De vuelta al amor

angela-becerrade-los-amores-negados2el-penaltimo-sueao1lo-que-le-falta-al-tiempo1de-los-amores-negados3Reseña una autora con magnífico uso del lenguaje literario y su visión abismalmente femenina. A pesar de escenificar sus relatos en ciudades europeas, la autora siempre mantiene un vínculo con su país natal, Colombia, y da gusto las referencias que hace, con lujo de detalles, sobre la vida en ciudades colombianas, sobre recetas y hábitos ancestrales…

La autora colombiana, Ángela Becerra, ha publicado desde 2003 tres novelas que estremecen los más hondos sentidos del corazón y las hormonas y, a través de ellas, institucionaliza el idealismo mágico, como la han catalogado sus críticos. Sus títulos, además de seductores, son un canto al amor: De los Amores Negados, Lo que le Falta al Tiempo y El Penúltimo Sueño.

Anteriormente, había publicado libros de poemas, con singular éxito. Pero sus novelas son arrebatadoras, cautivantes y magistralmente escritas. La primera, De los Amores Negados, ganó el Latino Literary Award 2004. El Penúltimo Sueño, publicado en el 2005, obtuvo el premio Azorín, en España, y posteriormente, Lo que le Falta al tiempo, en el 2007, fue exitosamentepublicado por la prestigiosa Editorial Planeta.

Becerra es una escritora consumada relativamente joven. Tiene 50 años y dejó una exitosa carrera de publicista que le demandó ser directora creativa para dedicarse a su pasión oculta, la literatura. Dos de sus libros se recrean en la Barcelona eterna, la de Gaudí y el otro en Montparnasse, sitio mágico y
artístico de París, la ciudad eterna.

Confieso que llegué a ella por lo seductor del título del libro De los Amores Negados. No tenía referencias de su pluma y como Villegas Editores tiene una distribución un poco errática en nuestro país, no tiene presencia constante en los puntos de venta. Quedé tan fascinada con la redacción de esa novela, el magnífico uso del lenguaje literario y su visión abismalmente femenina, que me la he pasado buscando sus libros por donde estén. En este libro se combinan el amor y el desamor, la costumbre y la pasión, la espiritualidad y la rebeldía. En ese libro se evoca una profunda reflexión sobre el amor. La ficción está llena de símbolos y delata el maravilloso artificio de la idealización del amor. Aunque no define el escenario, es una ciudad portuaria que se fortalece con la presencia del mar, una atmósfera fascinante que propicia las manifestaciones artísticas, la poesía y la escultura. La autora maneja tanto el lenguaje romántico como el erótico de una forma magistral, que rebosa vida, búsqueda, ideales, sueños posibles e imposibles, alegrías y soledades hasta finalmente llegar a lo que todos aspiramos en la vida: encontrarnos a nosotros mismos.

Quizás por el hecho de tener esa vena de publicista, las portadas acompañan lo seductor de sus historias. De Los Amores Negados presenta una paloma roja, El penúltimo sueño un ojo que dentro de su iris representa un reloj, y Lo que le Falta al tiempo es una bella toma de unos pies de mujer inmaculadamente cuidados, con una punzada en el dedo gordo y una mancha de sangre sobre una sábana impecablemente blanca.

A pesar de escenificar sus relatos en ciudades europeas, la autora siempre mantiene un vínculo con su país natal, Colombia, y dan gusto las referencias que hace, con lujo de detalles, sobre la vida en ciudades colombianas, sobre recetas y habitos ancestrales, especialmente porque son en épocas pasadas.

Se tejen historias de amor de la manera más inusual, reiterando que las coincidencias no existen, que en la vida el destino siempre te busca y te encuentra, aunque sea tarde. Esa es la trama fascinante de su segunda novela, que no se disfruta, sino que se bebe con fruición y se relee con anotaciones de los embriagadores diálogos que la autora pone en la boca de sus personajes, casi siempre una pareja con un amor imposible o con miles de impedimentos para consumarlo.

