LA IMPORTANCIA DE VIAJAR

Por Mariela Sagel, El Siglo, 12 de febrero de 2018

Para los que tenemos la dicha de viajar no deja de sorprendernos cómo se manejan las ciudades y sus habitantes, especialmente cuando se trata de los conductores de taxis, el trazado de las calles y algunos monumentos que nos llaman la atención.

Por ejemplo, ahora que estoy en Málaga, ciudad al sur de España que es una de las más apetecidas por los turistas, por su belleza natural y porque está frente al Mar Mediterráneo.  Málaga es parte de lo que se conoce como la Costa del Sol y su industria turística es de las que genera mayor riqueza.  Los taxistas son educados y muy versados en la historia de la ciudad y es aquí donde nos damos cuenta que estos conductores tienen un oficio para el que se capacitan, no es una alternativa para el que tiene trabajo.  Las alcaldías de los diferentes municipios nuestros deberían ponerle exámenes a los taxistas para que den una buena imagen.

Las aceras son angostas porque incentivan el uso de bicicletas y las caminatas, que además de ponernos en condiciones son poco invasivos con el medio ambiente.  No ven ninguna necesidad para hacerlas más anchas, como las que estamos soportando en Panamá.  También hay mucha naturaleza, muchos árboles y jardines.  Integran el verdor tanto a las construcciones modernas como a las del Centro Histórico.  Las playas son públicas, en perfecto estado y mantenimiento y en época de verano son un hervidero de gente que va a tomar el sol y darse un chapuzón en el Mare Nostrum.

Y la coincidencia más interesante es encontrar una venerable plaza dedicada al General Torrijos, pero no el nuestro, sino uno llamado José Maria de Torrijos e Iriarte, fusilado en 1831, combatiente en la guerra de independencia española contra la dominación napoleónica y a quien de manera póstuma la corona le concedió el título de conde.

APOSTANDO A LA PAZ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 11 de febrero de 2018

El pasado miércoles 7 de febrero se celebró un acto conmemorativo de los 35 años de haberse constituido el Grupo Contadora, singular y ejemplificante iniciativa que se dio en medio de los conflictos armados que afectaban la región centroamericana a inicios de los años ’80.  México y Colombia lo idearon en 1983 y fueron invitados a integrar esa instancia Panamá y Venezuela.  Panamá, a pesar de que geográficamente es parte de Centroamérica, históricamente de Suramérica y culturalmente del Caribe, y de ser un país relativamente minúsculo al lado de sus vecinos, se colocó en la mira del mundo entero al lograr, cinco años antes, en 1977, la firma de los Tratados Torrijos Carter, que devolvieron al país el usufructo de su posición geográfica y el manejo del Canal de Panamá.

Con toda la “glamourización” que traíamos después de haber logrado semejante hazaña era lógico que nos sumaran a estar entre tres grandes países, que estaban preocupados por la violencia que se vivía en el istmo centroamericano, que se reflejaban en conflictos armados, especialmente en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, afectaban a Honduras y amenazaban a toda la región.  Costa Rica siempre ha disfrutado de un clima de paz y, de hecho, abolió el ejército en 1948.

Sus orígenes, los del Grupo Contadora, provienen de un llamado del Primer Ministro sueco Olof Palme, vilmente asesinado en 1986 y de los premios Nobel Gabriel García Márquez (literatura), Alfonso García Robles y Alva Myrdal (ambos Nobel de la Paz).

En ocasión de esta conmemoración, la embajada de México organizó una conferencia donde estuvieron los cancilleres de México y Panamá en ese momento, Bernardo Sepúlveda Amor y Oydén Ortega Durán, que recrearon su gestación y sus logros, hasta que otros países, como Uruguay, Perú, Argentina y Brasil se sumaron a esta idea pacifista y se convirtieron en el Grupo de los Ocho.

Dicho acto se celebró en el Museo del Canal Interoceánico, ante la presencia de ex cancilleres y vice cancilleres, además de ex presidentes, mismos que jugaron papeles fundamentales en la labor de mediación que se impuso este conglomerado.  El ex canciller mexicano Bernardo Sepúlveda, con una claridad meridiana, explicó que fue durante la toma de posesión del ex presidente Miguel de la Madrid, a fines de 1982, a la que asistió una representación de muy alto nivel de parte del gobierno de Colombia, –que en ese entonces presidía Belisario Betancur –, se trataron los temas que afectaban a la región y que ponían en posición de volatibilidad a algunos países.  Le tocó a él, Sepúlveda, como canciller, iniciar las gestiones para buscar un entendimiento pacífico.  Era en ese entonces canciller de Colombia el recordado Rodrigo Lloreda Caicedo, que después fue ministro de Defensa, iniciar las gestiones para que esta idea pacificadora se hiciera realidad.

Su nombre se adoptó porque la primera reunión, la constitutiva, se llevó a cabo el 7 de enero de 1983 en la isla de Contadora, en el Archipiélago de las Perlas de Panamá.  Por su misma esencia, estaba alejada de los intereses en la región de los Estados Unidos, los que no vieron con buenos ojos esta iniciativa ya que su estilo y línea de acción era contraria a la que pretendía llevar a cabo el grupo.  Era la época de la Guerra Fría y todo lo que involucraba adversar a la Unión Soviética y también unos años sensitivos en Nicaragua, que gozaba de la llegada de los sandinistas al poder.  El Grupo Contadora fue apoyado por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, así como de organismos internacionales y regionales.

Uno de sus primeros logros se vio reflejado en septiembre del mismo año de su constitución, cuando los cancilleres centroamericanos adoptaron un Documento de Objetivos, en nuestra capital, para promover la democratización y ponerles fin a los conflictos armados, siempre dentro del derecho internacional.  Esto traería una revitalización del desarrollo económico de la región y la negociación de mejores accesos a los mercados internacionales.

Fueron muchos los logros y los compromisos adquiridos y todos estaban inspirados en la paz, la democratización, la seguridad regional y la cooperación económica.  En 1985, el gobierno peruano presidido en ese momento por Alan García anunció que junto a Uruguay, Argentina y Brasil formaban un Grupo de Apoyo a Contadora, también conocido como Grupo de Lima.  Al final, se constituyeron en el Grupo de los Ocho.

El Acta de Contadora tuvo el respaldo de los países democráticos de América Latina, pero no de Estados Unidos, que no quería reconocer al gobierno de Nicaragua y a prescindir de su “derecho” a intervenir en forma militar en la región.  Se logró, a pesar de las degeneraciones que posteriormente fueron afectando a varios países, especialmente a Panamá, el Acuerdo de Esquipulas, que permitió la reformulación de la política centroamericana.  Por su propia misión constitutiva estuvo al tanto del conflicto de las islas Malvinas, mediando para que Argentina e Inglaterra llegaran a un acuerdo, así como revisando los temas económicos y similares.

Este acto conmemorativo debió haberse llevado a cabo en la Cancillería panameña, pero por mezquindades políticas no se les permitió a los organizadores hacerlo.