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MAGRITTE EN EL MUSEO THYSSEN

Por Mariela Sagel, en La Estrella de Panamá, 17 de octubre de 2021.

Desde el 14 de septiembre y hasta el 30 de enero del año 2022 se cuelgan 57 obras del pintor belga René Magritte en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid. Esta exposición, además de tener muchos coleccionistas que han cedido sus obras para que otros como nosotros las podamos apreciar, tiene el respaldo de la Comunidad de Madrid. Lleva como título: “La máquina Magritte”.

René Magritte nació en 1898 en Lessines, provincia de Hainaut, Bélgica. Su padre era sastre y comerciante, y la madre, sombrerera. A la temprana edad de 12 años recibió sus primeras clases de dibujo y pintura.

Un evento trágico marcó su vida: el suicidio de su madre, cuando René tenía 14 años. La señora se tiró al río Sambre y su cuerpo fue recuperado varias semanas después, con el camisón enredado alrededor de la cabeza, cubriéndole la cara.

Magritte en el Museo Thyssen

Su primera muestra colectiva la realizó en la Exposition des arts et métiers de Chatelet en 1916 y ese mismo año ingresa a la Académie Royal des Beaux-Arts de Bruselas. Las principales asignaturas que cursa son pintura decorativa y composición ornamental. Un par de años después incursiona en los carteles comerciales con el anuncio de una sopa instantánea. A partir de entonces colabora con dibujos en una revista y monta un estudio con el pintor abstracto Pierre-Louis Flouquet, cimentando una relación que los llevará a exponer en el vanguardista Centre d’Art. Se va relacionando con los futuristas italianos y los dadaístas.

Su carrera artística se ve interrumpida por la obligación del servicio militar, que lo lleva a cumplirlo en una ciudad alemana. Sigue pintando y aún estando bajo cumplimiento, participa con cinco obras en la Manifestation Internationale d’Art Moderne de Ginebra.

Una vez dado de baja del ejército, trabaja como diseñador en la fábrica de papeles Peter-Lacroix. Va incorporando intelectuales a su círculo íntimo, entre ellos al escritor Marcel Lecomte.

Magritte en el Museo Thyssen

Tras varios años de conocerse y reencontrarse se casa con Georgette Berger y Magritte diseña parte del mobiliario de su hogar. Desde entonces sigue su carrera artística tanto en el campo publicitario como en la pintura y su obra empieza a destacarse desde 1927 y tiene una exposición de 60 obras en Le Centaure. La fama no le es esquiva con solo 29 años y trabaja intensamente en sus obras que combinan palabra más imagen (unas 130 en total) y posteriormente se va integrando al movimiento surrealista, al mudarse a París, codeándose con Salvador Dalí, mientras este trabajaba en la película de Luis Buñuel El perro andaluz. En 1929, el colapso económico deja sin efecto el contrato que tenía con la galería, que se quedaría con unas 200 obras sin vender.

A Dalí se le suman los Eluard (Paul y Gala), Luis Buñuel y Joan Miró. Posteriormente exhibirán conjuntamente Jean Arp, Salvador Dalí, Yves Tanguy y René Magritte en la galería Goemans de París. Una desavenencia con André Breton, que incluso había adquirido una de sus obras, los aleja por varios años.

Por causa de la crisis económica de inicios de 1930, la pareja regresa a Bruselas y René se dedica a la ilustración comercial, sin dejar de exhibir cuando hay oportunidad. Por esos años se dedica al cine en forma aficionada.

Magritte en el Museo Thyssen

En 1935, Magritte firma el manifiesto de Breton “Du temps que les surréalistes avaient raison”, que representa la ruptura con el partido comunista. En 1936 expone por primera vez en Estados Unidos y de allí va mostrando su obra en muchos países importantes para los movimientos plásticos. Sus obras impresionistas son bien recibidas, pero, cuando en 1948 le pone punto final a ese período, la crítica lo destroza por el modo histriónico y caricaturesco con que lo reemplaza.

“En su país de origen, así como en las principales capitales artísticas su obra es reconocida, tanto como su persona, recibiendo premios e invitado a ser miembro de academias”.

