El uso del bidé

Por Mariela Sagel, 7 de septiembre de 2020, El Siglo de Panamá

Recuerdo en mis años de infancia que en la casa familiar había un bidé en el baño de la recámara principal. Desde entonces no he vuelto a ver uno en Panama, pero sí lo he encontrado en hoteles de España, Italia y ahora en Turquía, en todos los inodoros, inclusive los públicos.

El bidé es un utensilio inventado en Francia en el siglo XVII para mejorar la higiene de las partes íntimas de las personas. En Estados Unidos se descontinuó su uso y seguramente eso ha hecho de que nos olvidemos de los beneficios del mismo. No es un reemplazo para el papel higiénico, por el contrario, una vez que se ha limpiado muy bien el ano y los genitales se utiliza para asegurar la limpieza de esta aérea del cuerpo humano.

En nuestros países cálidos es muy importante su uso porque la humedad y el calor contribuyen a volver estas áreas pudendas en atractivo de infecciones y malos olores. Su uso debería retomarse para que todos aprendamos a mantenernos y sentirnos limpios.

Los que me he encontrado en Turquía son apenas una pieza dentro del inodoro que se activa con una llave a un costado. El que teníamos en casa era una pieza adicional dentro del baño, lo que seguramente aligeró la eliminación del mismo por hacer espacio. Con esta nueva modalidad de incorporarlo al inodoro, no hay justificación para no contar con sus beneficios. Debería ser algo que sea obligatorio en las nuevas construcciones. Entiendo que en Panama hay la fórmula de instalar ese dispositivo en los baños modernos. Leyendo su historia, entenderíamos mejor la importancia que debe tener en el aseo personal de cada individuo.

Emprendamos una campaña para retomar el uso del bidé. Por nuestra salud, nuestra higiene y también para que las próximas generaciones aprendan de un artefacto que se inventó hace casi 5 siglos y no pierde vigencia.

Aprendiendo de las buenas prácticas

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 30 de agosto de 2020

La noticia que sacudió a Turquía el pasado 21 de agosto fue el hallazgo de un depósito de gas natural en el Mar Negro de proporciones tan impresionantes que permitirá al antiguo Imperio otomano convertirse en una potencia en este campo a la vez que mejorará su balanza de importaciones del rubro de países como Rusia, Irán y Azerbaiyán. No es poca cosa, pues la nación había dependido de estos suministros y ahora podrá disfrutar del usufructo de sus recursos, especialmente en beneficio de una población tan numerosa como avanzada, en todos los campos, especialmente el tecnológico, turístico y científico.

Interesante también es la forma en que este país ha manejado la pandemia que azota al mundo, la de la COVID-19, que tiene a la mayoría de los países arrodillados. Desde el mes de junio Turquía volvió a la normalidad y en sus calles lo único que notas es que la gente lleva mascarillas y hay dispensadores de alcohol por todos lados. En algunas tiendas no puedes entrar, pero te despachan desde dentro y en otras no puedes probarte la mercancía, pero te dan 60 días para devolverla en caso de que no te quede (en rubros como ropa). Todo lo demás funciona casi normal, con una exigencia de distanciamiento físico en transportes, restaurantes, y otros sitios donde se congrega mucha gente. El no uso de la mascarilla es sancionado por ley.

Evaluando las cifras que arrojan a diario los nuevos contagios y comparando con la cantidad de población que existe, se puede apreciar que el país y sus instituciones tomaron muy temprano control del virus y lo bloquearon parcialmente. El turismo, que aporta 16 % al PIB del país, ha decaído no tanto por la situación de aparente normalidad que aquí se aprecia, sino por las restricciones que imponen otros países a sus ciudadanos a viajar. Y aún así hay mucha actividad en este verano que ya casi termina.

La tasa de letalidad anda por el 2.7 y el total de casos alcanza 260 mil. Los muertos apenas seis (6) mil y se han aplicado a la fecha más de seis (6) millones de pruebas. Turquía tiene una población de alrededor de 82 millones de habitantes.

Intrigada en qué habían hecho bien para que estén tan bien, y valga la redundancia, además de estadísticas y análisis que revisé, conversé con un alto funcionario de la Cancillería turca que me manifestó que el Gobierno ha invertido mucho en el sistema de salud en los últimos años, lo que le ha permitido enfrentar el virus de manera frontal y sin improvisaciones o adaptaciones de estructuras para que sirvieran de hospitales. Su capacidad hospitalaria nunca ha alcanzado ni el 75 % de ocupación. Eso, aunado a una fuerte inversión en educación, para que la gente entendiera que no eran medidas coercitivas, sino preventivas, permitió que se controlaran a tiempo los contagios. En estos días han impuesto medidas como la prohibición a los mayores de 65 años de asistir a bodas o eventos sociales similares, por un leve rebrote. Se espera que, como en todos los países, haya una nueva oleada de contagios por la prueba de fuego que representa la reapertura de los colegios, en el mes de septiembre. El cierre de las fronteras con los países vecinos, especialmente Siria e Irán en el mismo momento que se declaró la pandemia, representó una ventaja para el control de la misma.

Algo que ha mostrado la larguísima cuarentena que se observa en Panamá, que se ha ido relajando poco a poco por la presión económica que representa la paralización de sus actividades, es que nuestros sistemas de salud no están ni sincronizados ni son robustos, por el contrario, son tremendamente frágiles. Eso, aunado al abandono que tuvieron los Gobiernos anteriores a las estructuras sanitarias y la capacitación de personal ha producido un choque brutal, del que no logramos reponernos. También la educación juega un papel relevante, toda vez que la compresión y observación de todos los residentes del país a las reglamentaciones que impone el Gobierno solamente pueden ser adoptadas por una población disciplinada y eso únicamente se obtiene en una sociedad educada. Debemos aprender de las cosas buenas que hacen los países que han no vencido, sino controlado el desborde de la pandemia.