Reflexiones de fin de año

Me quedan solo tres columnas para hacer una recapitulación de los temas tratados semanalmente en este espacio dominical. En mi blog los tengo identificados por temas (gracias a mi amiga Millie, quien me lo administra), y abarcan desde la seguridad nacional hasta literatura y cine, como “El amor en los tiempos del cólera”. Los que más he gozado han sido los concernientes a las calles y huecos, porque han tenido gran resonancia e identificación, en vista de que tenemos un hilo conductor que nos une cada vez que caemos en un cráter que es en lo que se está convirtiendo esta ciudad.

No he podido hacer la investigación pertinente para sugerir al Ministerio de Obras Públicas que obligue a los constructores, pertenecientes a una de las industrias que más ha crecido gracias a la bonanza que ha experimentado la ciudad capital y el área de las playas de Panamá Oeste, a reparar las calles que dañan por someterlas a peso y abuso de parte de los camiones y tractores que derrumban, demuelen y erigen edificios. Sin embargo, lo lógico sería que el beneficio que reciben al obtener tantos contratos, reditúe a la población de alguna forma, que tiene que sufrir el ruido, la basura, los piropos de los obreros y hasta las conspiraciones que se tejen cuando hay trabajadores en un área.

Me remito a un hecho que vale la pena emular y que es ejemplo de cómo resarcir a la comunidad por las incomodidades a las que tiene que someterse: En Coronado, una urbanización que da pena, porque en teoría sus calles son privadas, pero sus propietarios no las mantienen, mucho menos las reparan, una empresa constructora, incursionando en ese lugar, reparó tan bien la única vía de salida que parece un mini autopista. Coronado tiene tres carriles de entrada, pero solo uno de salida. El reforzamiento y los materiales con que se habilitó esa única calle parecían los de un corredor o una autopista de Europa.

En el tema de seguridad, debemos aceptar que el gobierno ha fracasado en una de sus tres promesas de campaña, la de más seguridad. Desde 1999 estamos en recreo. Ensayando una y otra cosa, hemos permitido que el crimen organizado se haya apoderado del crimen común. Es algo que, aunque todavía estamos a tiempo de atajar, debemos hacerlo ya, para volver a estar, como se dice back to the future. Hay que hacer una radiografía concienzuda a nivel de inversión, banca y bienes raíces para saber qué clase de individuos llegan a nuestro país. Todo eso debe ser coordinado por un solo ente, no dispararse cada estamento por su lado.

La presión de las fiestas, la fiebre consumista y los patrones que nos imponen los factores exógenos de comportamiento nos están asfixiando, hay una agresividad y hostilidad en el ambiente que va in crescendo a medida que llega el 24 de diciembre. Si solo esperáramos celebrar el nacimiento de Jesús y no regalarle a todo el mundo lo que ya tiene o le sobra, seríamos más felices. Se ha desvirtuado completamente el espíritu de las fiestas.

Para concluir este preámbulo, no ayuda que este país ha estado en campaña proselitista y política por varios años, cuando las elecciones son apenas en mayo del próximo. Pareciera que no tenemos más nada que hacer. El asunto es replantearnos nuestras prioridades. Y esas deben ser vivir en paz, con lo que necesitamos y haciendo el bien, no importa a quién.

Segundo asalto

En el programa “Lo Mejor del Boxeo” se presentó, como anunciado, el candidato por el Panameñismo Juan Carlos Varela. Hace un tiempo escribí que hará como 12 años, cuando militaba en el Papa Egoró (no soy tránsfuga, el partido desapareció en 1999) sostuve una interesante conversación con los hermanos Varela, Popi y Juan Carlos, en las oficinas de su empresa. Ellos me manifestaron el interés que tenían en darle una vuelta al partido al que pertenecían porque se sentían que estaba estancado, que no era democrático y que necesitaba revitalizarse.

Tal fue la misión del Ing. Varela desde entonces. En las primarias demostró que hizo una labor tenaz y casi de filigrana, porque como se dice en el argot político, los panameñistas salen hasta debajo de las piedras. Aunque esas piedras no se movieron en el 2004.

En la entrevista el candidato del partido opositor se mostró muy seguro, muy articulado, muy ecuánime y aunque se peleaba la palabra con el señor Tapia??” los programas de televisión son una tortura por el implacable tiempo??” hizo gala de su campaña de “manos limpias”. Fue tan cándido que uno se
pregunta cómo puede haber políticos así todavía en este mundo tan contaminado y especialmente en ese partido.

Dentro del esquema que establecía el programa, habían preguntas cajoneras como su educación, trayectoria laboral y la temible de si era Opus Dei. Porque cada uno recibe lo que “dicen por allí”, tal como a Martinelli le preguntó por su supuesta bipolaridad y seguro que a Balbina Herrera le dará
duro con su supuesta vinculación con Chávez y su lealtad, en su momento, con Noriega. Al fin y al cabo, una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad.

He escuchado personas decir que prefieren en la presidencia a un loco que a un Opus. No me pareció correcta la forma en que el Ing. Varela explicó su supuesto activismo religioso, endilgando su militancia a otras personas; hubiera sido mejor que explicara la razón de ser de ese movimiento. Hay quienes ven al Opus Dei como algo bueno, pero muchos la tildan de una secta peligrosísima.

También desapruebo el descrédito que el entrevistado dispensó a la señora Moscoso ??”con todo lo que tiene de razón??” porque aunque se tengan diferencias, los partidos tienen que unirse y esas peleas intestinas se dilucidan no en los medios sino a lo interno. Ya el candidato sentó sus precedentes en cuanto a cómo manejar el partido, lo correcto hubiera sido sumar al grupo de la ex presidenta. Explicó, eso sí, que lo habían expulsado del partido que ha rescatado. La reacción puede ser que se polarice el
colectivo una vez más, y los mireyistas se vayan a apoyar a otro candidato.

Al Ing. Varela le faltó exponer y al entrevistador preguntar, que la labor de producir un licor nacional como el Seco, no es ningún pecado, por el contrario, casi todos los países se enorgullecen de sus productos etílicos, como el vodka de Rusia, el pisco del Perú, el tequila de México y otros
tantos. En las campañas se dice mucho que la familia Varela envenena al pueblo y la juventud.

El balance final, a mi criterio, es que Juan Carlos Varela es un buen candidato, en el partido incorrecto y su franqueza no le va a atraer votos, mucho menos su supuesta preferencia religiosa, si es que la tiene.