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ARDE EL CONTINENTE

Por Mariela Sagel, 1 de septiembre de 2019, La Estrella de Panamá

     El título no se refiere solamente al incendio que ha estado arrasando al pulmón del mundo, la Amazonia, que además de devastar Brasil, ya ha ingresado a Bolivia y sigue descontrolado.  Según los medios internacionales, este fuego que consume los bosques amazónicos es el más fuerte e intenso en cinco años y ha quedado en entredicho la gestión del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, cuyos planes eran rebajar los controles que lleva a cabo el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (IBAMA), el principal órgano de fiscalización ambiental del país.  Definitivamente que es una tragedia lo que se lee y mira a través de los medios tradicionales y redes sociales que ocurre en esa área del continente, pero lo es también la lamentable noticia de que se han roto los acuerdos de paz en Colombia, alcanzados en 2016.

     Un artículo de opinión del diario The New York Times, firmado por Alexander Fattal, antropólogo, dice textualmente que dichos acuerdos, que lograron reunir en un mismo propósito a la guerrilla conocida como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y al gobierno en ese momento encabezado por Juan Manuel Santos, en La Habana y bajo la mediación de Noruega, significa un retorno a la violencia que ha masacrado al país del que algún día fuimos parte y eso es la culminación de varios factores, el más relevante: una falta de apoyo político de parte de los gobiernos de Washington y Bogotá (ahora bajo la presidencia de Iván Duque, discípulo de Álvaro Uribe).  Recordemos que ese año 2016, “el año en que nos volvimos locos”, como lo catalogó el escritor Héctor Abad Faciolince, fue electo el nefasto presidente Donald Trump y al año siguiente, Duque.  Ambos, a través de sus actos y omisiones, decidieron que los acuerdos de paz alcanzados no fueran llevados a cabo con éxito.

     Según este artículo, y otros en que baso mis señalamientos, Duque, una vez asumió el cargo bajo la influencia ultraderechista de Uribe, ha hecho casi nada para reprimir la ola de asesinatos a líderes sociales y guerrilleros que se habían desmovilizado para permitir lograr la ansiada paz, como se había suscrito en los acuerdos.

     El pelirrojo de la Casa Blanca, por su parte, se ha mostrado totalmente indiferente en el caso colombiano y removió casi de inmediato de asumir la presidencia al diplomático Bernard Aronson de su cargo, quien tenía la responsabilidad de apoyar para que se cumplieran los acuerdos.  El Programa de Naciones Unidas para el desarrollo, que también tenía su parte en la implementación, no logró hacer mucho en Colombia en torno al tema.  La ansiada paz para los colombianos parece ser esquiva.  Con el quiebre del liderazgo del grupo desmovilizado de las FARC y los que ahora se vuelven a la guerrilla, el futuro se ve desolador.  Hay intentos de una parte de unificar a este grupo con el fin de forjar una alianza con el todavía rebelde Ejército de Liberación Nacional (ELN), que se había fortalecido desde que las FARC habían buscado la solución pacífica.

     La cercanía de estas fuerzas insurgentes a la frontera con Venezuela no ayuda en nada al clima de paz.  Colombia tiene límites territoriales tanto con Venezuela como con el incendiado Brasil, justo en el área del Amazonas, lo que hace éstos muy porosos y susceptibles al tráfico ilícito de drogas y otros ingredientes que componen elementos del desasosiego de la población.  El fuego que no para en Brasil y Bolivia y la indiferencia de Washington, así como una política desarticulada sobre la región (más allá del empecinamiento de remover a Nicolás Maduro de su cargo) son ingredientes apetecibles para crear una inestabilidad mayúscula que por rebote afecta a Panamá.

