Trilogía sueca en el cine

MILLENNIUM DE STIEG LARSSON

La adaptación al cine de los tres éxitos del sueco Larsson, ha sido tan exitosa, que Hollywood ha comprado los derechos para hacer un remake

MARIELA SAGEL

23 de mayo en Facetas de La Estrella de Panamá
Por esas extrañas y felices razones que nos ofrecen las amistades, me prestaron las tres películas que se filmaron después de la publicación de los libros de Stieg Larsson, y que fueron los libros más vendidos el año pasado en todo el mundo y cuya trama ha seducido a millones de lectores y sentado parámetros en estilos, como el que marcó Lisbeth Salander, la protagonista femenina principal.

La adaptación del primer libro, “Los hombres que no amaban a las mujeres” fue estrenada en Suecia y Dinamarca a inicios del año 2009, cuando nosotros apenas despertábamos con la curiosidad de leer esa novela. Filmada en Suecia por la productora Yellowbird, esta primera película tuvo como director al danés Niels Arden Oplev, y los papeles estelares correspondieron a los actores suecos Michael Nyqvist y Noomi Rapace, como la pareja protagonista (el periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander). Es de una factura impecable, rodada en las afueras de Estocolmo, más concretamente en algo que semejara la isla de Hedeby donde un atormentado Henry Vanger ha estado buscando por más 36 años quién mató a su sobrina Harriet.

A pesar que la trama del libro teje toda clase de historias entre unos y otros personajes, tanto del lado del periodista Blomkvist como de la familia Vanger, la adaptación se libera de tanta parafe rnalia y se concreta en resaltar aquellos hechos que dejan una marca indeleble en quienes hayamos leído el libro: la violación de Lisbeth por su tutor, el abominable y depravado Nils Bjurman, el tatuaje que posteriormente ella le hizo en venganza, la artificiosa relación que sostenía la familia Vanger en esa isla y esa comunidad, donde unos se odiaban a los otros, remembranzas de la niñez de algunos de ellos y el salvaje rescate que hace Lisbeth de Mikael a un enceguecido Martin Vanger, cuando se ve descubierto en medio de su cámara de torturas.

Mucho del cotilleo de la relación extra conyugal que mantenía Mikael con su editora en la revista, Erika Berger, es totalmente pasado por alto y otros detalles que le restarían fuerza a la trama y que son difíciles de incluir en un rodaje de apenas un poco más de dos horas de duración. Todas las prolijas descripciones de la tecnología de la que hace mano Lisbeth y las marcas suecas que abundan en los autos y otros enseres son hábilmente puestos en la pantalla, por lo que el resultado es una magnífica película tanto para los que leímos el libro como para los que no lo harán.

La segunda película, adaptación del libro, que con un nombre tan largo como enredado (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina) va introduciendo la parte de los recuerdos de la infancia que nos dan pie a entender los traumas que tenía Lisbeth y las razones que la llevaron a ir tras su padre. Esa técnica de repetir una y otra vez la escena cuando le tira gasolina a su progenitor y le prende fuego recurre una y otra vez para justificar sus acciones al haber estado atada en una cama de un sanatorio de hospital y sufrido toda clase de vejámenes. Esta película, tan dramática como la primera, fue dirigida por el sueco Daniel Alfredson y sigue con el dúo estelar Michael Nyqvist y Noomi Rapace y da paso a colocar a Lisbeth como la protagonista principal, de esta segunda parte y de la que le sigue.

Por la razón de individualizar al personaje, Lisbeth se ve aún más sola y las personas que más se relacionan con ella son su padre, el desfigurado Zala (el actor búlgaro Georgi Staykov) y su amante Mimmi (Yasmine Garbi). Aparece el gigante rubio que parece de mentira porque es insensible a los golpes y hasta a los balazos y las tomas se tornan más cerradas porque muchos de los acontecimientos suceden en el interior de los recintos y en horas de la noche.

Son muy crudas las escenas de esa segunda historia, especialmente la persecución de la que es producto Lisbeth por parte de su padre y su hermano, cómo la entierran viva y luego cómo ella sale y le causa heridas terribles a Zala. Igual de fuertes son las que muestran la muerte de Dag Svensson y su mujer, Mia Bergman, cuando estaban listos para sacar un reportaje sobre una complicada red de tráfico y crímenes de prostitutas. Pero el recurso del cine también permite que muchos detalles que abundan en las descripciones interminables del libro se pasen por alto o se muestren sin mayor aspaviento. Seduce la transformación de Lisbeth y creo que su selección fue una de las más acertadas (igual pienso del atractivo pero un poco feo Mikael) porque impone todo un “allure” que estoy segura será su legado cuando pase la fiebre Larsson.

Esta serie ha sido muy bien aceptada por el público escandinavo y tal parece que también por el español, que tuvo el privilegio de verla (la segunda, por lo menos) en octubre del año pasado.

