MARIELA SAGEL
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La Estrella de Panamá, 1 de enero de 2012
En inglés se dice ‘bad timing’, que es precisamente lo que indica que no se hace en el momento correcto y es mal planificado. Ese parece el término adecuado para definir las soluciones a los agobiantes hechos que nos han sacudido y no nos dejaron terminar en paz el año 2011, durante el cual no nos han permitido aburrirnos, menos quedarnos sin temas de opinión, para torturarlos semanalmente con estas columnas.
Empezamos el año con la masacre en el Centro de Cumplimiento de Tocumen y lo acabamos con una represión contra representantes y alcaldes electos, que protestaban pacíficamente. Nos enteramos estupefactos del asesinato de cinco jóvenes en Chorrera, enterrados en el patio de una casa. La variopinta gama de problemas no ha tenido parangón en nuestra historia política reciente. Y la constante ha sido en casi todos los eventos lo inoportuno de las reacciones.
La iniciativa de hacer una parada por la Cinta Costera es aplaudible, pero levanta suspicacias si su real motivación es una reacción contra el Desfile Navideño del Alcalde y un atentado contra las villas que éste instituyó. Más suspicacia aún que hayan designado a un ministro para encabezar ese evento, que a todas luces es el ‘delfín’ del partido de gobierno.
El regocijo que se sintió en ese multitudinario evento se vió empañado de forma inmediata por disturbios que ocurrieron por falta de previsión, planificación y hasta de responsabilidad por parte de los responsables de la seguridad de las calles.
Cuando uno menos acuerda te detienen para ponerte el Pele Police y por nada te acosan los policías de tránsito, pero a la hora de cuidar tanto los bienes públicos, como la vida humana, brilla por su ausencia la fuerza pública.
La ruptura de la alianza de gobierno (Cambio Democrático y Panameñismo) sigue siendo el escenario de las polémicas diarias entre los hoy enemistados partidos que prometieron un cambio, y lo están cumpliendo: reinventando cada día al populismo chabacano que puede dar al traste con el crecimiento y auge que tiene el país. No nos llevemos a engaños, hay voces de alerta en el exterior sobre lo impredecible que es la gestión actual y lo inseguro que representa visitar o invertir en el país, hasta en turismo, a pesar de haber rebasado los 2 millones de turistas recientemente.
Los servicios que se cobran en una sola factura, el aseo y el agua, andan manga por hombro y en algunas barriadas se alega que no se hace la recolección de basura por ser ‘áreas rojas’. En una época donde generamos muchos más desperdicios que de costumbre, no acostumbrados a reciclar, las precarias aceras obstruyen el paso a los aventados peatones que se arriesgan a sortear huecos, fugas de agua y limo acumulado.
Pareciera que vamos hacia una solución de transporte colectivo por la entrada en circulación del Metro Bus –que tuve la oportunidad de probar esta semana— y la construcción a tambor batiente del Metro. Hemos vivido y viviremos durante este año reales trastornos en el tráfico vehicular, pero ese es el precio del progreso y la modernidad, así que no nos desesperemos.
En lo que sí debemos invertir ahora mismo es en campañas de educación vial y de cultura de transporte colectivo, porque si carecemos de cultura de reciclaje, mucho menos sabemos cómo compartir un transporte masivo.
En vez de campañas de publicad costosísimas que siempre cierran con un estribillo dicho por el presidente, ese dinero debería invertirse en inducción ciudadana que seguramente servirá de manipulación mediática, pero por lo menos queda la orientación.
Las respuestas a las crisis, hasta ahora, no han sido coherentes, serias y a tiempo. Esperemos que en el nuevo año se inicien acciones proactivas, no se den reacciones negativas e inoportunas
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December 29th, 2011 · 1 Comment
MARIELA SAGEL
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El Siglo, 26 de diciembre de 2011
La semana pasada se divulgó la noticia de que Panamá no participará de las pruebas internacionales PISA, un sistema objetivo de comparación que maneja de forma cuantitativa la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), que tanto ha insistido en que nuestro país se pliegue al intercambio de información a fin de sacarnos de la lista de paraísos fiscales. PISA es el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Program for International Student Assessment). La decisión del MEDUCA se sustenta en que los recursos para esas evaluaciones se destinarán para capacitación, ya que los últimos resultados fueron desastrosos.
