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URGE CAMBIAR LA IMAGEN DE PANAMÁ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 25 de febrero de 2018

No hay duda de que los #PanamaPapers lograron el efecto de profundizar el mal nombre que tiene el país en el extranjero. Independientemente de los responsables de que esa “fábrica de sociedades anónimas” hayan sido llevados a la quiebra y de que su más histriónico socio haya dictaminado que lo partiera un rayo si al presidente Varela no le habían dado coimas de Odebrecht, como el rayo no lo ha partido, –pero tampoco se ha sabido más nada de los procesos que se le debieron haber seguido al señor Fonseca a más de un año de sus explosivas declaraciones–, debemos dar por cierto de que Odebrecht sí soborno al presidente de turno, como efectivamente lo han demostrado otros señalamientos, menos explosivos, pero igual de contundentes.

Nuestra clase política es redomadamente inculta y, además, no tiene interés en dejar de serlo. Hace poco leí un magnífico texto del escritor mexicano Rafael Pérez Gay en el que señalaba que la mayoría de las cosas que él sabía (y sabe mucho) las había aprendido leyendo novelas, no ensayos, y que era una lástima que nuestros presidentes no leyeran.  Para colmos, cuando le preguntan a un aspirante o candidato, qué está leyendo dicen, sin fallar, que la Biblia.  Si fuera cierto no harían la clase de política a la que someten a nuestros pueblos y para muestra, el nuestro, que es “correteador” de sotanas, pero al mismo tiempo miente siempre, irrespeta a sus electores y no cumple sus promesas.

Ahora le ha dado a este virtuoso presidente por posponer todas sus responsabilidades en virtud de su agenda personal, como si en la misma no debiera estar en primer lugar su pueblo, como decía su eslogan de campaña.  La designación de dos nuevos magistrados para la Corte Suprema de Justicia (CSJ), después de la derrota abrumadora que sufrió en enero al insistir, innecesariamente, en que votaran por las propuestas por él, debería hacerlo recapacitar y tratar de hacer las cosas bien.  Pero como el que tropieza siempre con la misma piedra, dice que lo hará cuando regrese de un viaje a Dubái.  Puede que no encuentre personas que él quisiera que fueran a la Corte que le acepten el cargo, como le pasó al conformar su gabinete.  Entonces, bien haría en honrar el Pacto de Estado por la Justicia, al que suscribió él y su partido en 2005 y que tan orondos salen a reclamar sus amanuenses cuando les conviene.  De entre los suscriptores de ese documento hay nombres de profesionales valiosos que le darían un giro a la desprestigiada institución que rige el poder judicial.

Y como nos pasamos de fiesta en fiesta, de feriado en feriado y de carnaval en semana santa, nos pretenden llevar este año entre el Campeonato Mundial de Fútbol y la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que son los dos únicos temas que tiene en agenda el actual gobierno, dilatando las decisiones que se deben tomar y las obras que se deben hacer (que no estén en función de la participación en la JMJ) con la esperanza de que ambos eventos mundiales eximan a los responsables de todos los fallos y carencias que han tenido y que se sabía que tendrían.  Ahora con este asunto de la reestructuración de la Comisión de Credenciales en la Asamblea Nacional se están empezando a conocer las traiciones, componendas y demás artilugios acordados durante casi cuatro años por estos desprestigiados políticos.  Ojo, que en casi todos los países los miembros de la cámara que legisla tienen la misma o peor percepción o comportamiento, pero para variar, Panamá podría elevarse del estercolero y mostrar una cara ejemplar en esa fauna política.  Pero eso, seguramente, no es del interés de los individuos que ocupan el Palacio Justo Arosemena.  Más interesados están en los autos que se van a comprar, los nombramientos que van a hacer de sus votantes, para asegurar su reelección, y de otras muchas cosas alejadas de la responsabilidad de hacer leyes cónsonas con el desarrollo del país y beneficio del pueblo.

Ya pronto se sabrá que sale de este conato de sublevación en la Asamblea.  Igual que sabremos por qué se le revocó la fianza en menos de 24 horas al ex presidente guardadito hace ocho meses en una prisión federal de Estados Unidos.

