Artículos publicados en 2018 Diplomacia Opinión Panamá Publicado en La Estrella de Panamá

ARRIVEDERCI A PRESTO, AMICO

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 21 de octubre de 2018

     Esta semana termina su misión diplomática en Panamá, que también lo acredita como tal en la República Dominicana, Haití, St. Kitts and Nevis, y Antigua y Barbuda el embajador Marcello Apicella.  Desde junio de 2015 (tres días después de su fiesta nacional) fue nombrado ante nuestro país y en poco tiempo fue marcando pautas con una diplomacia de cortesía, dinámica, con una magnífica combinación de eficiencia y sencillez que fue cautivando a todos.  El embajador de la moto roja (su medio de transporte es una Vespa de ese color) tenía varias metas que cumplir, la primera de ellas recomponer la maltrecha relación que existía entre los dos países, por cuenta de los contratos suscritos por el gobierno anterior y las empresas Selex, AgustaWestland y Telespazio (filiales de Finmecanica) que involucraban temas sensitivos en seguridad, como eran radares, helicópteros y un mapa digital, que se iban a utilizar para perseguir el tráfico de drogas y que no se habían honrado como debían.

De igual forma, de manera interna y ante la numerosa comunidad italiana en Panamá (y en los otros países ante los cuales representaba a Italia) debía mudar la sede de la embajada, que estaba ubicada en un edificio viejo y obsoleto, no apto para la prestación de servicios y alejado de la tecnología.  El resultado es más que elocuente y habla muy bien de su destreza organizacional y gerencial.

Marcello Apicella, con una esposa joven y bella y dos pequeños niños, acometió con decisión –y con mucho estilo—los retos que tenía ante sí y no solo elevó la marca Italia en todos los aspectos (gastronomía, diseño, música, apoyo institucional a las instancias de gobierno donde se le pudiera brindar, cinematografía, literatura y muchos aspectos más, entre los que no descuidó la inversión italiana en nuestro país) sino que se involucró como ninguno con todos los eventos que hasta entonces eran privativos de los embajadores latinoamericanos, ganándose el cariño y respeto de toda la comunidad.

Apicella es de Nápoles, donde cursó la carrera de derecho, y posteriormente la de diplomacia.  Entró al Instituto Diplomático como Secretario General de Legación en la Dirección de Emigración y Asistencia Social y unos años después, fue nombrado cónsul en Spalato (1999).  Cuatro años después lo nombran en el Consulado General en París, volviendo a su país al culminar esa misión para laborar en el Instituto Diplomático de la Dirección General de los Recursos Humanos y Organización.  Después se va a Buenos Aires, como Consejero para la Inmigración y Relaciones Sociales y entre otras cosas, logra perfeccionar su destreza en el tango y más concretamente la milonga, que había aprendido en París y verlos a él y Duna, su esposa, bailarlo, es un espectáculo.  No por eso dejó de bailar, cuando se presentaba la ocasión, un tamborito.

Marcello instituyó, la última semana de noviembre, la semana gastronómica que combinaba magistralmente la rica comida italiana (en alianza con los mejores restaurantes de la ciudad) con música (ópera), temas arqueológicos (charla sobre el rescate de Pompeya el año pasado) charlas como el combate a la corrupción por expertos en Nicolás Maquiavelo (según el catedrático universitario Francesco Di Donato, que vino el año pasado para esa ocasión, hay que volver a leer a Maquiavelo para entender que su propuesta política no era engañosa ni inescrupulosa, que aboga por reivindicar la lucha del pensador contra la corrupción).  La industria automotriz italiana, el diseño, la moda y el entender “Por qué a los italianos les gusta hablar de comida” no escaparon de su incansable labor, siempre creativa, siempre alegre, siempre positiva, tendiendo puentes entre una y otra disciplina, una y otra profesión.  En la residencia de Italia, que ha estado ubicada desde hace décadas en Altos del Golf se daban las mejores fiestas, los mejores almuerzos y se comía la mejor comida, siempre acompañada de los mejores vinos y espumantes de su país, en el mejor ambiente.

Sin estridencias ni histrionismo, hizo su labor puntual y eficiente y el gobierno nacional lo condecoró el viernes con la Orden Vasco Núñez de Balboa en el grado de Gran Cruz.  Los amigos, que somos muchos, que disfrutamos de su infinita curiosidad por entender lo que pasa en este país lo vamos a extrañar, sobre todo su amabilidad, respeto y también, su alegría para celebrar triunfos y derrotas (cuando Italia no clasificó a la Copa Mundial de Fútbol o perdió ante España en la Liga de Campeones de la UEFA) pero sabemos que su próximo destino en Italia lo va a ligar mucho con nuestra región, lo que nos hace despedirnos de él con un “hasta pronto amigo”, porque estoy segura nos volveremos a ver.