     El país vecino, Colombia, del que fuimos parte hasta 1903, ha sufrido por más de 50 años de lo que ellos llaman “la violencia” y para todos fue un ejemplo el que se lograran esos acuerdos de paz, que fueron celebrados en el mundo entero.  Así como ha sido escenario de cruentas batallas, se ha empinado sobre ellas para desarrollar planes ambiciosos de desarrollo en sus áreas rurales que no cuentan con una infraestructura adecuada, de la que gozan las ciudades más avanzadas.  La firma de los acuerdos de paz, a fines de noviembre de 2016 le dio al mundo la esperanza de que muy grandes antagonistas, conflictos políticos y confrontaciones mayores, podían ser motivo de diálogo y puntos de concordancia.  Sería una pena para todo el continente, y un fracaso para los policías del mundo, los Estados Unidos, y ahora en la figura de Donald Trump, que por su negligencia y empecinamiento en buscar batallas donde no las hay, desoiga las lecciones que nos brindó este ejemplo.  El norte de América del Sur está a punto de estallar y eso nos afecta a todos.

PANORAMA ELECTORAL PANAMEÑO


Por Mariela Sagel, Política Exterior.com, 19 de marzo de 2019

     El lunes 4 de marzo, lunes de Carnaval, se levantó la veda electoral e inició la campaña publicitaria a los puestos de elección electoral que se efectuarán el 5 de mayo.  Ese día se elegirá 1 presidente, 71 diputados, 81 alcaldes, 20 diputados para el Parlamento Centroamericano, 679 representantes de corregimiento y 9 concejales.  El padrón electoral, tal como cerró al 31 de diciembre de 2018 asciende a 2,757,823 personas, de las cuales el 50.22% o 1,385,076 somos mujeres y 1,372,747 hombres, casi mitad y mitad.

     De ese universo, el 18.9% son jóvenes de 18 a 25 años (521,535), el 11% de 26 a 30 años, 20% de 31 a 40 años, 17.8% de 41 a 50 años, 14.3% de 51 a 60 años, 9.4% de 61 a 70 años y 5.6% de 71 a 80 años.  El resto, 2.9% son mayores de 81 años.

     Los afiliados a los partidos políticos suman 1,333,308, de las cuales el 51% somos mujeres y el resto hombres.  Los no afiliados son 1,424,515, siendo hombres la mayoría en este grupo. 

     En Panamá no hay segunda vuelta, de manera que el que gane para presidente lo tiene que hacer por mayoría.

     Siete son los candidatos que se disputan la silla presidencial que está ubicada en el Palacio de las Garzas, 4 de partidos políticos y 3 independientes.  Es la segunda vez que candidatos independientes corren para presidentes y su llegada a esa terna fue casi de “photo finish”.

     Anteriormente, en 1994, Panamá tuvo siete aspirantes al solio presidencial, con la gran diferencia de que la coalición gobernante hasta entonces, que fue juramentada en una base gringa cuando ocurrió la invasión, postuló un aspirante por cada partido, y es así como el Partido Revolucionario Democrático (PRD) se alzó con la victoria, a solamente cuatro años de haber sido capturado el ex general Manuel Antonio Noriega, que llevó al despeñadero a la cúpula militar y por defecto, a ese partido.  Allí se evidenció la máxima de “divide y vencerás”, pues si la coalición hubiera ido unida, el PRD no hubiera ganado.

     Sin embargo, Ernesto Pérez Balladares, abanderado del PRD encabezó un gobierno que ha sido el más exitoso en 30 años en todo sentido.  La gestión anterior había pactado hacer ajustes estructurales a la economía, rezagada como estaba, y no se atrevió a cumplirlos, por lo que el gobierno del “Toro” (como se apoda) modernizó el estado y ha sido el que menos endeudó al país.

EL ESCENARIO ACTUAL

    Las cosas son muy diferentes ahora.  Después de 10 años de desgobierno (Ricardo Martinelli gobernó de 2009 a 20014 y su vicepresidente fue el actual presidente, Juan Carlos Varela, que ha fungido como presidente del 2014 hasta este año).  La gestión Martinelli-Varela se caracterizó por las mega obras que no se terminaron (solamente se terminó el Metro, que era un proyecto engavetado desde la gestión Pérez Balladares).  Después de 26 meses de andar de arriba para abajo juntos, en las buenas y en las mejores, Martinelli y Varela rompieron y se convirtieron en enemigos.  Martinelli se auto asiló en Estados Unidos una vez ganó Varela (en 2015) y allá fue capturado en 2017 por la policía federal.  Cumplió un año de pena engrilletado y fue extraditado a Panamá y desde entonces (junio 2018) está recluido en la cárcel El Renacer, y a pesar de la cuadrilla de abogados que tiene y de las ofertas de fianzas que propone, amén de los intentos de fuga que ha protagonizado, se le sigue juicio por varios casos, principalmente por pinchar los teléfonos de más de 150 personas consideradas sospechosas o peligrosas a su gestión, entre las que está su propia esposa.

