Por sus hechos los conoceréis

El título es una frase plasmada en el Evangelio, que se traduce como que la estela de un individuo se construye a través de los actos y acciones que marcan su trayectoria y construyen su reputación, sea esta buena o mala. También se dice, en el argot popular, que aunque la mona se vista de seda, mona se queda, o que la mujer del César no solo tiene que serlo sino parecerlo. Estas alegorías toman aún más relevancia en los campos del accionar público, sea este político, religioso, social o de cualquier índole, donde el gran juzgador es el prójimo, porque una cosa es predicar y otra muy diferente practicar.

Hubo recientemente una campaña publicitaria donde se denunciaba el maltrato familiar tras una fachada de familia unida y apegada a “la moral y buenas costumbres” que tanto se pregona en la sociedad. Muchas veces los padres tienen una imagen de personas dedicadas delante de los demás, pero dentro del hogar son unos verdaderos tiranos. Otros, especialmente los hombres, sufren de misoginia, denigran a la esposa o las hijas y son auténticos dictadores en sus relaciones, tanto laborales como sociales. Irrespetan al género femenino, pero también muestran una fuerte inclinación a la infidelidad. Solamente acepten a la mujer como objeto de placer y no le dan su verdadero valor.

Otros actos que también deberían avergonzar a los que los practican son aquellos relacionados a la fe religiosa: se dice muy comúnmente que “a Dios rogando y con el mazo dando”, cuando una persona se la pasa metida en la Iglesia (sea cual sea su religión), participa de cuanta actividad esta organice, es muy rezadora, pero en casa o en su trabajo es insensible, grosera, peleona y hasta violenta. Cuántas personas vemos comulgando en la Iglesia Católica y tener amantes, tratar a su familia con desprecio y, en algunos casos, golpearlos. Puedo señalar a más de uno de los que van a las celebraciones religiosas arrepintiéndose de todo y apenas salen de las mismas destrozan desde la vestimenta hasta la reputación de las personas con las que se unieron en oración. La única vez que ingresé a un grupo de oración fue tan negativa la experiencia por la falsedad que encontré en algunos de los integrantes, la competencia para ser más “fashion” y la bochincheadera que se formaba, que me resultó insoportable continuar allí. Ni hablar de la doble moral que tienen incluso algunos guías espirituales,
sean sacerdotes o pastores o de otra índole.

Nadie debería crearse una imagen de defensor de los derechos humanos si ha abusado de ellos a través de sus acciones con sus afectos, por ejemplo, un marido maltratador e irresponsable con sus hijos, que escatima sus recursos al momento de darle a sus hijos. Tampoco se pueden dar golpes de pecho aquellos políticos que arengan a favor de los estratos populares, si pagan salarios de hambre en sus empresas, han hecho picardías para evadir el Fisco, solamente dan contratos por mes de 35 días y no quieren reconocer las licencias de maternidad, violando las leyes laborales. Hay que predicar con
el ejemplo. Si uno de estos políticos aficionados llegase al poder, seguirá haciendo con el país lo que hace con sus empresas.

Un esposo que no respeta a su mujer, no cuida de su madre, no es buen hijo, y encima, si ocurre un divorcio, es desapegado de la familia que creó y no los atiende, está destinado a repetir ese patrón una y otra vez con todas las mujeres que se le crucen en su vida, no importa lo enamorado que esté o
las promesas que haga. Un hombre que es adicto a los prostíbulos, que reconoce que esa inclinación ha sido la causa de sus fracasos matrimoniales, pero que “va a cambiar” no merece la pena ni de ser escuchado. Es un enfermo y como tal hay que tratarlo, no solamente mediante la palabra de Dios, sino
por un siquiatra o hasta medicamentos fuertes. Eso da cuenta de una conducta bipolar o peor aún, de un serio problema emocional.

Hace un par de años presenciamos estupefactos la muerte de una chica de dudosa reputación en medio de una especie de rutina que tienen los niños ricos para sacudirse del aparente aburrimiento que sufren sus matrimonios. Recientemente, vimos cómo el gobernador de Nueva York, que había sido casi
un Zar Anticorrupción, tuvo que renunciar a su puesto porque se le comprobó que era un adicto a las prostitutas y pagaba cuantiosas sumas de dinero por ese negocio. Con toda la invasión de las famosas el asunto en vez de mejorar, por cuenta de todas las campañas moralistas que han emprendido los pseudo moralistas, parece empeorar.

El destape de un escándalo de poligamia en el sur de Estados Unidos ha desatado toda una ola de condenas y estupor entre mucha gente. Al respecto me referiré en una futura entrega. Mientras tanto, revisemos nuestros hechos y acciones, lo que predicamos y lo que practicamos, a todos los niveles, especialmente para adoptar la transparencia en todas nuestras ejecutorias para que no se nos juzgue por mentirosos ni por estar rogando y con el mazo dando. La mentira tiene patas cortas, es algo que deberíamos siempre recordar.