UN NUEVO TRAPECISMO POLÍTICO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 4 de febrero de 2018

La Asamblea Nacional de nuestro país no deja de sorprendernos, al igual que el desprestigiado Órgano Judicial y ni qué decir del Ejecutivo, que se cree que es una monarquía.  Lo acontecido esta semana que termina en torno al tortuoso camino que tuvieron que recorrer las dos designadas por el presidente el pasado 15 de diciembre ha malgastado –como se malgastan los dineros públicos en todas sus actuaciones— mes y medio valioso para que al final resultaran rechazadas en una votación sin precedentes, con obvios tintes políticos que no toma en cuenta la urgencia de encarrilar la justicia o agilizar la gestión de gobierno.

Como nos pasamos de evento a fiesta, estilo los trapecistas, que según su definición realizan piruetas de dificultad creciente sobre el trapecio mientras éste se balancea, pretendieron echarnos tierra en los ojos en diciembre porque venían las fiestas navideñas. Los holgazanes diputados terminaron sesiones, pero en vista de que desde la designación de las dos abogadas para magistradas de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) se escenificó todo un circo de opiniones y señalamientos sobre lo políticamente incorrecto que era la escogencia de estas dos señoras, se fueron a sesiones extraordinarias muy dilatadas a propósito.  Tal como he reiterado en varias ocasiones, puede que las dos tuvieran los méritos para llegar a ser magistradas, pero la forma y el fondo del por qué de sus designaciones era lo cuestionable. Cuando comparecieron ante el pleno, se les salió el cobre, pero eso seguramente fue producto de la presión a la que estaban sometidas desde que Varela tuvo la desacertada idea de imponerlas para la CSJ.

No voy a caer en el jueguito que manipula la Vice presidenta de hacer de esto un tema de género, de que porque eran mujeres se les estaba montando semejante oposición.  Allí está la piedra de toque: las estaban utilizando y lo digno en su condición hubiera sido que declinaran la designación del presidente, que no me atrevo a decir que era honrosa.

El país entero fue testigo de la manipulación que emprendieron los varelistas, comandados por su verdadero capo, y en vez del debate que debió prevalecer, sobre la importancia de nombrar dos personas idóneas para tratar de enderezar la CSJ se cayó en la politiquería y sacadera de trapos.  Los que antes se daban besos de lengua, que llevaron al actual secretario del PRD a ganar en los comicios internos de ese partido en octubre de 2016, se pelearon cual lavanderas de patio limoso.  Fue una vergüenza y se cayó en las profundidades del descrédito, la diatriba y los reclamos cual amantes heridos y despechados.

No hay motivo para estar eufóricos ni celebrar este abrumador rechazo a los caprichos del presidente y su hermanito.  No es un triunfo, a pesar de que, por vez primera, las bancadas lograron unificar criterios y votar disciplinadamente.  Hay que ver en lo profundo que estamos en un año preelectoral y que los intereses se mueven en virtud de una reelección.  Solamente con estar conscientes de que uno de esos individuos no enfrenta la justicia por haber matado a una menor en un atropello, escudándose en la inmunidad; que otro no sabe ni la letra del himno nacional (está en el mundo feliz de Colón) y un tercero, en un ataque de sinceridad dice que engañó a todo el electorado para ser electo, deberíamos adoptar la consigna de no reelegir a ninguno.

El trapecismo político está muy de moda en otros países y en Panamá no es la excepción.  Bien lo definió el sociólogo polaco Zigmunt Bauman que “los partidos políticos son taxis a los que se suben ciertos personajes por conveniencia y los abandonan posteriormente, a veces pagándoles y a veces no”. Esta tesis se aplica adecuadamente a los legisladores trapecistas (mejor conocidos como tránsfugas), que consideran los partidos que los arroparon y apoyaron en su momento, como meras franquicias de oportunidad laboral. La práctica política requiere de congruencia verdadera, sin la cual no hay autoridad moral posible.  Esto no lo han aprendido los que legislan desde el Palacio Justo Arosemena ni creo que les interese aprenderlo.  Están es en ver cómo dilatan los procesos que algunos en su momento criticaron y en cobrar emolumentos inmerecidos alargando votaciones en las cuales se sabía que no iban a poder imponer la voluntad del ejecutivo, por muy altas las sumas que ofrecieran por el voto a favor.