     Juan Carlos Varela ganó en 2014 por un tercio de los votos y ni él mismo se lo creía.  Le costó formar gobierno porque su partido, inspirado en la doctrina populista de derecha que pregonaba el Dr. Arnulfo Arias (tres veces presidente y tres veces depuesto, la última vez a los once días de haber sido juramentado) es el más carente de gente pensante y preparada.  Los profesionales que hubieran podido ayudar a hacer una buena gestión no le aceptaban los puestos.  Su gestión se ha visto empañada por escándalos (Panamá Papers, Odebrecht, Caso Waked, etc.), mucho revanchismo y muy poca acción, al punto que se le ha apodado “Tortugón”.  Es de reconocer que se atrevió a romper relaciones con Taiwán y establecerlas con China, lo que ha levantado las alertas de Estados Unidos, que ven su supremacía comercial en serios problemas.  Le tocó inaugurar la ampliación del Canal de Panamá en 2016, a pesar de que, en su momento, cuando se llevó a referéndum, su partido se opuso a la misma.  Saldrá con el índice más bajo de popularidad que se recuerde y con el nivel de endeudamiento más alto.  La economía se ha visto gravemente afectada y el crecimiento del país, envidiado por muchos, ha mermado.

LOS ASPIRANTES

     En esta campaña, los cuatro partidos que tienen abanderados son el PRD, el Panameñista (el de Varela), el Partido Cambio Democrático (CD-franquicia de Ricardo Martinelli) y el Frente Amplio por la Democracia (FAD), de orientación izquierdista. 

     El abanderado del PRD, Laurentino Nito Cortizo va adelante en las encuestas y su slogan #UniendoFuerzas ha calado y ahora que inició la campaña le agrega “Un buen gobierno”.  Al PRD se le alió el partido Molirena, originalmente conservador.  El PRD pertenece a la Internacional Socialista.  Cortizo escogió como vicepresidente a un joven de 35 años, preparado y carismático.  Cortizo ha sido diputado, ministro de agricultura y conoce muy bien el sector agropecuario.  A pesar de las críticas por la selección del que lo acompaña en la vicepresidencia, es obvio que se busca el voto joven, que tan decepcionado ha estado en los últimos años.

     El aspirante de los Panameñistas es José Isabel Blandón, que es actualmente el alcalde de la ciudad capital.  Blandón carga con el desgaste del gobierno actual y a pesar de sus ingentes esfuerzos por alejarse de la gestión Varela, el descontento es tal que es difícil que llegue siquiera en un tercer lugar.  Escogió como vicepresidenta a una mujer profesional, de la provincia de Colón, negra y miembro del PRD, tratando de captar tanto el voto de esa provincia, a la que Varela le prometió mucho y no le cumplió, así como el voto femenino, además de que Cortizo fue diputado por Colón y tiene gran popularidad allí.  La señora Nilda Quijano es practicante de la religión evangélica y cada vez que habla nombra a Dios como razón de todo, lo que molesta a muchas personas.  Ella fungió como Gerente de la Zona Libre de Colón en el gobierno PRD de Martín Torrijos (2004-2009).  Al Partido Panameñista se le alió el Partido Popular, otrora la Democracia Cristiana, que seguramente desaparecerá en esta contienda.  Su slogan “El cambio profundo para un país más justo”.

     El candidato del CD es Rómulo Roux, un abogado de familia aristocrática que fue ministro de varias carteras durante el gobierno de Martinelli y goza de cierta credibilidad.  Su slogan de campaña es #LoBuenoVuelve, apelando al crecimiento que se experimentó durante la gestión del preso del Renacer, crecimiento que nos ha costado mucho por lo artificial que era.  Roux escogió como candidato a vicepresidente a un camarógrafo que se había destacado por conseguir donaciones para que niños y personas de bajos recursos fueran operados en el extranjero.  Si bien José Casis es un tipo del pueblo, no tiene los conocimientos básicos para manejar ni cifras ni datos que se exigirían a un vicepresidente y eventual reemplazo al presidente.  Roux busca el voto del pueblo, pero es posible que le haya perjudicado la carrera a Casis. El CD está aliado con el partido Alianza, que es como un brazo ejecutor de los mismos personajes que forman el CD.