Tan desastrosos que arrojaron que nuestros jóvenes de 15 años no comprenden lo que leen (puesto 62 de 65 países participantes), mucho menos entienden las matemáticas (64 de 65) y peor es que los temas científicos les son totalmente ajenos (62 de 65 otra vez).
Vivimos en un país que arroja índices de crecimiento altísimos y es por todos conocido que existe una gran falta de mano de obra calificada, lo que permite la entrada de extranjeros que llenen esos vacíos, que seguramente entienden lo que leen, son buenos en matemáticas y encima, practican las materias científicas. La próxima prueba es en 2015. ¿Estaremos preparados para superar los bajos índices que se dieron en la última versión? Si no se hace un verdadero cambio en el sistema y se aplica una reforma educativa agresiva, seguramente volveremos a fracasar.
Estamos en camino de ser un país rico con gente ignorante. Desechamos la orientación cultural como si fuera elitista, desconociendo que existen varias formas de cultura, desde las buenas maneras, el correcto uso del lenguaje y la lectura. Esta realidad se hace cada día más evidente en los mensajes publicitarios que se transmiten (‘estamos ‘partyseando’’), en los incontinentes ‘twitters’ con horrores de ortografía y en el uso del ‘hubieron’ cuando ese verbo no existe, se dice hubo. Sabemos de las peleas entre los políticos, pero nuestros estudiantes no tienen idea de la tragedia nacional que fue la invasión a Panamá, la visión de estadista que tuvo Belisario Porras (tres veces presidente y que dejó una obra considerable tanto en instituciones como en estructuras) ni mucho menos que nuestro escritor más laureado hasta ahora es Rogelio Sinán.
El apabullante crecimiento económico debe ir de la mano de elevar la educación como una prioridad. Y eso no se hace con sellos en los medios impresos: se hace con una política de estado que sea coherente y no puede esperar.
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December 29th, 2011 · Comments Off
MARIELA SAGEL
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La Estrella de Panamá, 25 de diciembre de 2011
La necesidad de tener radares en Panamá para fortalecer la seguridad marítima y aérea no es un tema nuevo. En una forma u otra, varios gobiernos evaluaron este escenario. Para nadie fue un secreto que cuando el ex ministro Daniel Delgado Diamante visitó al Secretario de Defensa de los Estados Unidos en junio de 2008 —en la media hora que Mr. Gates le concedió— le indicaron claramente que ese país no podía apoyarnos en este tema, porque no teníamos un ejército, así que Panamá tenía que hacer dos cosas: comprar sus propios sistemas y conseguirse un socio nuevo.
Parece que el Ministro de Seguridad Pública hizo las dos cosas, pero ha perdido las perspectivas de riesgo, que están implícitas en todo proyecto de tecnología y sistemas:
1. Uno establece una plataforma máster y posteriormente integra cuantas marcas de hardware y software se encuentren en el mercado. El peor error en el tema de los radares es haberle comprado toda la tecnología a una sola fábrica. Con eso el país le pertenecerá por entero a la fábrica.
2. Uno inicia un proyecto de sistemas de seguridad y posteriormente lo amplía. No lo hace todo de una sola vez. El costo de la instalación y la protección de los sistemas debe ser considerado a futuro. Cuando venza la vida útil del proyecto todo se vencerá en la misma fecha, y esto crea el riesgo de que todo se puede detener o todo debe cambiarse al mismo tiempo.
3. Los radares Lyra 50 de Fenmeccanica no están tropicalizados. Los sistemas instalados en Turquía, por ejemplo, que es un terreno tan árido como el desierto de Sarigua, donde el clima se devora los equipos a pasos agigantados, no es para nada similar al clima de Panamá, un país tropical, donde hay mucha humedad, nubosidad y donde las señales de esos sistemas rebotarán en cada ola, provocando cientos de falsas alarmas.
