La biografía tolerada

GARCÍA MÁRQUEZ: UNA VIDA

Facetas, La Estrella de Panamá, 7 de Febrero de 2010

MARIELA SAGEL 

Un inglés especialista en Latinoamérica, un escritor irreverente y famoso, y una vida fascinante dan como resultado un libro fuera de serie, de esos que no se publican todos los días y que rompen records de venta. Así es Una Vida, la biografía “tolerada” (que no es lo mismo que autorizada) del autor colombiano Gabriel García Márquez, el ganador del premio Nobel de Literatura del año 1983 por su obra “Cien Años de Soledad”. El libro en español irrumpió en las librerías en octubre del año pasado y no hay periódico o revista, de autores valiosos o de los que se precian de serlo –sean connotados o no–, que no comenten esta obra.

El esfuerzo, que le tomó a Gerald Martin casi 20 años y que su autor celebra, por haberla terminado y publicado antes que uno de los dos se muriera, abarca tres partes que comprenden el país natal, Colombia (1899-1955), con su carga de guerras y ancestros; una segunda parte, cuando ya García Márquez emprende, al principio a trompicones, sus afanes por el mundo (1955-1967) y una tercera parte, titulada Hombre de Mundo: Fama y Política (1967-2005) que culmina con el homenaje tan sentido que le ofrecen al escritor en ocasión de llegar a los ochenta años, en Cartagena de Indias, donde estuvieron presentes desde sus amigos entrañables –Carlos Fuentes, Alvaro Mutis, Tomás Eloy Martínez (que acaba de morir luego de una lucha tenaz contra el cáncer) — varios ex presidentes colombianos (cinco para ser precisos), incluyendo con quienes no mantuvo relaciones cordiales, el Presidente de la Real Academia de la Lengua, los Reyes de España y Bill Clinton, entre otros. En su estructura, casi perfecta, que comprende 626 páginas, se encuentra uno verdaderas perlas literarias y una acuciosidad que pocas veces aflora en las biografías de personalidades tan arrolladoras como las de Gabito.

El resto del libro, de las mentadas 762 páginas corresponden a los árboles genealógicos de las familias García, Martínez, Máquez, Barcha e Iguarán además de un compendio de un promedio de 40 notas por capítulo de las tres partes, una extensa bibliografía y un índice alfabético prolífico. Empieza con casi siete páginas de agradecimientos a personas con las que habló el autor durante su larguísima jornada y estoy segura dejó a alguien por fuera.

Si no hubiera leído muchas referencias que ha hecho la editorial, el autor y los responsables de las presentaciones del libro en otros países, además de los muchos artículos que han sido publicados en diversas revistas, y las otras tantas biografías que hasta ahora se han publicado sobre el Gabo –las de Juan Gustavo Cobo Borda, Plinio Apuleyo Mendoza, Dasso Saldívar, Oscar Collazos, su propio hermano, Eligio García Márquez, Pedro Solera, entre muchas otras, además de la producida por él mismo, Vivir para Contarla— pensaría que ya todo se habría escrito sobre el Nobel. Pero la rigurosidad con que está hecha esta obra, el hilvanar no solamente acontecimientos imponderables de la vida diaria con acontecimientos nacionales e internacionales, hacen que uno no quiera desprenderse de su lectura. El famoso humor inglés, aquel cuya base es la ironía que abunda en el uso muy adecuado del lenguaje y de las normas sociales, pero que sin embargo puede ser muy punzante y un dechado de inteligencia, al que hay que darle más de una vuelta, aflora en cada página del libro, y tal pareciera que fuera el mismo García Márquez el que está escribiendo de la mano de Gerald Martin.

Queda muy claro que el hecho de su temprana infancia al lado de sus abuelos fue determinante para Gabriel José, toda vez que siempre sintió como ausente a su madre Luisa Santiaga y su figura filial más importante fue su abuelo, Nicolás Márquez, en quien se inspira para varias de sus obras (El Coronel no tiene quien le escriba y hasta Cien Años de Soledad). Su determinación para cultivar la escritura, su rechazo al estiramiento de los cachacos y su pésima relación con el “establishment” mediático de la capital colombiana determinan la forma como siempre ha desempeñado su atractiva celebridad, su magnetismo y fascinación por y hacia el poder.

El autor es muy estricto en relatar todas las instancias que hacen a una persona, basada en los sentimientos de amistad, amor, deseo, furia, frustración y recoge de manera muy clara los tiempos difíciles por los que pasó tanto la familia García Márquez –tanto por los devaneos amorosos como por los económicos del padre— como la pareja García Barcha, que tuvo que empeñar hasta el horno y la plancha para poder enviar el manuscrito de su obra más celebrada, Cien Años de Soledad, a Editorial Sudamericana, a ver si tenía suerte. Su posterior bonanza económica que lo lleva a donar la totalidad de un premio literario a una causa política, sus muchas propiedades y bienes materiales, como resultado de su fama y la forma en que, a pesar de todo lo acumulado, sigue preocupado y pendiente no solo de sus amigos sino de las causas que ha abrazado a través de los años, como son la formación de cineastas y más recientemente de periodistas, a través de sendas fundaciones. Los retos ante los que se enfrenta cuando se le mete una idea en la cabeza, los años que le tomó producir sus títulos más importantes y su siempre ponderada debilidad por el cine, al que se quiso dedicar antes de descubrir que la escritura le ofrecía más recursos.

