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HERENCIA IMBORRABLE

Por Mariela Sagel, El Siglo, 24 de junio de 2019

A solo una semana para que acabe este gobierno, que continuó las prácticas deshonestas y corruptas del anterior, porque el presidente saliente fue el mejor alumno de a quien fungiera como su vicepresidente, hay que recordar algunas cosas que nos ha dejado en herencia este gobierno Panameñista, que por sus características y el mal ejemplo que han dado, espero que no lo vuelvan a elegir.

La renovación prometida para Colón nunca llegó. En cambio, queda una ciudad que pareciera que le hubiera caído una bomba atómica.  Sus vetustos edificios siguen en pie con la sombra del esplendor que alguna vez tuvieron.  Ni hablar de la prometida renovación de la casa Wilcox, escenario del mensaje del presidente el primer día de su mandato.  Habría que exigir un áudito del proyecto habitacional que manejó el estado y lo que se gastó en publicitar algo que nunca se hizo realidad.

Las relaciones internacionales han sido manejadas al capricho de la canciller y de acuerdo a sus intereses.  Su peor resbalón fue el no anteponer la defensa del país y sus ciudadanos ante los ataques a los cuales  hemos sido y seguimos siendo objeto. 

Del resto del gabinete mejor que pasen al olvido, para no amargarnos la vida, que suficiente tenemos con transitar por las destrozadas calles de la ciudad.  De la Asamblea, con muchos diputados nuevos, espero que los que se reeligieron no les enseñen sus malas mañas.  Y de la Alcaldía capital quedan el Parque Urraca, la calle Uruguay y la Vía Argentina cómo mudos testigos de lo que es hacer obras que traumaticen a todos.

Tengo grandes esperanzas en el nuevo director del Instituto de Cultura y el trabajo titánico que tiene por delante para elevarlo a Ministerio.  Ojalá hayamos llegado ya al punto de que la cultura y la educación sean las estrellas que guíen las decisiones gubernamentales.  Los políticos le tienen miedo a la cultura porque saben que un pueblo culto no es manipulable.  Espero que lleguemos pronto a hacer realidad esos sueños.

RETOMAR UN PLAN TURÍSTICO


Por Mariela Sagel, 5 de mayo de 2019, La Estrella de Panamá

     La semana pasada se celebró en Panamá el 1er. Foro de Novela Histórica en el marco de la conmemoración de los 500 años de la fundación de Panamá Viejo, “donde empezó todo”, como dijera la directora ejecutiva del Patronato que guarda celosamente las ruinas de la primera ciudad establecida por los conquistadores españoles en el Océano Pacífico.  Más de cien personas se inscribieron y asistieron puntualmente durante tres días a escuchar a los ocho escritores extranjeros y tres panameños que se refirieron al pasado para hablar del presente, de momentos históricos y cómo se reescribe la historia, entre muchos otros temas.

     Una de las primeras interrogantes que surgieron cuando estaba haciendo uso de la palabra el escritor peruano Alberto Massa fue si en la isla de Taboga hubo astilleros que permitieron a Francisco Pizarro y Diego de Almagro habilitar sus buques para salir a conquistar, el primero el Perú y el segundo Chile.  Revisando mis apuntes sobre esa isla constato que, en el Morro, la pequeña isla apéndice, existía un astillero de 100 metros de largo, donde se reparaban barcos, y donde había depósitos, muelle, oficinas, talleres, viviendas, un hospital en la cima del cerro, y un cementerio.  Para que se dieran todos estos servicios, la isla contaba con más de 700 obreros especializados y llegó a tener, en 1870, una población de 1,568 habitantes, cifra que ascendió a 3,130 en 1896.  Se encontraban allí almacenes para abastecer barcos, tiendas de ropa, talleres de carpintería, panaderías, billares, locales para fiestas, pensiones, tiendas mayoristas, un pequeño mercado y tres médicos.

     Antes de que Pedro Arias de Ávila decidiera fundar la ciudad donde está el conjunto histórico de Panamá Viejo, pasó por la isla.  Sir Henry Morgan, después de saquear la ciudad de Panamá, envió tropas a Taboga, que llevaban orden de quemar todas las casas y hacerse de todas las monedas de oro y mercaderías que estuvieran a mano, en el año 1671.  Otros piratas también escogieron sus tierras para abastecerse o establecerse.  Se conoce que el pirata Hawkins se instaló en Taboga en el año 1686, y desde allí recibía la visita de mercaderes de Panamá, que le compraban los bienes mal habidos.  El hecho de que fuese Taboga el punto de partida y regreso de todas estas expediciones obedece a que está en dirección sur, lo que la hace propicia para la entrada a Panamá. 

     Taboga no solo ha sido testigo de muchos hechos y tránsitos históricos sino cuna e inspiración de artistas.  El escritor emblemático panameño, Rogelio Sinán, nació allí el 25 de abril de 1902 –razón por la cual el Día del Escritor Panameño se conmemora en esa fecha –, el gran pintor Roberto Lewis, a quien debemos los frescos del Teatro Nacional y del Palacio de las Garzas (residencia presidencial) se refugió en la isla y de allí salen sus famosos tamarindos, que no solo enaltecen los murales de la sede del gobierno, sino que se reproducen en muchos de sus cuadros.  Taboga se vio inmortalizada en las notas del compositor Ricardo Fábrega, con su obra homónima, bolero inolvidable que reza:  “En esta noche callada, que mi tormento ahoga, quiero cantarte Taboga, viendo tu luna plateada………Taboga, tierra de las flores, tú eres mi inspiración, por ti sentí una pasión, que me llenó de amores….Taboga, eres tú tan bella, que no te puedo olvidar, bajo tu manto de estrellas, quiero vivir y soñar….” 

     La isla de las flores es un destino cercano y afable para visitar, sea por el día o una temporada, y recientemente su entorno estuvo amenazado por la concesión inconsulta de una despachadora de combustible en la isla vecina de Boná.  Inexplicablemente, el alcalde suscribió un contrato con unos inversionistas extranjeros y ese acuerdo fue avalado por el Consejo Económico Nacional (CENA) sin siquiera mediar un estudio de impacto ambiental.  También de forma inexplicable, los medios, excepto éste, se sumieron en un silencio cómplice sobre el tema, sin que se diera a conocer quiénes eran los interesados en desarrollar ese exabrupto (o el tonto útil que se prestaba para ello).  Pero como todo se sabe en esta vereda tropical, después de que el presidente solicitara el retiro del refrendo por la presión de los grupos ambientalistas que se oponen al proyecto, se han ido conociendo los nombres de los que estaban detrás de esta terminal petrolera.

     No hay que bajar la guardia, el área de Taboga tiene muchas islas que son codiciadas hoy, como lo fueron en el pasado, para establecer toda clase de industrias que acabarían con el ecosistema. Ya pasó en Taboguilla.  Volvamos al plan de desarrollo turístico de Taboga, que es a lo que tiene que dedicarse ese precioso tesoro natural y cultural.