Una semana intensa

La semana que recién culminó no estuvo exenta de sobresaltos, malas noticias, algunas buenas y el eterno diálogo de sordos que los medios de comunicación tratan de mantener para no enfrentar los
problemas reales que atraviesa el país.

La semana pasada se había dado el foro de los precandidatos a presidente del Partido Revolucionario Democrático (PRD), donde Nito Cortizo se había lucido en su porte de estadista y con comunicación clara y directa, sin ambages, y Juan Carlos Navarro fue apaleado por las dudas e interrogantes que han
surgido en torno a su gestión al frente de la comuna capitalina durante dos lustros y su lenguaje ayeyesado. Balbina no lo hizo mal, fue más que un torero (¿hay femenino para esta palabra?), pero insiste en hablar en plural, cuando solamente son los Papas y las lombrices los que pueden arroparse
esa investidura.

El antes diario libre pensó en apabullarnos con una noticia sensacionalista -como todos los que produce la pseudo unidad investigativa- sobre las mansiones de los dos ex presidentes anteriores al actual, y las pretendidas propiedades que este último tiene ahora. Para nadie es un secreto que tanto
el ex presidente Pérez Balladares como la señora Mireya Moscoso tenían a su haber, antes de llegar a la Presidencia, varios millones de dólares, declarados al momento de asumir el cargo. El primero por provenir de una familia con vastos recursos y el haber invertido en exitosas compañías, y la segunda por haberse hecho de la fortuna de su difunto marido. En el caso del presidente Martín Torrijos, tal parece que la casa que le señalan no es tan ostentosa como la pintan o la fotografiaron desde el aire y el yate no es de su propiedad. No le conozco su casa de playa, pero sí la de Pérez Balladares, y es una casa pequeña, con todas las comodidades, pero que para llegar a ella se te queda la mitad del auto en el camino, debido a lo intransitable de las carreteras de esa exclusiva urbanización de playa.
Estoy segura de que la casa publicada no es la suya.

Sobre la casa de Punta Mala, me abstengo de opinar, ya que para nadie fue un secreto la forma irregular como se manejó su adquisición, pero el punto es que por golpear a uno, embarran a todos. Existen en las playas de Panamá mansiones que dejarían hechas una pocilga las casas de estos ex presidentes y, sobre todo, gestores de urbanizaciones que no las tienen todas consigo en
cuanto a legalidad se refiere. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Sería muy edificante que la flamante unidad investigativa invierta su tiempo y esfuerzo en finalmente dar cuenta de todos los dineros que se botaron en el mentado Museo del Tucán, o que dé cuenta pormenorizada
de los millones de dólares que se le otorgaron a la Fundación Amador para beneficiar a unos pocos en la construcción del Museo de la Biodiversidad, incluyendo las cláusulas que lograron imponer en la Unidad de Áreas Revertidas para que ningún lote cercano le haga mella.

Lo siguiente noticia, que sí nos conmocionó, fue la revocación del indulto dado por la ex presidenta Moscoso a los terroristas cubanos al final de su mandato. Tal como dijo la procuradora, la Corte finalmente hizo una “reivindicación constitucional”, un poco tarde, porque ahora no sé cómo van
a tratar a Posada Carriles si, además, el token que obtuvo Moscoso para tener una salida airosa y no correr la misma suerte que su amigo el magistrado Spadafora, ya se le debe estar acabando. Como si fuera poco, y con gran alegría, el Ejército colombiano realizó una operación casi cosmética para rescatar, finalmente, a la ex candidata presidencial de ese país, Ingrid Betancourt, de su largo cautiverio en manos de las FARC, junto a otros compañeros de suerte. Esa noticia, de primerísima
importancia para el mundo entero, definitivamente que le dio al presidente Álvaro Uribe un empujón que seguramente lo catapultará para Nobel de la Paz o por lo menos, un período adicional de gestión.

El día que vea la luz este artículo sabremos quiénes serán los candidatos por parte de los anameñistas – arnulfistas – ñamenistas. Para muchos, las reglas del juego van a cambiar dramáticamente. Para otros, será la ocasión de darnos cuenta hasta dónde llegan las lealtades y las traiciones políticas. Para uno en especial, será cosa de volver a sus Florsheims y dejarse de estar señalando la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

De aquí al 3 de mayo del otro año, entre las primarias de otros partidos, las alianzas de recámara y las elecciones en Estados Unidos, no dejaremos de estar pendientes de un hilito. Por lo menos, que no nos quite el sueño si los presidentes tienen bien habidos sus retiros de playa.

