Tránsfugas políticos

Según los significados, populares y oficiales (léase DRAE), “tránsfuga es el término aplicado a un político que tras haber sido elegido por los votantes en la lista de un partido político, cambia de partido para dar el poder a un partido de la oposición. Normalmente el transfuguismo tiene lugar por motivos ilegales, inconfesables y socialmente inaceptables más que ideológicos. Sin embargo, desde el punto de vista legal el transfuguismo es muy difícil de impedir. La acusación de transfuguismo suele ser usada en los casos de escisiones y cismas en los partidos políticos, si bien es frecuente que el tránsfuga cree un partido político como cobertura de su acción”. Más formalmente, el tránsfuga es la “Persona que pasa de una ideología o colectividad a otra o Persona que con un cargo público no abandona éste al separarse del partido que lo presentó como candidato”.

Dentro de los tránsfugas hay categorías, al menos en los corrillos políticos criollos: Oportunistas, como los que van de un partido al otro para ubicarse en uno que esté en el poder; los obligados (entre los que me pudieran incluir), porque los partidos murieron o dejaron de existir, como es el caso del Papa Egoró, Renovación Civilista y, es posible que a futuro, el Partido Popular; los rechazados, esos que apestan, que nadie quiere; los destacados, que salen de un partido en una posición directiva para otra de igual relevancia (como Billy Ford); los que “están a punto de ser tránsfugas”, como podría ser el caso del Dr. Oscar Ávila o los ilustres desconocidos (o reconocidos por razones bastante cuestionables), como los que por medio de subterfugios y otras peripecias del Código Electoral, como los cambios de residencia, quieren evadir sus responsabilidades.

De los primeros, los oportunistas, y entre los más relevantes, está el Diputado José Luis Fábrega, que ha recorrido casi todos los partidos existentes y extinguidos, y aún así, sale electo en las primarias de su circuito con un gran caudal de votos. El gran (por grande) Chello Gálvez es relevante, porque suena en los medios cada vez que aparece. Los obligados fuimos muchos, especialmente los PALA, Papa Egoró, Renovación Civilista y PAPO, entre otros. Los rechazados son los que nadie quiere, como puede ser el caso de Tito Afú, que entiendo va a correr como independiente y entre los relevantes también pueden estar Alfredo Oranges y Mario Rognoni, que no sé si ubicarlos como oportunistas o rechazados, pero cuando vuelven a sus colectivos de origen, entran por la puerta grande, como los hijos pródigos. Tengo interrogantes frente a Astrid Wolf, Gloria Moreno de López y Roberto Henríquez. Guillermo Cochez me envió, como explicación a su inscripción en Cambio Democrático (CD), que se había dado cuenta que los partidos actualmente en el gobierno eran igual de corruptos (¿se referiría al PP?). Gálvez es digno de destacar. Si se quedaba en el arnulfismo se hubiera enfrentado a figuras con más relevancia en ese colectivo y se fue a CD, donde la competencia es mucho más fácil (aparentemente), porque por ahora no le ha salido un candidato de peso (y no sólo en forma figurativa) que le pueda disputar su diputación, a la que nunca asiste, pero cobra.

Con frecuencia, después de este movimiento entre partidos y pantanazos de un lado al otro sale la nueva variante, el analista político, que todavía no logro entender, pues no sé dónde se gradúa uno de eso. Quisiera entender cómo se cambia de ideología, principios y creencias, por perseguir un puesto.

Por la plata baila el mono

Dice un blog del Clarín, diario argentino, que la economía, en el fondo, representa el estudio de los incentivos: el modo en que las personas obtienen lo que desean, o necesitan, especialmente cuando otras personas desean o necesitan lo mismo. En las prematuras y desgastantes primarias que
recién acontecieron, tanto la de los arnulfistas como de los PRD’s, se ha visto una dilapidación de recursos que para unos es visible, pero el que no sabe de activistas, caminantes, apoyos, logística y otros rubros -hasta entierros, exhumaciones y lo inimaginable- y tiene la intención de hacer política, mejor que tenga una buena chequera.

Cuando el Partido Arnulfista celebró sus primarias era obvio el derroche de pauta publicitaria que tuvo el pre candidato Vallarino. Para los que no saben cómo se teje la política, fue una sorpresa que Vallarino perdiera. Sus mensajes, por más despliegue que hizo, no permearon a las bases de su
partido y mostró una cara cosmética de ese colectivo. El Ing. Varela, por el contrario, pecó muchas veces de guardar silencio, pero hizo un trabajo, según entiendo, de organización y motivación necesario en los momentos actuales. Todavía recuerdo una conversación con él y su hermano Popi, hará 12 años, cuando recién pasaron las elecciones de la salsa, que ganó El Toro; me dijeron ambos que lo que necesitaba ese partido era rescatarlo de las manos de los gamonales que lo tenían secuestrado. Les tomó tiempo, golpes, moretones, esfuerzo y supongo que mucho dinero, alcanzar el lugar que hoy ocupan, pero lo fueron construyendo con perseverancia y constancia.

En las primarias del PRD, partido al que pertenezco, a nivel de pre candidatos a presidente, el actual alcalde contaba con una organización hecha casi con escalímetro y edificada durante años, en detrimento de las necesidades de la ciudad. La Ing. Herrera, por el contrario, decidió lanzarse una vez comprobó que su liderazgo era aceptado en el partido, ratificado en el congreso del mes de marzo. Pasaron cosas malas y aún peores durante estos largos meses de campaña, trapos sucios y ejemplos que no había visto Panamá en muchos años, quizás desde antes del golpe del ’68, cuando no
quedaba una reputación femenina mancillada o una virilidad masculina cuestionada. Los mensajes publicitarios se volvieron a los finales patéticos y se equivocaron aquellos que pensaban que con ese recurso de jugar con la pobreza ajena, aún ganando dos elecciones anteriores, se iba a lograr el
triunfo. Reñido el resultado, ganó la campaña de “corazón”, aunque estoy segura de que nadie hizo nada de “corazón”, sin que mediara de por medio una retribución o un compromiso.

El peligro de las campañas costosas, si no se tienen recursos propios para financiarlas, es que los donantes no dan nada de “corazón”. Se adquieren compromisos que a veces resultan más costosos que lo que se recibe. No hay campaña política que no sea costosa, por eso los idealistas o los románticos mejor que se busquen una buena chequera que aguante paraguas, calcomanías,
gorras, placas, suéteres, banderas y demás “gimmicks”, adicionales a los dirigentes naturales autoproclamados y los pseudo analistas políticos que consiguen escenario por medios cuestionables. Como bien dice el dicho, “por la plata baila el mono” y cuando la consigue, elige otra pieza y baila al
son que le toquen.