En 1954, una galería de Nueva York exhibe 21 obras de Magritte que impacta a jóvenes artistas como Jasper Johns, Robert Rauschenberg, Roy Lichtenstein y Andy Warhol. Ese mismo año se organiza una gran retrospectiva de sus obras en el Palais de Beaux-Arts de Bruselas, con casi 100 obras. Igualmente, el pabellón belga de la Bienal de Venecia, dedicado al surrealismo, incluye 24 obras de Magritte.

En su país de origen, así como en las principales capitales artísticas su obra es reconocida, tanto como su persona, recibiendo premios e invitado a ser miembro de academias. Su nombre resuena en todos los rincones del mundo. En 1965 exhibe una gran retrospectiva en el Museum of Modern Art de New York, a la que asiste, siendo este su primer viaje con su mujer a Estados Unidos, donde tiene tantos coleccionistas.

Magritte en el Museo Thyssen

Lamentablemente, su talento se apaga en 1967, a los 68 años, de un cáncer de páncreas. Una vida fascinante con reconocimientos de sus obras y experiencias que lo convirtieron en el gran artista que fue.

La exposición

Titulada “La máquina Magritte” por la adhesión del pintor René Magritte, al catálogo de productos de una supuesta sociedad cooperativa “La Manufacture de poésie”. Fue el único pintor que la suscribió y era descrita como una máquina para hacer “cuadros pensantes”. Al artista le gustaba decir que sus cuadros eran “pensamientos visibles”.

Magritte en el Museo Thyssen

Esta fantasía, de una máquina de pintar, que hacía alusión a las abundantes réplicas del autor tenía precedentes en la literatura de vanguardia de alrededor de 1900, cuyos precursores del surrealismo eran Alfred Jarry y Raymond Roussel, quienes habían descrito una máquina de pintar que, manejada por el aduanero Rousseau, se utilizara para embellecer los cuadros académicos del Musée du Luxembuourg.

Si la máquina de pintar de Magritte prometía un número ilimitado de cuadros, su secreto debía residir en un mecanismo capaz de generar variaciones y combinaciones a partir de un número reducido de motivos. Así explicaba Magritte su propia productividad, según nos cuenta el curador de la muestra, Guillermo Solana: “Desde mi primera exposición, en 1926, que fue mal recibida, he pintado un millar de cuadros, pero no he concebido más que un centenar de imágenes de las que hablamos. Este millar de cuadros es el resultado de que he pintado con frecuencia variantes de mis imágenes: es mi manera de precisar mejor el misterio, de poseerlo mejor”.

Esta multiplicación de variantes tuvo, como se ha señalado, razones comerciales ya que cuanto más crecía la demanda por sus cuadros más recurría Magritte a crear nuevas versiones de pinturas anteriores. Esto le generó muchas críticas, pero el valor intelectual que el artista le confirió a la despersonalización y la objetividad de estas auto reproducciones de su obra, lo eximieron.

Magritte en el Museo Thyssen

Toda la maquinaria Magritte, sus procesos, sus razones y la generación de motivos básicos se muestran en la retrospectiva que se cuelga en el Museo Thyseen-Bornemiza, con un itinerario diseñado para seguirlo mediante sus recursos meta pictóricos. La primera sección: “Los poderes del mago” tiene sus autorretratos. La segunda, “Imagen y palabra” se centra en la introducción de la escritura en la pintura. La tercera, “Figura y fondo” examina las posibilidades paradójicas engendradas por la inversión de figura y fondo, silueta y hueco, como componentes del campo visual. La cuarta, “Cuadro y ventana” estudia el cuadro dentro del cuadro. La quinta, “Rostro y máscara”, muestra la supresión del rostro en la figura humana. En la sexta sección, “Mimetismo” aborda la fascinación de Magritte por el mimetismo animal. La séptima y última sección “Megalomanía” interpreta el frecuente recurso del artista del cambio de escala como un movimiento antimimético.

Es una obra intelectual de alto calibre, para ser estudiada y analizada en su contexto, de un artista que, sin estridencias, dejó su impronta en la historia de la pintura universal y que hoy es reconocido como uno de los grandes artistas que ha dado su país y el movimiento al que se adhirió.