EL PRECIO DE LA CORRUPCIÓN

Por Mariela Sagel, El Siglo, 6 de noviembre de 2017

En estos días en que ha aflorado el fervor patriótico, demostrado en siembra de banderas, poemas, videoclips, memes alusivos a las efemérides que estamos celebrando, se hizo viral un video en el que se ve a unos niños de un olvidado pueblo de Darién marchando descalzos, contagiados de esa misma pasión patriota.  No solamente estaban descalzos, sino que marchaban sobre ríos de lodo, que son sus carreteras o vías de acceso, con alguna pendiente que hace más difícil el ascenso, pero con igual entusiasmo.

En contraposición a eso, el 3 de noviembre todo el mundo vio que, al abanderado de ese día, el futbolista Román Torres, a quien se le acredita el gol que catapultó a la selección de Panamá para ir al Mundial de Fútbol, lo traían desde Estados Unidos en avión privado, junto con su familia, para que pudiera estar en el desfile.

No está claro de quién es el avión en que viajó, pero si no es del estado, seguramente es de alguien muy allegado a uno de sus miembros más conspicuos, que se beneficia de estar muy cerca del poder.

La corrupción, vale la pena insistir, no es algo que se ve a primera vista, sino lo que se deja de hacer en las comunidades que más necesidades tienen, cuando los medicamentos están escandalosamente caros, o cuando los centros de salud no tienen ni implementos para curar una herida.  Es el germen que crea estas desproporciones, lo que a muchos les falta, a pocos les sobra.

Román Torres tiene todo el derecho a ser abanderado como muchos otros panameños que le han dado lustre a Panamá, no solo con patadas sino con textos, canciones, experimentos científicos o méritos académicos, poemas, libros o filmes.  Y los niños que van a escuelas donde no hay donde sentarse y no tienen ni para la merienda también lo tienen, puesto que son igualmente panameños.  Así es que se entiende que en un país que lidera los índices de crecimiento, la desigualdad sea muy grande.

OTRO HOMENAJE AL GENIO DE PICASSO

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 4 de noviembre de 2017

Como si no hubiera sido suficiente con saciar mi vista ante la majestuosidad del Guernica, al cumplirse los 80 años de su creación, en una impresionante exposición en el Museo Reina Sofía, titulada “Piedad y terror” que reseñé aquí en julio pasado, la vida me llevó a ver otra muestra del maestro malagueño, esta vez en Roma, por el centenario de su visita a la ciudad eterna y a Nápoles.  Los tiempos eran diferentes, los ánimos también y la recreación de las obras de primera calidad porque se ha contado con el respaldo irrestricto del Musée Picasso de París, que ha prestado sus mejores cuadros.

La exhibición está anunciada por todos lados en la ciudad eterna y se titula “Picasso, tra cubismo e classicismo: 1915-1917”(Picasso, entre el cubismo y el clasicismo: 1915-1917) y se exhibe desde el 21 de septiembre en la Scuderie del Quirinale de Roma.  Hace cien años el gran pintor español hizo un viaje con su amigo, el escritor francés Jean Cocteau y, aunque no estuvo una larga estancia, la hizo en momentos determinantes que fueron definiendo al pintor que hoy todos admiramos y al que se le considera un genio.

Esta muestra, representada por el famoso óleo “Deux Femmes courant sur la plage” (“Dos mujeres que corren en la playa”, pintado en 1922 y que se exhibe en el Musée Picasso), tiene más de 100 obras, entre pinturas, acuarelas, diseños, fotografías, cartas y carátulas de programas de mano de obras de teatro, ya que las intenciones de Cocteau de que fuera a Roma era para que participara en la producción del ballet “Parade”, que debía estrenarse en Rusia dirigido por Serguéi Diáguilev, el fundador de los Ballet Rusos.  Uno puede ver, desde esta distancia, todo un siglo desde que el gran Pablo estuvo expuesto a toda la parafernalia de los escenarios, y a la que se unió al vigor del pintor el músico Igor Stravinski.

Entrada de la Scuderie del Quirinale

Si bien durante el tiempo que Picasso estuvo en las ciudades italianas de Roma y Nápoles no realizó una producción representativa, esas pocas semanas que permaneció en Italia fueron decisivas para su obra y su vida: conoció a su primera esposa, la primera bailarina de la compañía de danzas Olga Khokhlova, que se convirtió en su primera esposa y madre de su primer hijo, Paul.