4. Los narcotraficantes no se caracterizan por ser ineptos. Si en las áreas en donde están instalados los radares se sabe que serán detectados, ellos buscarán nuevas rutas. Si los sistemas fueran portátiles, se podrían mover a medida que el riesgo o las amenazas se mueven, pero si los radares son inamovibles, se tendrán que comprar más radares y más sistemas operativos.
5. La calidad del resultado de un proyecto no se mide por lo que cuesta, sino por lo que rinde. Decir que nos gastamos 300 millones en fragatas, helicópteros y radares no es sinónimo de que hay más y mejor seguridad, sino mejores equipos. Cuando hay inversión se puede medir el retorno, pero en este caso no es tan fácil. Rescatemos lo que hizo el Servicio Marítimo Nacional (SMN) en 2007 que, con las uñas, pero combinando tácticas y estrategias, capturaron 47 toneladas de drogas y el resto de la Fuerza Pública 20 toneladas, logrando con ello el decomiso más alto de la historia reciente, 67 toneladas en un año.
6. El peor error que se ha cometido es tratar de vendernos un proyecto aduciendo que con ello resolveremos los problemas de la seguridad nacional. Esto no es cierto. Reitero, los narcotraficantes seguirán moviendo su droga y si no pueden por mar, lo harán por tierra y, según me dicen los entendidos, los radares marinos sólo funcionan sobre el espectro de la superficie del mar, no en tierra. La responsabilidad se la trasladarán al SENAFRONT, quienes verán un aumento de incursiones, ataques y muertes de los pobladores comarcales y darienitas, pues la droga seguirá moviéndose hacia el Norte.
Por lo anterior, este proyecto de los radares se convertirá en uno de roedores para los bolsillos de los contribuyentes, ya que estaremos empezando a pagar una deuda interminable, cuando el riesgo mayor se vive a diario en las calles, barriadas y ciudades.
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December 29th, 2011 · Comments Off
MARIELA SAGEL
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El Siglo, 19 de diciembre de 2011
En el año 1999, diez años después de la cruenta e innecesaria invasión que perpetrara el Gobierno estadounidense a Panamá, con el único –supuesto— propósito de deponer al entonces dictador panameño Manuel Antonio Noriega y liberar a nuestro país de su yugo (las sanciones se habían encargado de hacer ese yugo prácticamente insoportable), se formó una Comisión de la Verdad, para esclarecer los crímenes que se dieron en los 21 años de Gobierno militar. Que yo recuerde, aparte de traer un perro que resultó ser un farsante, poco es lo que produjo ese grupo, que no se supiera a voces antes de iniciar sus investigaciones.
Pero han pasado 22 años desde la acción militar que se llamó ‘Just Cause’ (pero debió haberse etiquetado como ‘Just Because’) y se sigue hablando de ella, por parte de unos, como una liberación —que no fue tal— y por parte de muchos, especialmente los que perdieron a familiares, los que sufrieron daños materiales por la desarticulación de las tropas, y el consecuente saqueo y pérdidas millonarias que tuvo que sufrir la población cuando no había ley ni orden y los invasores solamente andaban tras del hoy reo más famoso del El Renacer. Ahora que Noriega ha vuelto a Panamá, ¿no deberíamos desenmarañar toda esa tramoya que permitió que el país más poderoso de la tierra invadiera a un pequeño Estado, casi como un ensayo para perpetrar acciones posteriores en otros lugares? ¿No deberíamos exigir que de una vez por todas se dilucide de quién vino la orden final de invadir, quiénes o qué instancia tuvo que ver con esa decisión, quiénes de nuestros compatriotas pidieron la invasión, qué explicaciones le pidió el gobierno de Guillermo Endara, juramentado en una base militar estadounidense, al presidente Bush padre, sobre las razones que llevaron a ese país a tomar la decisión de invadirnos? Muchas han sido las consecuencias, casi todas dramáticas y dolorosas, de esa invasión, es pertinente que ahora que se puede asumir que el mayor causante de la invasión pueda hablar al respecto, iniciemos esa reconstrucción a fin de deslindar responsabilidades, antes de que todos sus actores principales pasen a mejor vida.
