EN EL DÍA DEL RECICLAJE

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 20 de mayo de 2018

El pasado jueves 17 de mayo se celebró el Día Mundial del Reciclaje, establecido por la UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) para que todos los ciudadanos del mundo nos concienticemos sobre la estrategia de las 3R: Reducir, Reutilizar y Reciclar, que busca reorientar nuestro comportamiento a fin de salvar el medio ambiente.  En Panamá se adoptó ese día para promover el reciclaje en el año 2009.

El reciclaje salva nuestros recursos naturales, reduce la contaminación y genera empleos, además de que es una excelente manera de intentar revertir el cambio climático. Es importante que tomemos conciencia y convenzamos a los que no han adoptado la costumbre de reciclar que los residuos útiles, como latas, botellas de plástico, frascos de vidrio, papel, cartón y periódico disminuyen el consumo de petróleo, agua, emisiones de CO2 y consumo energético y reducen la generación de toneladas de basura.

Todos somos responsables de los desechos que producimos, no solamente de ponerlos en la calle para que lo recoja el camión de la basura, sino también de su eliminación.  Pero muchos de estos desechos son reutilizables, y adicional, pueden ser una fuente de generación de ingresos para muchas personas que los necesitan. Es cuestión de ilustrarse y educarse en las 3R.

No todo lo que desechamos en casa o en la oficina puede ser reciclado, pero un buen hábito, y uno que es urgente es separar la basura que ponemos alegremente en las aceras.  En América Latina, el 90% de la basura se puede reutilizar.  Hay ciudades que ya han adoptado, de manera obligatoria, la buena práctica de reciclar.  Para ello, en un contenedor azul, se colocan el papel y el cartón que se va a botar (cajas, periódicos, revistas, folletos). En uno amarillo los envases (botellas, bolsas, latas –mejor aplastadas para que no sea tan voluminosas–).  En el contenedor verde claro se coloca el vidrio, que debe estar limpio o enjuagado, y preferiblemente sin tapa.  Y en el contenedor verde oscuro, se coloca la basura orgánica, la que es producto de sobras de comida, residuos de carnes, vegetales, cáscara de frutas, alimentos que no se consuman, etc.

Si bien estos colores con los usados de manera internacional y que identifican los contenedores en lugares públicos, uno puede reciclar en forma muy fácil en las casas, simplemente teniendo unos tambuchos o cestas destinados para cada material que se recicla.  Ahora existen muchos lugares donde se puede llevar el reciclaje en la ciudad capital, especialmente en tiendas comerciales y en la Ciudad del Saber funciona un centro de acopio.

En Panamá se aprobó una ley de reciclaje, identificada como Ley 6 de 2018.  Fue impulsada por el diputado suplente independiente Edison Broce, un joven “millenial”, que inició su activismo ambiental a los 19 años y ha fundado y participado de grupos ecologistas que han promocionado las campañas de reciclaje.  El proyecto estaba archivado desde 2014 y hace obligatorio que se recicle en las entidades públicas.  Panamá no cuenta con una planta de reciclaje estatal, y lo poco que se clasifica se exporta y esta ley sería un primer paso en esa orientación.  De igual manera, en la sincronía que debe existir en los estamentos del gobierno, se debería promover una materia de educación ambiental y también crear incentivos para los edificios, los locales y hasta las casas donde se recicle.  Una especie de “vecinos vigilantes ambientales”.

Mientras la basura no sea motivo de riqueza no se va a adoptar la cultura de reciclar.  Tan pronto se creen los incentivos para que los empresarios establezcan plantas de reciclaje, que traerían concatenados entrenamientos y empleos para muchos panameños, la situación cambiaría.

Me dijo el legislador Broce que la ley no se ha reglamentado ni implementado.  Y por supuesto las instituciones públicas no están ejecutando todavía las buenas prácticas de reciclaje.  Revisé un anteproyecto de ley para establecer máquinas de reciclaje en las instituciones públicas, identificada como la No. 163 del 29 de enero de 2018, para cartón, tetra pack, aluminio, vidrio o plástico, pero fue presentado en la fecha citada y no creo que la Asamblea Nacional, con los enredos que tiene adentro (y afuera) haya tenido tiempo para mirar este importante tema.

CAPITALES SIN RASCACIELOS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 14 de mayo de 2018

       La capital de los Estados Unidos, Washington, es una magnífica ciudad en cuyo centro no están presentes los rascacielos.  Su trazado fue responsabilidad del arquitecto Pierre Charles L’Enfant, de origen francés, que combatió en la guerra de independencia junto a las tropas del General George Washington. Una vez adoptó su nuevo país se cambió el nombre a Peter. El mismo general Washington le encargó el diseño de la capital, cuyos planos los empezó en 1791.

El concepto empleado por L’Enfant es similar al que tiene la ciudad de París, de cuyos monumentos salen en forma radial las avenidas principales.  Los puentes tienen sendas esculturas a cada lado y son de constitución muy fuerte, generalmente son de piedra y en su momento representaron un reto estructural para poder cubrir la luz que había entre orilla y orilla del Río Sena.

Paris, al igual que Washington, no tiene rascacielos que contaminen su belleza, sino en la periferia.  Su diseño original fue responsabilidad de Georges-Eugene Haussmann, que fue senador durante el gobierno de Napoleón III.  A pesar de haber estudiado derecho, Napoleón le encargó la ambiciosa renovación de la ciudad luz, la que empezó en 1852. Su principal motivación era crear una ciudad con calles más seguras y en su momento, como todos los genios incomprendidos, lo criticaron por construir el Paris moderno y olvidarse del antiguo.  Su gestión incluyó una mejoría en la salubridad y los servicios públicos y la adaptación de los nuevos y modernos medios de transporte, como eran el tranvía, los coches y eventualmente, los automóviles. Muchas ciudades del mundo tienen influencias “haussmannianas”, como Londres, Viena, Florencia, Bruselas y hasta Moscú.

Estos ejemplos, de las capitales más famosas y posiblemente más hermosas del mundo, demuestran que las ciudades bien trazadas, con estilo, que respetan su historia, son las más atractivas y las que demuestran que la proliferación de rascacielos no es necesariamente sinónimo de prosperidad.