La exhibición está montada de manera que estudia su trabajo inmediato posterior a la visita, destacando con mucha maestría su inmensa capacidad de experimentar con diversos estilos, desde los diseños que serían parte del decorado de un montaje de ballet, los collages que estos decorados inspiraron, hasta el estilizado realismo que se le ha llamado “los años Diáguilev”; de sus naturalezas muertas con tendencias cubistas a los retratos que semejan ser antiguos por la solemnidad con que fueron hechos.

UN GRAN PROYECTO CONJUNTO

En esta exposición magistral se unieron tanto el Musée Picasso como co-auspiciador de la muestra, así como el Museo de Arte Moderno de New York (MOMA), la Galería Tate de Londres, el Museo Picasso de Barcelona, el Guggenheim de New York, el Thyssen de Madrid, el Museo de Arte de Cleveland, el Bridgestone de Tokio, el Berggruen de Berlín y la fundación Beyeler de Basilea.

Una parte importante de la exposición, abarcadora de esos años de arlequines y bailarinas era la cortina que Picasso pintó para el ballet Parade en 1917.  La misma se muestra en el Salone del Palazzo Barberini, que es parte de la Galería Nacional de Arte Antiguo.

Igualmente se muestra uno de los vestidos que se usaron en el ballet, así como también hay un video que recrea la puesta en escena en la que Picasso intervino como diseñador.  Hay varios estudios de Olga y sus compañeras de baile, en posturas estilo Degas y con gran influencia de Ingres.

“Deux Femmes courant sur la plage”

El director de la muestra dijo, en declaraciones a la agencia EFE cuando se inauguró la exposición que “En Italia comienza, renovando sus raíces españolas, a mezclar un lenguaje que es el del arte clásico con un lenguaje popular“.  Ese viaje fue para Picasso un encuentro con el arte clásico, el arte de la antigua Roma, Nápoles y Pompeya.

Entre las muchas obras con las que uno puede deleitarse está el importante óleo sobre lienzo titulado “Pablo vestido de arlequín”, que pintó en 1924.  Esa figura, la del arlequín se repite en muchas de sus obras que están en los diferentes museos que generosamente prestaron sus cuadros para esta muestra.

Pablo Picasso tenía una manía insaciable de cambiar, de experimentar, de no ser prisionero de un estilo y en esta exposición se pueden apreciar algunas obras que han sido pocas veces exhibidas al público, como “Saltimbanqui sentado con brazos cruzados”.

La Scuderie del Quirinale se traduce textualmente como los establos del Quirinale, y el Quirinale es la residencia del presidente de Italia y está dentro del complejo que sobre una colina se asciende a este fastuoso palacio.  Fungió como establo entre 1722 y 1732, y posteriormente se adaptó para que funcionara como un garaje.  En los años 80 albergó el Museo del Carruaje y años más tarde fue totalmente remodelado para que sirviera como área de exhibición donde se muestran importantes exposiciones internacionales en forma temporal.

Tiene unas elegantes escaleras de mármol por donde se asciende a los dos pisos de exhibición y en el caso de ésta de Picasso, la primera recoge solamente pinturas y en la segunda hay toda clase de testimonios, cartas, bocetos, postales, programas de mano, perfectamente exhibidos en sus respectivas cajas exhibitorias, con la iluminación y temperatura adecuadas, demostrando la importancia que le daba Picasso al diseño, el proyecto en sí, y al momento creativo.  Es aquí donde se puede ver el traje diseñado para el ballet Parade, cuyo coreógrafo fue Léonide Massine, en 1917.

Vista del montaje de documentos

UN VIAJE TRASCEDENTAL

A juicio de los curadores de la muestra, este viaje de Picasso a Italia fue fundamental tanto a nivel personal como a nivel artístico, se dejó fascinar por la cultura italiana y a pesar de los momentos por los que atravesaba el mundo (post guerra mundial y triunfo de la revolución bolchevique).  Fue también decisivo en su posterior lenguaje plástico porque pudo experimentar y coquetear con el impresionismo, el clasicismo y entregarse al cubismo, que lo definiría en gran parte de su vida artística.

Vestido diseñado para el ballet Parade

Italia le ha rendido un hermoso homenaje reuniendo estas importantes obras en este majestuoso escenario. Aquí pude ver al Picasso sin estremecimientos que produce el grito desesperado del Guernica, el que pintaba payasos, bailarines, animales y disfraces.  Es una de las más importantes exposiciones que se le han dedicado al genio español, un recuerdo y un homenaje a su visita y a su participación en la vida artística del ballet y los escenarios.

Olga, su primera esposa