El amor en los tiempos del cólera

En noviembre de 1985 hubo una erupción del Volcán Nevado del Ruiz, que mató a más de 25,000 personas y que es considerada la segunda actividad volcánica más devastadora del Siglo XX. Inmediatamente, el escritor colombiano, Gabriel García Márquez, Premio Nóbel
de Literatura, destinó una edición de lujo, de solamente 1,000 ejemplares, firmados y notariados vendidos a precios hoy día imponderables, cuyos beneficios serían destinados exclusivamente para los damnificados de esa tragedia.

La novela, ambientada en el corazón del Río Magdalena, caudaloso y cautivante, es la historia del amor de Florentino Ariza, quien nunca se casó, por Fermina Daza. En el camino llevaba un pormenorizado detalle de cuántas amantes tuvo, pero siempre le fue fiel. Mientras tanto, su amada
estuvo casada y enviudó, para finalmente casarse con su eterno enamorado en las postrimerías de la vida de ambos. Esta edición, que tiene 335 páginas, la leí con fruición y siempre tuve adoración por el tema, y lo mantenía en una especie de culto, en un mueble antiguo giratorio especialmente diseñado para libros, a la entrada de mi casa.

El año pasado, finalmente, llegó a Panamá la película, largamente postergada, de esa historia y basada en su novela, con la actuación magnífica de Javier Bardem (para comérselo) y Giovanna Mezzogiorno, junto a artistas hispanos y mayormente colombianos. Allí se desgranan los 51 años, 9 meses y 4 días desde que Florentino vio por primera vez a Fermina, en un escenario mágico de Cartagena de Indias, con una iluminación magnífica y con algunas estridencias de Shakira, a quien se le encomendó la banda sonora. Como se escenifica en las finales del siglo XIX y principios del XX, la epidemia de cólera era una realidad tan grande que los “síntomas del amor se confunden con los de esta enfermedad”.

Tengo entendido, y si no me corregirá mi muy admirado Jorge Eduardo Ritter, que García Márquez no afloja muy fácilmente sus elaborados libros, porque es difícil que una película supere la magnificencia de la literatura, y que él abandonó su intención de hacer cine cuando se dio cuenta de lo recursivo del
lenguaje, cuando es magistralmente manejado como lo hace él. De sus títulos pocos han sido llevados al cine, todavía estamos esperando su obra maestra, Cien Años de Soledad. El Amor en los Tiempos del Cólera fue, junto a La Fiesta del Chivo, de las mejores películas que se presentaron el año pasado.
Ojalá que el autor se haya sentido tan contento como nos sentimos los que degustamos esa película.
La historia tiene cierta relación con la conocida Ligia Elena, canción de nuestro orgullo artístico, Rubén Blades. Florentino se enamora de Fermina y la corteja desde su adolescencia, pero las diferencias sociales los separan, por eso la espera por tanto tiempo. Y como siempre la esperanza es lo último
que se pierde, y tal cual dice Joaquín Sabina, Amores que matan nunca mueren, aquellos que aman siempre tienen esperanzas.

Toda esta larga perorata intelectual me lleva a contarles, a los seguidores
de las actividades de Rocco, mi perrito Schnauzer, sus últimas travesuras.
Aún cuando se porta bien, a veces se desespera cuando no tiene a alguien
cerca o pendiente de él. Recientemente tuve que ausentarme por unos días al
interior de la República y lo dejé con su nanita querida. Sin embargo, en
represalia a mi “abandono”, un buen día me llamó mi fiel asistente doméstica
para contarme que cuando llegó a la casa, en la mañana, después que yo me
había marchado, Rocco había sacado de mi precioso mueble giratorio antiguo
el libro numerado y firmado por el Gabo, y lo había atacado, tal como lo
hizo anteriormente con Sin tetas no hay paraíso. El lomo del libro, arriba y
abajo estaba mordisqueado y la lámina que recubre la cubierta dura
totalmente destruida. Más todavía, dentro de los libros guardo comentarios y
referencias, especialmente al momento de su presentación, y tenía un recorte de La Estrella de Panamá en la fecha de su lanzamiento, en diciembre de 1985, que se degustó completamente. Ahora me toca irme a la Biblioteca Nacional a sacar una fotocopia de ese valioso texto para reemplazar lo agenciado por mi perrito.

Con esto no pretendo apabullar a nadie alardeando sobre mis lecturas o preferencias intelectuales, solamente dando un ejemplo de cómo hasta una mascota puede contagiarse de temas culturales y tener discreción en escoger lo que cree es mejor para leer, mirar y estudiar. También para darnos cuenta de que, los gustos, cuando son bien orientados, pueden hacer que el individuo se supere tremendamente y cada día vaya ascendiendo en la categoría de escoger entre leer basura a estupendas obras.