Casco Antiguo, una ‘esquinita’ protagonista

NUEVO LIBRO DE MARCELO ANTINORI

MARIELA SAGEL | 

Ego, La Estrella de Panamá, 22 de junio de 2012

Un cargo en el BID lo trajo a Panamá. Se instaló en un rincón de San Felipe, el lugar que despertó tantas plumas antes de la suya. En ‘El último vuelo del cóndor’, el punto más antiguo de la ciudad es el escenario donde se teje la trama

Marcelo Antinori no es un hombre desconocido en Panamá. Por varios años anduvo de saco y corbata en los entretelones de la política económica como representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Es brasileño pero alega que con el tiempo se hizo latinoamericano, ya que se sentía orgulloso de la síntesis mágica de la sangre africana, el conocimiento de los pueblos originarios y el ímpetu aventurero de los europeos. Estudió en la Sorbona, la afamada universidad parisiense, de donde egresó con especialidades en Política y Programación del Desarrollo.

En el BID estuvo 20 años, trabajando muy de cerca con el director anterior, el uruguayo Enrique Iglesias, y, cuando fue destinado a Panamá, su amigo Fernando ‘Ñopo’ Eleta le sugirió que viviera en el Casco Antiguo. Eso fue todo para él. Según sus propias palabras su corazón ‘siempre estuvo dividido entre una mano derecha que quería estar libre para poder volar cada vez más alto y una mano izquierda ansiosa por entregar su libertad para poder tener alguien con quien compartir sus vuelos. Por mucho tiempo viví con tal intensidad que mal tuve tiempo de escribir sobre lo que hacía y ahora, con la ansiedad calmada por las canas, quiero poder disfrutar lo que veo, escribiendo como alguien que saborea un buen vino’. 

Bajo la acertada dirección y edición de Ariel Barría Alvarado, quien le enderezó su portuñol (español-portugués), Antinori culminó El último vuelo del cóndor, el primero de cuatro libros que abrazan la literatura de ficción. Aunque el autor se mofa de que no escribe bien en español, el producto final es impecable, asimismo la portada del libro, editado por Exedra. Después de este título, sigue ‘Recuerdos del fin del mundo’, ya casi en imprenta, ‘El Monito con traje de Napoleón’ y ‘El húngaro que se fue sin avisar’. El quinto apenas está en esbozo. En todos, sigue siendo Santa Clara el hilo conductor, y Santa Clara no es otra que el Casco Antiguo.

El personaje principal de la novela —contrario a algunos escritores que advierten que cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia, apenas una empieza la lectura identifica alguno que otro personaje de cuyos nombres no me quiero acordar— es el Casco Antiguo de Panamá, donde se recrea una compleja y fascinante trama que hacen de la lectura de este libro una aventura alentadora en medio de tanto desasosiego.

El autor vino a presentar la novela en nuestra ciudad justo la semana en que vetaron la ley de Cultura y la Unesco hizo público que Panamá está ofendiendo al pueblo panameño al no cumplir con lo que se comprometió a hacer en relación a la tercera fase de la Cinta Costera.

Entre los congregados a la presentación del libro estuvieron algunos de los personajes de su novela. Antonori alegaba que la mayoría de los residentes pudientes salen con prisa de la ciudad los fines de semana en vez de recorrer esas callejuelas que tanta historia transpira.

Y bien se sabe que los que no salen de la ciudad se meten en los centros comerciales, porque no existe la cultura de hacer vida cultural, visitar museos o conocer lo más valioso que tenemos y que estamos a punto de perder.

EL EJEMPLO DE LA HABANA

La Habana Vieja (fundada en 1519), de Cuba, con mayor extensión que la esquina que es nuestro Casco Antiguo, ha sabido capitalizar toda su riqueza histórica y patrimonial y gracias a una bien coordinada campaña se ha convertido en la mayor atracción turística de la isla caribeña, generando muchos ingresos para el país.

