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LA RUMOROLOGÍA Y LAS FAKE NEWS

Por Mariela Sagel, 8 de marzo de 2020, La Estrella de Panamá

     Hoy 8 de marzo debería estar exaltando el Día Internacional de la Mujer, que desde 1911 se ha venido celebrando en el mundo, en la medida que hemos ido logrando lo que como derechos humanos se nos ha escatimado.  Sobre el tema y lo que aún falta por hacer se escribe en todos los medios y se comenta en todos los círculos, pero lo importante es que tengamos nuestros valores intactos y nuestras metas muy definidas.  La poeta Bertalicia Peralta nos definió como “la que desaprende el alfabeto de la sumisión y camina erguida”.

     Por eso me decanto por un tema que a diario vivimos, más con esta crisis mundial que tiene a todo el mundo histérico y disfrazado, que es el dichoso coronavirus.  Los rumores y noticias falsas (o fake news, como ahora las llamamos) están ubicándose en una posición de altísimo poder sobre cualquier otro titular. Y como los rumores tienen unos aliados poderosos, que son las redes sociales, un rumor se esparce más rápido que un virus, se hace viral. Más importancia debería tener la amenaza del cambio climático, pero a eso no le paran bolas.

     Tuvimos recientemente la supuesta detención del alcalde de la ciudad en un crucero durante el feriado de Carnavales. El tema fue tan difundido que hasta fotos del barco partido en dos, estilo Titanic, circularon en forma desaforada.  Los comentarios de sus muchos adversarios (y los que se ha ido ganando por querer hacer una playa en la bahía de Panamá) eran venenosos y crueles.  Sin embargo, a la fecha, no se ha sabido lo que realmente pasó, si agredió violentamente a su pareja, si lo detuvieron en aguas internacionales, o si regresó a Panamá.  Yo me esperaba una batería de periodistas en Tocumen para cuestionarlo el día que regresaba, pero eso ya no fue noticia.

     Más recientemente circularon fotos de un allanamiento en un barrio exclusivo de una casa donde se encontraron en efectivo un par de millones de dólares y además de los lujos de la residencia, había varios vehículos de altísima gama.  Y el bulo decía que pertenecía a un secretario privado del expresidente Varela.  No dudo que el exmandatario se haya rodeado de la peor calaña, pero al día siguiente no encontré ni una sola mención a esa relación, más sí el hecho de que se allanó la casa y de que se encontró una gran cantidad de dinero.  Lo más fácil es darle un reenvío a lo que a uno le llega, y como hay mucha gente que se conforma con solamente tener WhatsApp, los disparos son constantes, sin constatar si son o no ciertos.

     Creo y estoy convencida que para estar bien informado debemos tener una disciplina de mirar las redes sociales, leer periódicos, ver las noticias en televisión (aunque sean insoportablemente aburridas y repetitivas las locales) y sacar nuestras propias conclusiones.  No es solo el daño que se le hace a las personas que estén involucradas en el rumor o noticia falsa, es el daño que se le hace a la sociedad, que cada vez desconfía más de todos y de todo. 

     Debemos enfocarnos en construir y no destruir.  Nos guste o no el gobierno actual, nos gusten o no los diputados y magistrados, es lo que tenemos, y están allí para hacer un trabajo y nuestro deber es exigir que lo hagan de la mejor manera.  Un simple rumor, una noticia falsa o venenosa, empaña la percepción de la gente, y, para muchos, ésta, la percepción, es más importante que la realidad.

     Una nota de optimismo en medio del desasosiego que nos invade, y es que la campaña de información y las medidas de prevención que se han adoptado sobre el virus de moda han sido responsables y que, de llegar éste a nuestro país, habrá un equipo que dará respuestas inmediatas y efectivas para que no afecte más de lo que debe.  Mucha más gente ha muerto de dengue y otras plagas y no ha habido tanta histeria.  Como ahora es de lo único que se habla, cualquier rumor se convierte en verdad, como el caso sospechoso que hubo en Chiriquí y que resultó ser falso.  Tratemos de empinarnos por encima de las tendencias, que nos llevan al facilismo y a dar por cierto lo primero que leemos o escuchamos.