Gabriel García Márquez es una forzosa referencia para la literatura hispanoamericana, nos guste o no. Su vida ha estado marcada por incidencias pocas veces reunidas en una sola persona y oportunidades nunca vistas. Ha coqueteado con todas las tendencias y comprometido con causas para algunos criticables. Ha potencializado su forma de pensar a través de sus obras y se le endilgan muchos plagiadores y otros tantos detractores. Ha sabido hacer uso de su fama y renombre –para mí fue sorprendente saber que había trabajado en agencias de publicidad— contrario a otros, como el recientemente fallecido J.D. Salinger, que vivió como un ermitaño toda su vida, o como Milán Kundera, que detesta conceder entrevistas, ser fotografiado o asistir a eventos literarios, y causa un verdadero revuelo donde decide hacer acto de presencia, siempre y cuando no sea un funeral, porque ni al de su madre asistió. De la misma forma Gabo ha sido amigo de sus amigos y defensor de sus causas a ultranza. Como en todo, el libro es mencionado hasta por los que ni siquiera lo han leído y se hacen que lo hicieron, pero lo que sí es que no pasará como una biografía más sino como el merecido compendio de Una vida, fascinante, la de Gabriel García Márquez.

Parece que fuera García Márquez el que escribiera de la mano de Martin.

Foto del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez
Foto del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez
El autor de la biografía, el escritor inglés Gerald Martin
El autor de la biografía, el escritor inglés Gerald Martin
Portada del libro Una Vida
Portada del libro Una Vida

Placer por el conocimiento

MARIELA SAGEL*

7 de Febrero de 2010

Después de cinco versiones de Ferias del libro, en las cuales fueron invitados de honor Centro América, Colombia, Chile, España y Perú, este año, iniciando la celebración en forma anual y no cada dos años, le toca a Uruguay. Recientemente circuló ampliamente un discurso del presidente electo de ese país, Pepe Mujica, cuando estaba en campaña, ante un auditorio de intelectuales. Muchos de los que recibimos el texto nos deleitamos por la sapiencia que demostró este ex guerrillero, que recibirá su banda presidencial en marzo, de la mano de su esposa, Lucía Topolansky, también combatiente contra la dictadura y senadora. Uno de los destinatarios hizo un comentario suspicaz: “ ojalá que este maravilloso texto se lea ante todos diputados de nuestra Asamblea ”.

Los panameños nos sentimos privilegiados que, en medio de tanta ordinariez que se ve a diario y tanto consumismo, un país como Uruguay acepte ser el invitado al evento cultural más importante que se celebra en la capital y que gracias al esfuerzo de la Cámara Panameña del Libro, ahora la gozaremos en forma anual, y la cita será en el mes de agosto próximo.

Uruguay es un país que ha dado grandes intelectuales, entre escritores y poetas (Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Angel Rama, además de Juana de Ibarbourou —llamada también Juana de América— y Horacio Quiroga, el Edgar Alan Poe sudamericano), y pintores (Joaquín Torres García, gran precursor del constructivismo) y ha sido un remanso de paz e intelecto entre la fogosidad de los brasileños y los apasionados argentinos. No tiene el crecimiento económico del que goza Chile, pero tiene un estilo que lo distingue del resto de sus vecinos. Durante la dictadura militar, al restringirse la libertad de expresión de pensamientos, sus nacionales se refugiaron en la lectura y el cine, y crearon toda una cultura de pensamiento que los ha llevado a ser, hoy día, el país con más alto nivel de alfabetización en América Latina y, junto a Chile, con menos percepción de corrupción. Uruguay goza también de un Índice de desarrollo Humano muy alto, el tercero después de Argentina y Chile y de ser el país con la repartición de la riqueza más equitativa, amplia libertad de prensa y de ser una democracia completa.

Entre las ideas que el futuro presidente intercambió en su reunión con intelectuales sobresale que “ solo los ignorantes creen que la verdad es definitiva y maciza, cuando apenas es provisoria y gelatinosa. Hay que buscarla, porque anda corriendo de escondite en escondite ”. También sedujo con “ una vez que la inteligencia adquiere cierto grado de concentración en una sociedad, se hace contagiosa ”. Como no sea la locura que está contagiando a nuestro país, ojalá se nos pegue algo de ellos. Señala que “ la inteligencia que rinde a un país es la inteligencia distribuida, y que sirve por igual para cocinar que para atender a un turista ”. Contrario al refrán que dice “ no le des pescado a un hombre sino enséñale a pescar ”, Mujica sugiere que “ no les un dato a un niño, enséñale a pensar ”. Y lo que más me gustó es que defiende que “ la visión ideal de un país no es aquella poblada de centros comerciales, sino donde la gente elige arreglar las cosas en lugar de tirarlas, elige un auto pequeño en lugar de uno grande, elige abrigarse en vez de subir la calefacción. Hay que contagiar el placer por el conocimiento ”.

Y ese conocimiento lo tendremos servido, en bandeja de plata, en la próxima feria del libro. Con un país que declara, de la boca de su primer mandatario, que “ se necesita una epidemia de inconformismo, que también es cultural, y que éste irradia desde el centro intelectual de la sociedad a su periferia ”, tenemos esperanzas que, con la presencia de esa luz clarificadora y la visita de Eduardo Galeano, el autor de “ Las venas abiertas de América Latina ”, Panamá vuelva a vivir, ahora en forma anual, la fiesta cultural que representa este evento ferial. Con el apoyo de las instituciones de gobierno y el respaldo de empresarios responsables y con visión de crecimiento y compromiso, se podrá lograr. Esperemos con esperanza y fe esta VI feria.