada, una zona franca logística, un puerto de contenedores, ensambladora de vehículos y transporte internacional.  No sé qué estamos haciendo mal en Panamá que no tenemos relación con ese puerto.

     Claro que quedamos muy bien como país porque al ellos mostrar el video del vertiginoso desarrollo del puerto, yo les puse el que me había dado la Autoridad del Canal de Panamá, por lo que esa fue mi carta de presentación.

Cap Espartel, donde se encuentra el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico

     Volviendo a la literatura, los asistentes hicieron muchas preguntas, sobre todo porque desconocían casi todo de nuestro país y mucho más de nuestras letras y autores.  Sin embargo, las preguntas recurrentes fueron sobre los “Panama Papers, sobre Noriega y sobre Rubén Blades.  Así es como nos proyectamos al mundo.  Hay un gran trabajo que hacer en el aspecto literario o, mejor dicho, está todo por hacerse.