HISTERIA MUNDIAL

Por Mariela Sagel, 1 de marzo de 2020, La Estrella de Panamá

     Definitivamente que el coronavirus, o COVID-19, como se le ha apodado, tiene a todos los países en una especie de histeria colectiva y es el tema de los telediarios de todas las cadenas de noticias mundiales y de redes sociales y medios impresos.  Los primeros casos que se conocieron se originaron en la región de Wuhan, en la República Popular de China, a fines de 2019, y a la fecha, ya superan 78 mil personas contagiadas en ese gigante asiático, y se acercan a 85 mil en el resto del mundo. El país más afectado ha sido Italia, donde llegaron hasta a cancelar las dos últimas jornadas de los famosos carnavales en Venecia, que no es poca cosa. Las últimas noticias arrojan las cifras de contagio en 53 países y esto definitivamente que está afectando la economía mundial, a todo nivel.

     China sorprendió al mundo construyendo un hospital con capacidad para 1,000 pacientes en solamente 10 días, pero ya esa infraestructura ha sido desbordada por la inmensa demanda por atención médica, superando la capacidad de respuesta.  Comentaba un médico amigo que hay que observar muy de cerca cómo se comporta la enfermedad fuera de China y que, debido a que allí se originó el brote y no existían medidas de prevención, la epidemia ha sido devastadora.  Toca al resto de los países tomar las precauciones del caso, en forma seria y responsable, sobre todo a partir de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró emergencia internacional a fines de enero de este año, cuando apenas se habían confirmado unos 8,000 casos en China.

     Sin embargo, si bien es muy responsable la actitud de prevención, parece que hubiera una histeria injustificada, sin dejar de tomar precauciones para evitar un eventual contagio.  Como que se cumple la frase muy repetida:  cuando China estornuda, el mundo se resfría, que se aplica a la desaceleración económica del gigante asiático que alarma a los países que le exportan sus materias primas. 

     Hace unos años, en 1981, el escritor estadounidense Kean Koontz, que se especializa en temas de terror, publicó un libro titulado “The eyes of darkness” (Los ojos de la oscuridad).  Es un thriller de suspenso que relata la producción artificial de un nuevo virus que, coincidentemente, lo llama Wuhan-400 y lo ubica en el año 2020, como parte del desarrollo de un programa de armas biológicas.  Sin embargo, aunque la novela es ficción, las personas que han descubierto las similitudes con la situación por la que atraviesa el mundo, la han malinterpretado. En la novela de Kootz, son los rusos los que crean el virus, y lo llaman Gorki-400.  Pareciera que se quisiera jugar a ser Nostradamus.  La divulgación irresponsable de algunas de las páginas de esta novela se convierte en noticas falsas, o “fake news” como se les dice ahora y contribuyen a crear un clima de confusión y desconfianza, que definitivamente agrava la situación.

     No podemos bajar la guardia, aunque todavía no se hayan identificado casos de pacientes contagiados en nuestro país, pero ya empiezan a sentirse los efectos colaterales.  Tomar las precauciones que responsablemente nos brinda en forma regular el Ministerio de Salud y tratar de no entrar en pánico.  Se recomienda mucha limpieza de manos, menos saludos de besos y por supuesto, por el clima insalubre que el calor desarrolla, hacer un uso responsable de la disposición de la basura.  Es un virus que se compara a un resfriado muy fuerte y como cualquier gripe que no se cuida, especialmente en personas vulnerables (niños, ancianos, personas con deficiencias respiratorias, fumadores, etc.) puede ser letal y contagiar a las personas que están alrededor.

     La moda también ha sido tocada por esta epidemia, que algunos ya la califican como pandemia, y es en el uso de mascarillas (que según me he enterado se han agotado en el mercado) y la gente se hace “selfies” con ellas puestas, lo que ya cae en el ridículo.  También abundan los dichos y memes que toman el tema a chanza, como el que dice que “Nunca pensé que nuestra muerte también sería “Made in China”.  Seamos responsables, sin perder el humor, con este tema, pero sin exageraciones.