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POR LA BOCA MUERE EL PEZ

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 3 de junio de 2018

Este refrán marinero es muy usado, sobre todo cuando se constata que a los que se adelantan a decir cosas, por bocones, les pasa aquello que no debieron expresar.  Igual se dice que alguien no deja de sorprendernos, pero en el caso del expresidente Martinelli, tomando prestado lo expresado por el Dr. Eloy Alfaro en un tuit reciente, el tipo no deja de avergonzarnos.

El miércoles se verificó una conferencia de prensa desde Estados Unidos, con las nuevas integrantes del equipo legal del preso de Miami.  Encima de que el traductor era malísimo (la misma abogada le corregía) yo no daba crédito a lo que estaban diciendo, el descaro y el desparpajo con que estas abogadas señalaban circunstancias en Panamá que, seguramente, no se han molestado en constatar.

El nuevo paquete de pruebas que presentaron consta de 432 páginas y ellas señalaban que Martinelli era odiado por su sucesor (y vicepresidente), lo que no creo que sea prueba contundente ante ningún tribunal, y que eso lo exponía a que, si era extraditado, violarían sus derechos humanos e iría a parar a una cárcel que no tenía las condiciones mínimas que exigían las instituciones internacionales que velan por las garantías penitenciarias.

Para empezar a rebatir cada uno de estos alegatos, que me revuelven el estómago, basta recordar varias instancias que desvirtúan todos los miedos del expresidente.  Primeramente, él no inventó ni instauró la corrupción, pero la llevó a niveles nunca vistos, por lo que señalar que regresar a este país, con instituciones corruptas, es por su culpa.

La exministra de Gobierno, María Luisa Romero, que era parte del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Stanford en 2013, me confirmó que se les negó el acceso a los centros penitenciarios, así que mal puede estar diciendo la abogada de Martinelli que las instituciones que velan por las condiciones en las cárceles reportaron que estaban muy mal.

De igual manera, el 9 de enero de 2011 ocurrió uno de los sucesos más trágicos que podamos recordar, cuando se incendió el Centro de Cumplimiento de Tocumen, fuego causado por los mismos custodios y los guardias que se regodeaban afuera de que siete muchachos, que no querían participar en el motín que habían organizado sus compañeros, se encerraron en su celda.  Hasta allí les llegaron las bombas lacrimógenas y los quemaron vivos.  Solamente dos sobrevivieron y con quemaduras extremas. El estado fue indiferente a esta realidad y nunca se responsabilizó por la suerte de estos dos chicos, ni por las familias de los muertos.  La ministra de gobierno de ese momento se mostró indolente ante el sufrimiento de estas personas.  Gracias a la acción solidaria de un grupo de ciudadanos fue posible que los dos jóvenes pudieran recibir los tratamientos que sanarían las quemaduras y sus secuelas y atendieron a sus familiares.

De igual forma, el gobierno de Martinelli no implementó el mecanismo de prevención de la tortura, a pesar de tener la obligación internacional en virtud de que había firmado el protocolo facultativo contra la tortura de la Organización de Naciones Unidas.  Ahora este mecanismo se ha convertido en la Ley 5 de 2017 y se está trabajando en su implementación.

Postergó la entrada en vigor del Sistema Penal Acusatorio (SPA), que es una herramienta que ayuda a disminuir la mora judicial, esa de la que las marisabidillas abogadas se quejaban en su patética conferencia de prensa.

A pesar de que se había establecido que se crearía la carrera penitenciaria en el plazo de un año de acuerdo con la ley penitenciaria del 2003, al gobierno de Martinelli no le dio la gana de hacerlo.  En el año 2016 ésta se estableció mediante la Ley 42 de 2016.

Como para su gobierno lo más importante era construir mega obras, hizo el intento de que Italia construyera cárceles modulares, un tema que seguramente iba a terminar — como los radares y el mapa digital de Finmeccanica–, en un escándalo.  Pero sí se preocupó por construir la Gran Joya, una mega prisión que es demasiado grande y requiere mucha inversión en equipo y enseres, así como personal capacitado para operarla.  Esa cárcel fue inaugurada en abril de 2014, un mes antes de las elecciones en las que el candidato de su partido perdiera las elecciones, las que él se corría a robo que ganaría.

Habrá que verificar si fue verdad lo que el exembajador Feeley expresó en la entrevista que le dio a Jon Lee Anderson, de que él presionó para que fuera capturado.  Ese es otro al que se le aplica el refrán.

 

VERGÜENZA NACIONAL

Por Mariela Sagel, El Siglo, 28 de mayo de 2018

     La razón de por qué las noticias aquí no pueden estar más de dos días en boca de todos es que la que viene supera a la anterior en sorpresa y nos deja a todos perplejos.  Una distinguida profesora me decía hace poco que no lee novelas latinoamericanas porque la realidad supera a la ficción y estoy por pensar que tiene razón.

La semana pasada se dio a conocer que el expresidente preso en una cárcel de Miami, Ricardo Martinelli, el que más desfachatez ha tenido en asaltar los fondos del estado (no sabemos aun lo que ha hecho el actual, pero tenemos una idea) en la cual desistía de los recursos legales que apelaban a su caso y se mandó cuatro páginas restregándole a los Estados Unidos todos los “favores” que le había hecho durante su mandato.  Más servilismo no creo que podamos encontrar, a pesar de que la actual canciller compite a velocidad del rayo por estar igual de arrodillada ante el imperio.

La misiva detallaba algunos de los “favores” que le hizo el prisionero de Miami tanto a la CIA como al Departamento de Estado, incluso llega a profundidades de inculparse en lo de los pinchazos telefónicos, que es la causa por la que está preso desde el 12 de junio.

Martinelli ha superado en servilismo a Manuel Antonio Noriega, que estuvo en la planilla de la CIA y que prestó demasiados servicios a los Estados Unidos, pensando que ellos lo protegerían en todos sus desafueros.  Y le ha pasado lo mismo, ha acabado en una cárcel gringa con la ventaja del exgeneral de que era prisionero de guerra y tenía sus beneficios, de los que carece el que era dueño de los supermercados 99.  Hay que leerse el libro “An America’s prisioner” que MAN le dictó al periodista Peter Eisner para conocer sus reclamos, pero los de este no tienen parangón, una lloradera que más parecen los de una mujer despechada.