No solamente fueron los chorrilleros y los miembros de las Fuerzas de Defensa de entonces los que sufrieron, también personas ajenas al conflicto y todos los que vivieron los saqueos tienen sus verdades. Recordemos la frase que hizo famoso, entre otras, al poeta Antonio Machado: ‘¿Tu verdad? No, la verdad y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela’
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December 29th, 2011 · Comments Off
MARIELA SAGEL
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La Estrella de Panamá, 18 de Diciembre de 2011
Esta semana, en medio de malas noticias y sobresaltos, recibimos con esperanza la buena nueva que Francia, ese orgulloso país de Europa al que nos unen tantos vínculos, ya que fueron los franceses los que iniciaron la construcción del canal, es el invitado de honor de la próxima Feria Internacional del Libro de Panamá, que se celebrará en agosto próximo.
Francia es el país que más premios Nobeles de Literatura ostenta –un total de catorce— y a sus ciudadanos y los de otros países que practican su lengua se les llaman ‘francófonos’. La Feria del Libro ofrece un magnífico escenario para dar a conocer los alcances de su vasta cultura, que va desde el cine (fueron los pioneros en ese arte), la gastronomía (incluyendo los vinos y los quesos), la pintura y escultura, la música y todo lo que respecta a la literatura. En Panamá, el país galo tiene una fuerte presencia, no solamente a través de su embajada sino también en la Alianza Francesa, que por sesenta años ha liderado la enseñanza del lenguaje y que este año estrenó casa nueva. En Francia está la sede de los más importantes organismos que velan por la cultura, entre ellos la UNESCO, que tanto protagonismo ha ganado recientemente por su posición en torno a la cuestionada Fase 3 de la Cinta Costera.
Aspiramos, a los amantes de los libros y la lectura y los que somos entusiastas de esta gran fiesta cultural que se celebra anualmente, a que se brinden oportunidades para conocer más sobre los escritores franceses y sus alcances en el mundo, que se recree el mundo de Alexandre Dumas, de Albert Camus, de Víctor Hugo y de Voltaire, Montaigne y Rabelais, entre muchos otros. De la misma forma, aspiramos a que por lo menos Jean Marie Gustave Le Clézio, quien fue el último escritor francés que obtuvo el premio Nobel de Literatura en 2008, venga por esta tierra donde vivió, entre 1970 y 1974 con los emberá wounaan, en la comarca de ese nombre dentro de la provincia de Darién. Como soñar no cuesta nada, podríamos sugerir que se haga una recreación de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, en el Pabellón Infantil y, por qué no, una mesa redonda sobre Napoleón, donde podrían participar aquellos ‘afrancesados’ que son hinchas de ese personaje histórico.
Los editores franceses han marcado pautas, y es así como tendrían un escenario fantástico para debatir sobre los libros electrónicos, especialmente en lo que se refiere a la digitalización de ellos (recientemente han demandado a Google por piratería) y podrían auspiciar jornadas en el tema de derechos de autor que serían muy atractivas para que vengan a nuestro país personas del continente que estén vinculados al asunto y que aporten en el manejo del mismo.
Las instituciones que han sido depositarias de los legados que nos han dejado los franceses podrían capitalizar la feria para desplegar sus valiosos acervos y dar a conocer algunas de sus colecciones, resaltando la importancia que tuvo la compañía del Canal Francés, por ejemplo, o la rica gastronomía, la moda y la inmensa influencia que ha tenido Francia en muchas de nuestras manifestaciones artísticas. En Panamá reside una comunidad francófona de las islas del Caribe que podrían recrear muchas de sus costumbres, y sería apropiado poder hacer actividades en torno a Haití, para llamar la atención sobre la urgente necesidad de ese país caribeño que tiene tantas necesidades y ha sido devastado por catástrofes tanto políticas como naturales.
Preparémonos y aportemos a todos a coadyuvar a que la feria sea una verdadera fiesta cultural y a que todas las instancias de gobierno, así como las empresas francesas que tantos intereses tienen en Panamá, nos unamos por los lazos que son inquebrantables a pesar de todas las vicisitudes, los culturales.
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