    El FAD, que por segunda vez participa en las elecciones como partido legalmente formado, tiene como candidato a un sindicalista de la construcción, Saúl Méndez, que ha sido muy beligerante en la lucha obrera por los últimos 20 años.  Su vicepresidenta es la misma que acompañó en la campaña pasada al abanderado del 2014, Maribel Gordón, una economista muy preparada.

LOS INDEPENDIENTES

     El fenómeno de los candidatos independientes es digno de resaltar pues en un momento hubo 18 aspirantes para un cupo de solamente tres.  Es la segunda vez que corren candidatos independientes, en 2014 también hubo tres que apenas consiguieron una decena de miles de votos.  En esta ocasión, de los dos primeros que arrancaron a obtener firmas para su candidatura, Ricardo Lombana y Ana Matilde Gómez (exprocuradora y actual diputada, además de la única mujer candidata a presidente) lograron quedar entre los tres.  El fenómeno fue el exdiputado Marco Ameglio, afecto al partido Panameñista y con recursos ilimitados, que llegó de último y quedó entre los tres aspirantes.  Sus intervenciones públicas se han caracterizado por ser prepotentes, ofensivas y a pesar de querer distanciarse del gobierno varelista, no tiene credibilidad.  Mucho se habla de compra de firmas por lo meteórico que ascendió al tercer lugar.

    Otro de los que primero empezó a recoger firmas, Dimitri Flores, un perfecto desconocido que más se parece al personaje de una canción del cantautor Rubén Blades, “Pedro Navaja“, que a un aspirante a presidente, respaldado por empresarios de la Zona Libre, estuvo a punto de disputarle el lugar a Lombana, y al final no pudo, por eso mencioné que la final fue de “photo finish”.

     Los independientes, a pesar de que sería una propuesta interesante a considerar, por la composición actual del rol de presidente y la Asamblea Nacional de Diputados, no tendrían maniobrabilidad y podrían causar un caos en el país.  Los diputados, considerados la casta política más corrupta y deleznable que existe, están enfrentados a una campaña que cobra fuerza cada día de #NoALaReelección, porque han probado, con muy pocas excepciones, ser perfectamente inútiles.  El balance de las leyes que se han pasado durante cinco años es tan negativo que debe darles vergüenza presentarse a la reelección.  Tienen demasiadas prebendas y en este quinquenio se han descubierto planillas millonarias que se les asignaban sin justificación.

     El tema legislativo tiene que ser modificado.  Los diputados están para legislar, pero son electos por circuitos, así que invierten tiempo y dinero en esos circuitos para complacer a sus electores, haciendo obras o regalando materiales, lo que no les corresponde.  La planilla de la Asamblea Nacional es absolutamente escandalosa por la cantidad de “botellas” (personas que cobran un salario, pero no trabajan) que tienen estos 71 “padres de la patria”, como se les llama.  Definitivamente que la forma de elegirlos y sus funciones tienen que ser motivo de un cambio radical.

     En esta contienda se han cambiado las reglas del juego en cuanto a término de la duración de la campaña y los montos de donaciones a recibir, principalmente por el tema Odebrecht, que aún no logra avanzar en el Ministerio Público.  La publicidad tradicional en combinación con las redes sociales seguramente serán factores determinantes que, gracias a los cambios hechos por el Tribunal Electoral, solamente sufriremos por 60 días.

     Algo inédito que se verá en estas elecciones es que el expresidente Ricardo Martinelli, que está preso en la cárcel El Renacer, va a correr para diputado por el corregimiento donde no ha vivido desde 2015 y, además, está aspirando también a ser alcalde de la ciudad capital.  Y como este país se caracteriza por sufrir de Alzheimer o la corrupción se ha generalizado a tal nivel, capaz de que gana.