En Lo que le Falta al tiempo, el escenario es París y su emblemático Barrio Latino, donde se cuecen pasiones insospechadas y la razón es reemplazada por la obsesión, a costo de develar la muy común dualidad humana. Es desbordante en pasión, inocencia y lujuria, lo material y lo espiritual, la tranquilidad y la inquietud, en un imparable torbellino de emociones y sentimientos que no nos separa de su lectura, cuyas páginas se beben como si fuera lo último que leyéramos.

Sus libros han sido traducidos a más de 16 idiomas, han roto récords de impresión y han causado conmoción entre los admiradores del romanticismo, entre los que me cuento irremediablemente.

Pavadas

Como la semana pasada hablé de pavos, se me pasaron algunas holgazanerías en la que invierten las personas que no les da por aprovechar el tiempo cuando lo tienen en abundancia.

Por ejemplo, los visitadores médicos. Menos mal que ahora llevan unas maletas con rueditas, porque de lo contrario, sufrirían de lumbago o ciática, cargando esas muestras médicas. Me acordé que los dejé por fuera entre los profesionales que tienen mucho tiempo para leer o para perfeccionarse en un arte (sudoku, solitario o chat). En esos ratos de espera, hasta un diplomado en escritura hubiera sacado, o por lo menos, me sabría toda la vida de la realeza, leyendo Hola.

La verdad es que me la paso evadiendo el tema tan caótico que nos tiene los pelos de punta, en cuanto a la política criolla y también la internacional.

La elección de Barack Obama me tiene perpleja, no sólo por representar un hito en la historia de los Estados Unidos que un hombre negro llegue a la Casa Blanca, sino por el nivel de aceptación que ha tenido entre los votantes estadounidenses, para quienes, lo admito, los ocho años de Bushito han sido catastróficos. Y no solamente para ellos, para el resto del mundo. No he sido muy perseverante en el seguimiento de esa campaña, suficiente tengo con tratar de entender el zambapalo que hay en Panamá, pero siento una gran curiosidad por saber cómo Obama va a arreglar la economía mundial.

También trato de entender los extremos y exabruptos que se están dando a diario en la política local, pero cuando este artículo vea la luz los knockouts de esta semana serán periódico de ayer. Y habrá otra ponchera de por medio. Así que mejor es mirar las cosas sobre la marcha, sin enredarme tanto la mente.

He sido una fanática del radio, he hecho programas de radio y creo que es un medio subutilizado, con gran penetración. Lo escucho todo el día, desde el programa de Mayín Correa, pasando por el del cambio (habría que mandar a la conductora no solamente a cursos de geografía, sino a un “starting school”), el de vamos a ganar, el Manantial de la Salud, Tres Patines, que no deja de divertirme y el nunca bien ponderado y cómico Domplín.

Trato de evadir Haciendo Radio, porque me desespera la arrogancia del Profesor Don Lucho y los análisis políticos del Chombo, pero lo que culmina mi tarde, especialmente los viernes es Sobre Ruedas.

Deberían ponerlo en Internet, como Lo Mejor del Boxeo, especialmente las opiniones políticas. A veces, cuando voy en el auto, escucho la ñamería de Convergencia (y no es de los ñames) y al Dr. Miguel Antonio Bernal.

Lo anterior para felicitar a los periodistas radiales por el Día del Periodista. Cuando tenga más espacio, me encargaré de los televisivos y escritos.

Y para hacer honor al título de este espacio, pavadas es un juego de niños, que se hace sentándose todos en corro con las piernas extendidas, menos uno, que recitando ciertas palabras cuenta sucesivamente los pies hasta llegar al octavo, que hace esconder, y continuando del mismo modo hasta que uno solo quede descubierto, pierde el niño a quien este pertenece. Esto es lo que he hecho yo en este artículo.