LA URGENCIA POR RECICLAR

Por Mariela Sagel, El Siglo, 6 de enero de 2020

     Todos los años vemos el mismo espectáculo: aceras desbordadas de basura, donde se mezclan cajas de cartón que guardaban juguetes o aparatos electrónicos, foam que protegía esos aparatos de los golpes, desperdicios de comida, latas, plásticos, botellas y otras cosas, arrimadas para que los empleados de la Autoridad de Aseo los recoja.  Es patético. Las cosas serían muy diferentes si empezáramos a tomar conciencia de que la basura, ordenada, se debe reciclar y con ello, mejoramos la conservación del ambiente.

     Es tan fácil reciclar, que debe ser una materia que se incluya en el pensum escolar, tal como teníamos educación para el hogar en mis tiempos.  A mí me enseñaron a coser, y valoro mucho esa destreza, que no solo me ha sacado de apuros, sino que me ha dado satisfacciones.  Un niño que aprende que las latas se ponen a un lado, los papeles en otro, los envases plásticos aparte y lo orgánico en la bolsa que se saca todos los días, lo adopta como un proyecto de vida y se sigue comportando con respeto hacia el medio ambiente el resto de su existencia.

     En otros países, que tienen conciencia ambiental, se recoge la basura orgánica cada tres días, y lo reciclable una vez por semana, porque no acumula olor ni atrae insectos.  El día que el gobierno o los empresarios se den cuenta de que la basura es una fuente de riqueza, que a través del reciclaje se puede hacer dinero, las cosas cambiarán, pero mientras tanto, seguimos botando alegremente, indiscriminadamente, lo que desechamos.

     Ahora se ha ido levantando una conciencia hacia el reciclaje y hay numerosos centros de acopio, en supermercados, farmacias, hasta en los mismos edificios o comunidades cerradas.  En los sitios públicos, como centros comerciales, aeropuertos y otros también hay botes de basura segregados en plástico, papel.

     Ojalá que el año 2020 sea el de la conciencia ambiental para que no veamos esas deplorables escenas de basura desperdigada, hasta en las mejores barriadas. 

EL MANTO

Por Mariela Sagel, Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 5 de enero de 2020

     La escritora chilena Marcela Serrano es una de mis favoritas y recientemente pude estar presente en el lanzamiento de su última novela –más bien unos apuntes emocionantes, tristes y a la vez luminosos— que ha reunido en un magnífico libro titulado “El Manto”, en honor a su hermana Margarita, que falleció a fines de 2017.  La autora proviene de una familia de cinco hermanas que llevaron unas vidas inseparables y al romperse esa unidad, siente que se quedaron a la intemperie.

     Lo tituló “El manto” y es una alegoría a la madre de Violeta y Nicanor Parra, Claudia Sandoval, y a la colcha que envolvió el cuerpo del vate cuando murió en enero de 2018, que había ido tejiendo de retazos a lo largo de su vida ya que era costurera.  En este emotivo y valioso testimonio presenciamos el desgranar los recuerdos más hilarantes y también más dolorosos de la autora, que se encerró a escribir su libro más personal como la única manera de sobrellevar el desconcierto, la tristeza y la rabia que sentía por la muerte de su hermana.

     No es un libro triste, sino lleno de anécdotas, recuerdos y relatos de una juventud compartida por partida quíntuple y, según ella escribe en sus primeras páginas, “no se ha inventado la palabra para la hermana que se quedó sin hermana”.  Apela a muchos autores, clásicos y contemporáneos durante su relato, reiterando que el duelo es un proceso síquico que debe ser absolutamente valorado.  Freud define el duelo como una separación solemne de la actitud normal hacia la vida, pero ella estaba lejos de llegar a ver cumplida la labor de su duelo porque quería rendirle a su hermana muerta este homenaje.

Foto cortesía de la FIL Guadalajara

     Aunque fue educada en una universidad católica, Marcela Serrano no es lo que se dice creyente, pero en la agonía de su hermana pidió que se rezara el rosario, al que define como un “mantra de sanación colectiva”.  Margarita Serrano tuvo tres cánceres, uno cada diez años, el primero en 1992, el segundo en 2003 y el tercero en 2013, que arremetió con fuerza tres años después para llevársela luego de una larga agonía en 2017.  Era periodista y la del medio de las cinco hermanas, y del signo géminis.

     Marcela Serrano hace gala de su vasto conocimiento literario y también político en este relato en honor a su hermana, citando las vidas y referencias de autores como Philip Roth, C.S. Lewis, Louise May Alcott (hace una hermosa reseña a “Mujercitas”, libro que según cuenta leyeron las cinco hermanas en la infancia) así como también a autores chilenos y de otros países, y sicólogos que han tratado el duelo, como es el caso de la colombiana Piedad Bonnet con su  libro “Lo que no tiene nombre”.

