Rescatando a nuestros futbolistas

Por Mariela Sagel, El Siglo de Panamá, 5 de octubre de 2020

Se pusieron en marcha las bien engranadas y encajadas ruedas de la Cancillería para que pudiéramos sacar a los chicos de donde estaban

Esta semana retornan al país los jóvenes futbolistas Manuel Alexander Vargas y Carlos Alberto Gutiérrez, a quienes el conflicto que actualmente mantienen en pie de guerra a Armenia y Azerbaiyán los atrapó en una remota localidad de Vanadzor, provincia de Lorri. Ellos fueron reclutados por un club de fútbol desde agosto y, revisando su contrato, eran responsables de ellos hasta el vencimiento de éste, el 31 de diciembre de 2020.

Se pusieron en marcha las bien engranadas y encajadas ruedas de la Cancillería para que pudiéramos sacar a los chicos de donde estaban, sin billete de regreso ni dinero y a quienes sus reclutadores no le tomaban la llamada. Aprehensivos y temerosos por lo que se estaba viviendo en ese conflicto, que data de más de 30 años, solicitaban el regreso a su patria.
El lugar donde estaban los muchachos está a unas 6 horas por tierra de donde se llevan a cabo los enfrentamientos, la localidad de Nagorno Karabaj. Aún así, era peligroso que permanecieran en territorio armenio, ajenos al idioma y sin recursos.

Logramos, con voluntad y buena disposición, desde la embajada de Turquía, que llegaran de Ereván, capital de la exrepública soviética, no sin antes hacerse sus respectivas pruebas de COVID y allí tomar el avión que los sacaría del país, en permanente comunicación con ellos, dado el estado de ansiedad que tenían. El presidente Cortizo se comprometió, con PanDeportes, que intervino en el asunto para proteger a sus atletas, a traerlos vivos y sanos a Panamá. Y lo hizo a través de los representantes diplomáticos que somos los instrumentos para que los panameños se sientan seguros en el extranjero.

Ayer partieron hacia Panamá vía París, donde los atenderán personal de la embajada en Francia, a cargo de SE Issamary Sánchez y después volarán a México, donde también hará lo propio el embajador Alfredo Oranges. Una sincronización entre colegas con un fin común, como se ha estado haciendo desde hace meses con tantos varados por culpa de la pandemia.