Derroche y símbolos de estatus

A pesar de las quejas que se presentan a menudo sobre el alza de los productos de la canasta básica, el alto costo de los servicios de electricidad y teléfono, el aumento bimensual de la gasolina y los precios de todos los productos de consumo, los panameños seguimos felices consumiendo a manos llenas y persiguiendo los símbolos de estatus que se han convertido en íconos de una persona de éxito.

Las noticias señalan que los panameños derrochamos energía y que la capacidad instalada para suplir la misma está casi al tope, versus la demanda, que va en incremento. Pero no tomamos las medidas para bajar el consumo de electricidad: no apagamos ningún foco en la casa, no dejamos de usar el aire acondicionado si la noche está fresca y construimos para que cuando entremos a una oficina nos tengamos que abrigar, encerrando los espacios en gruesos vidrios que emiten más calor hacia las calles y demandan más capacidad de enfriamiento.

Otro dato del crecimiento que es motivo de orgullo para un sector de la población es el de la venta de autos. Se dice y repite que, en lo que va del año se han vendido casi 7% más de autos, sin embargo, los cachivaches no salen de circulación. La ciudad está inundada de vehículos que son despampanantes y los 4×4 abundan, aunque nunca se les fuerce a subir una loma. Se dice que es por los aguaceros, pero la verdad, estos carros de doble tracción se han convertido en símbolos de estatus. Hay familias en las que los autos cuentan igual que las bocas, y a la hora de trasladarse a algún lugar -peor aún, al interior- va cada uno en el suyo, gastando todo un tanque de gasolina en esos desplazamientos, además de sumar al parque vehicular.

Igual pasa con los celulares. Se prohíbe conducir hablando por ellos, pero a cuántas personas vemos a diario pegadas al suyo y manejando, al igual que nosotros mismos usamos el tiempo para contestar llamadas mientras estamos en el tranque. La verdad es que ahora no solamente hablamos más, sino que nos comunicamos menos. Todo el mundo se la pasa hablando aún cuando vayan cruzando una calle o caminando por una acera. Se estima que la telefonía celular tiene una penetración de arriba del 80% y de esa población, un 94% es prepago, o sea, que pagan hasta $0.40 por minuto. Y vemos a las personas de menos recursos ostentando dos y hasta tres aparatos celulares. Y nadie los obliga a usar ese medio de comunicación, así que no se quejen de que el INTEL se privatizó, porque de no haberlo hecho, no tendríamos celulares. Tener dos o más celulares también representa símbolo de estatus.

Otro derroche inconcebible es el del agua. El recurso más preciado que tenemos en Panamá, que nos hace vivir y por el cual nos hemos convertido en el punto de encuentro y tránsito más importante del mundo, lo abusamos, no arreglamos las llaves que gotean, los hidrantes dañados, las tuberías rotas y encima, los culecos y el desperdicio por doquier. ¿Cuántos países no quisieran tomar agua del grifo, como lo hacemos nosotros los panameños?, sin embargo, no pueden, les es escasa y además, mala. Ahora, para lucir fashion, hemos encontrado que tomar agua en botella es otro símbolo de estatus. Menos mal que se han patentado marcas como Panama Blue, Agua Cristalina o Purísima, porque eso de andar con una botella de Evian, Perrier, Dasani o cualquier otra agua de los Alpes cae mal, cuando podemos tomar agua del Chagres y además lucir fashion.

Hace unos veinte años el símbolo de estatus de los ejecutivos eran los Rolex, los BMW y Mercedes y los bolígrafos Mont Blanc. Los Rolex han sido desplazados por relojes más costosos, como el Hublot o los Breiling, Cartier o Patek Phillip y hasta los de cerámica de Chanel son más fashion. Los BMW y Mercedes ya casi los tiene todo el mundo, cualquiera con ganas de parecer importante, aunque use medias con sandalias, empeña lo que no tiene para manejar uno; ahora la moda son los Cayene, Lexus, Maserati y Lamborgini. Y las Mont Blanc, bueno, creo que siguen siendo fashion, pero la marca ha desarrollado nuevas versiones que son las que se constituyen símbolos de estatus.

Pero esto solamente pasa en la población que goza y disfruta del auge económico que experimenta Panamá. Los demás, que son una gran mayoría, que no llega a fin de mes, se hunde más en la aspiración que tiene de llegar a tener lo que otros pocos tienen u optan por posiciones radicales y de allí se generan los conflictos sociales.

Ojalá que llegue el día en que los símbolos de estatus sean leer libros, visitar museos, sostener conversaciones interesantes y no sentirse que uno es un ser extraño, porque le guste escuchar a Joaquín Sabina. Para eso debemos trabajar todos en conjunto y promover un cambio de actitud, primeramente, hacia lo que es y no es un símbolo de estatus, y lograr que las ganancias del boom panameño lleguen hasta los más pobres y olvidados de esta patria.