     En referencia a Chile, hace críticas muy duras, seguramente experimentadas durante la enfermedad de su hermana, como que “del mundo occidental, somos uno de los países más alejados del estado de bienestar”, explicando el sistema de salud que allí prevalece: el público y el privado, y según ella, si tuviera que describir el público, saldría a promover la revolución inmediatamente.  También cuestiona los tratamientos que se le imparten a los enfermos de cáncer, tema que es tratado en muchos otros ámbitos, ya que la lucha contra esta mortal enfermedad está financiada por los mismos laboratorios que producen los medicamentos y tratamientos para prolongar la agonía, ya que una terapia efectiva los haría quebrar.  Philippe Claudel, escritor y cineasta francés ha afirmado que el cáncer es un curtido asesino a sueldo y ella agrega que la industria farmacéutica es la tercera hermana de las industrias del horror, junto a los armamentos y la droga.

MARCELA SERRANO

     Es una de las más famosas escritoras chilenas, aunque aduce que su entrada al mundo literario fue tardía, a los 40 años. Tiene a su haber 12 novelas y dos libros de cuentos, el último recoge 20 cuentos publicado con el nombre “Dulce enemiga mía”.  Su primera novela, “Nosotras que nos queremos tanto”, publicado en 1991 fue un fenómeno editorial y de allí ha venido cosechando éxito tras éxito, uno de sus libros fue llevado al cine, “Antigua vida mía” por el productor argentino Héctor Olivera y la primera de sus novelas adaptada al teatro y estrenada en su país natal.

     Tuvo una juventud bastante agitada y expuesta a muchas corrientes, ya que vivió en París con dos de sus hermanas (para supuestamente aprender francés) y en el libro cuenta algunas de las travesuras que las unían.  Sus padres, el ensayista Horacio Serrano y su madre, Elisa Pérez Walker, novelista, que tuvo un seudónimo literario como Elisa Serrana, tenían los recursos para proveer a sus cinco hijas con confort y educación privada de excelencia.  Dueños de haciendas, al morir su madre heredaron un pedazo de tierra donde cada una de sus hermanas se construyó una casa y así convivían con sus retoños, compartían cabalgatas y muchas risas.

     Serrano, abiertamente de izquierda, estuvo en Paris cuando aún estaban vivos los gérmenes del Mayo del ‘68, y antes de eso en una academia católica chilena.  Al producirse el golpe contra Salvador Allende, se exiló con su primer marido en Roma, Italia, y regresó a su país cuatro años después.  Ingresó en la Universidad Católica para estudiar Bellas Artes, donde obtuvo una licenciatura en grabado.  Le gusta mucho el dibujo, el collage y en el libro se muestran algunas imágenes que dedicó a su hermana Margarita, la “M” como la llama.  Su carrera artística le ha dado satisfacciones porque ha podido exponer, pero definitivamente que la literaria la ha lanzado al estrellato.

     Siempre ha estado comprometida con la realidad política de su país a la vez que es una feroz defensora de las reivindicaciones de la mujer y sostiene, fehacientemente, que definirse “feminista es definirse como ser humano”.  Se ha casado tres veces, y su actual marido ha sido embajador de Chile en México y Belice, y en Argentina.  Tuvo una hija en su segundo matrimonio y una en el tercero, con quien ha compartido la autoría de uno de sus libros de cuentos, “El cristal del miedo”.

     Siente que Chile es un país misógino, así como a ella no la han tratado muy bien, lo mismo han hecho con Isabel Allende, “hay críticos que odian todo lo que tenga que ver con las mujeres, que la mujer tenga éxito”.  Sin embargo, ha ganado varios premios, el Sor Juana Inés de la Cruz en 1994, por “Nosotras que nos queremos tanto”, galardón que reconoce la excelencia del trabajo literario de mujeres en idioma español de América Latina y el Caribe.  El Premio Municipal de Literatura de Santiago 1994 por “Para que no me olvides” y fue finalista del Premio Planeta en 2001 con su novela “Lo que está en mi corazón”.

     “El manto”, su último libro, es real y desgarrador, pero es un canto a la vida, al amor entre hermanos, a la complicidad de las mujeres, más cuando son hermanas y como dice la contraportada, el dolor de perder a una de ellas “nos han arrojado una bomba atómica sobre nuestras cabezas.  Fuimos siempre cinco hermanas.  Se ha roto, irreversible, nuestra fanática identidad”.