La tercera adaptación, a la historia que relata “La Reina en el palacio de las corrientes de aire”, lleva la tensión a los límites porque hay que darle mucha cabeza a toda la trama y olvidarnos que Erika siquiera aceptó irse de la dirección de la revista para encargarse de un poderoso medio impreso de comunicación. Eso sobra. Todo se enfoca en cómo saldrá Lisbeth librada de la acusación de triple asesinato, cómo se mantiene desde su cuarto de hospital conectada con los hechos que guían tanto a su abogada como al propio Mikael a escarbar en el pasado que la persigue y atar todos los cabos.

La misma inclusión de Mónica Figuerola, como la atlética policía que conquista finalmente el corazón de Mikael es tratada de manera tangencial para no restarle el protagonismo que merece este cierre de oro –porque el autor de la trilogía murió antes de ver publicado su primer libro— a una historia que ha sido aclamada a nivel mundial, cuyos libros se han vendido por millones y traducido a más de 15 idiomas.

Tal parece que Hollywood ha comprado los derechos para hacer un remake de las películas y se ha dicho que hasta George Clooney está muy interesado en hacer el papel de Blomkvist, así como también fueron considerados Brad Pitt y Quentin Tarantino. Para personificar a Lisbeth se habla de la nominada al Oscar por la película “Juno”, Ellen Page pero lo que sí parece seguro es que el guionista va a ser Steve Zaillian, ganador del Oscar por “La lista de Schindler”. Espero que este remake no sea un pastiche pero nos queda siempre el recurso de ver las películas originales que, aunque en sueco, tiene subtítulos en español o inglés.

Una marcha por la paz

MARIELA SAGEL*
La Estrela de Panamá
23 de Mayo de 2010

Quizás cuando muchos lean este artículo ya haya pasado la gran marcha por la paz que se ha convocado para el día de hoy. Supongo que la idea de hacer algo masivo surgió después de la celebración de eventos similares que se han llevado a cabo en otros países, como fueron los dos conciertos que ha organizado Juanes, uno en la frontera entre Colombia y Venezuela y otro, más recientemente, en La Habana, donde estuvo una gran cantidad de artistas que estremecieron con sus voces al mundo, por lo menos a los que nos preocupamos por esos temas. Esta iniciativa es loable, en cuanto que surge sin pretensiones mediáticas ni figuras de farándula que reclamen un clima pacífico para nuestro país.

Entiendo que los organizadores del evento son grupos de la sociedad civil, que se han unido para crear una Gran Alianza por la Seguridad Ciudadana en una gran Cruzada por la Paz en nuestro país, y que cuando lanzaron esta idea crearon en sus inicios un enfrentamiento de competencia entre los dos grupos televisivos más poderosos del país, los que al final se pusieron de acuerdo para que, a través de sus señales, se transmita el acto, en el cual se prohíbe que se exhiban banderas o insignias de ningún partido ni se pretenda convertir esta marcha en un cabildo de exigencias, como pasó con la reunión que sostuvo el presidente Martinelli la semana pasada, con la tan mentada sociedad civil, donde no faltó ni la asociación de ralladores de coco.

La paz que reclama la sociedad panameña es la de tener la garantía de una ciudad y un país seguro, que se erradique de una vez por todas el temor que todos tenemos de salir y ser víctimas de asaltos, robos, secuestros y aún más, caer en medio de un fuego cruzado entre bandas de jóvenes que han sido seducidos y reclutados por uno u otro cartel de la droga, que han encontrado en nuestro suelo un terreno fértil para disputarse el liderazgo de su mortal negocio, llenando de luto y dolor a muchas familias panameñas.

La paz que queremos los panameños es la de no estar expuestos a las rivalidades políticas que se dan, aún entre los propios miembros de un mismo colectivo o una alianza política, donde se vierten acusaciones a diestra y siniestra como revancha por cualquier acto que un funcionario de gobierno ejerza desde su alta investidura.

La paz que anhelamos los panameños es poder expresarnos sin cortapisas ni censuras, ni amenazas y que nuestro derecho a expresarnos sea igualmente respetado y si surgen divergencias, las mismas sean ventiladas dentro de la altura y civismo que exige una cultura civilizada y no mediante amenazas y mensajes electrónicos o estridencias de radiocomentaristas desfasados, que en aras de desmeritar lo que uno expone, desacreditan a la persona, practicando a estas alturas la táctica de matar el mensaje matando al mensajero.

La paz a la que todos tenemos derecho es la que cantan los poetas y los cantautores, los quiméricos y los grandes pensadores.

Una cultura de paz debe empezar con un cambio de actitud. Leía hace un par de días un ensayo del gran uruguayo Eduardo Galeano, donde citaba al criminólogo Anthony Platt, quien ha observado que los delitos de la calle no son solo fruto de la pobreza extrema, sino fruto de la ética individualista.

Esa ética que a veces vemos que no existe entre nuestro compatriotas y muchos menos entre nuestros gobernantes.

Ojalá que esta gran cruzada que se manifiesta hoy por la paz sea el inicio de muchas acciones que nos lleven a cambiar actitudes negativas por positivas y a buscar el bien de muchos, no sacando ventajas solo para unos pocos.