La Habana Vieja fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1982 y desde entonces el historiador E usebio Leal Spengler no ha dejado ni un solo día en darle valor, en un país sometido a un bloqueo inclemente y con muchísimas restricciones, siendo capaz de conseguir hasta que la iglesia Católica le donara una considerable suma de dinero para restaurar la Catedral Virgen María de la Concepción Inmaculada.

DEFENSOR DE ‘LA ESQUINA’

El especialista en política y desarrollo, quien no se explica cómo exista tanta miopía y avaricia que implique dañar lo más preciado que tiene la capital panameña, escribió en un artículo de opinión que si los políticos no son capaces de prohibir la destrucción de los manglares y vetan el desarrollo de la cultura, mucho menos van a defender la belleza de esa esquina que atesora nuestra historia. Lamenta que ‘son los políticos y no los poetas los que toman las grandes decisiones, y que de los primeros no se puede esperar mucho porque ellos apenas son lo que son’.

Que sean los extranjeros l os que vengan a señalarnos los tesoros que tenemos y enaltecerlos es una pena. Pero es un orgullo que el Casco Antiguo sea el protagonista de una historia que a muchos encantará y a otros motivará a apoyar la justa lucha contra el avance de la costanera.

Marcelo Antinori, quien actualmente reside en Washington, Estados Unidos, volverá al istmo para la celebración de la VIII Feria del Libro de Panamá (22 al 26 de agosto)

 

Fin de una era

MARIELA SAGEL 

marielasagel@gmial.com

El Siglo, 18 de Junio de 2012

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés) se retira de Panamá después de 50 años de haberse establecido formalmente aunque desde 1940 estuvo brindando ayuda técnica, concretamente en el establecimiento de una plantación de caucho, cuando aún no se había conformado como el brazo de asistencia a los países en desarrollo.

Las razones básicas para cerrar sus oficinas son que Panamá ha crecido tanto económicamente, que su Producto Interno Bruto se ha quintuplicado en los últimos 22 años (después de la invasión), lo que coloca a Panamá en una posición privilegiada al mismo tiempo que lo descalifica para seguir recibiendo ayuda o subsidios en programas de desarrollo.

La AID ha sido vista en Panamá, como en otros países, como otro brazo más de la inteligencia estadounidense para espiar en el país, pero eso está lejos de la realidad. Los años que ha estado presente –interrumpidos cuando fueron expulsados por los militares— han brindado ayuda técnica en temas como sostenibilidad, fortalecimiento de gobiernos locales, asuntos de género, sistema penitenciario, capacitación de jueces, provisión de equipos para sistematizar los procesos y otras muchas actividades que han beneficiado a comunidades de escasos recursos y autoridades de gobierno. Cuando se reabrieron sus oficinas, posteriormente a la invasión de 1989, fueron los que canalizaron la ayuda que el gobierno de los Estados Unidos había destinado para reconstruir el país, que aún no sabemos si se recibió en su totalidad. Lo cierto es que las agencias de cooperación funcionan en base a un presupuesto, y si éste no se ejecuta, sea por las razones que sean, el mismo no está disponible para el siguiente año. A lo mejor los panameños no supimos ejecutar a tiempo los programas que se habían acordado.

En el Panamá post invasión tuvo una encomiable tarea: atender a los miles de corrilleros que quedaron sin hogar y que fueron ubicados temporalmente en hangares de Albrook. Gracias al apoyo que recibió el director en ese momento de la señora Teresita de Arias, esposa del Vicepresidente Ricardo Arias Calderón, la labor se llevó a cabo con éxito y sin grandes traumas.

Hace poco estuvo de visita en nuestro país una de las más altas autoridades en su momento de esa misión y quien ahora está en Afganistán y quedó gratamente sorprendida de los avances que ha tenido Panamá y pudo concluir que los esfuerzos que hicieron no fueron en vano.