El accionar público La ética y la política Opinión Panamá Publicado en El Siglo

CAMBIANDO NOMBRES

Por Mariela Sagel, El Siglo,31 de agosto de 2026

Nos hemos acostumbrado, durante los últimos dos años, a sufrir los exabruptos del presidente estadounidense, dependiendo de con quién esté peleando o del humor con que se despierte, pero no deja de sorprender la capacidad de arbitrariedad que vierte en cada decisión que adopta. En enero de 2025, una orden ejecutiva cambió el nombre de Golfo de México a Golfo de América e instruyó al Gobierno estadounidense a actualizar sus mapas, documentos y el sistema oficial de nombres geográficos, incluidos aquellos de carácter histórico. Eso solo se ha hecho efectivo en Estados Unidos, porque internacionalmente no ha tenido ninguna relevancia.

Este mes que hoy finaliza, y en medio de su encarnizada lucha con su vecino Canadá, el segundo país más grande del mundo en extensión, se le ha antojado cambiarle el nombre al lago Ontario, uno de los cinco Grandes Lagos de América del Norte, compartido por Canadá y Estados Unidos. Lo ha nombrado Lago de América.

Y, al igual que en el caso del Golfo de México, este cambio unilateral tampoco puede imponerse al país vecino. En el Golfo, México tiene una porción marítima mayor que Estados Unidos, mientras que Cuba también tiene participación y existen áreas de aguas internacionales.

Este último cambio, como si fuera un juego de mesa, el presidente Trump lo ha hecho unilateralmente. Y como el lago es compartido por ambos países, una orden del Gobierno estadounidense no puede imponerle a Canadá que lo llame Lago de América. Las autoridades canadienses ya han rechazado la nueva denominación.

Es interesante que, debido a la connotación de la palabra “América” para los hispanohablantes, americanos somos todos los que nacimos y vivimos en el continente americano, desde Canadá hasta la Patagonia. A los ciudadanos de Estados Unidos se les debe llamar estadounidenses. Por eso, las pataletas del mandatario estadounidense son, simplemente, pataleos de ahogado.

Es absurdo, y diría que, hasta infantil, cambiar unilateralmente el nombre de accidentes geográficos que han sido definidos históricamente y pretender que los demás lo celebremos, como si se tratara de una gracia de un niño pequeño.

Los nombres de los lugares también forman parte de la memoria de los pueblos. No se cambian por decreto, por capricho o porque alguien considere que una nueva denominación refleja mejor sus aspiraciones. La geografía, como la historia, no debería estar sometida al humor de quien ocupa temporalmente el poder.

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Arquitecta de profesión, administradora de proyectos, gerente de agencias de publicidad y empresas de telecomunicaciones. Ministra de Gobierno y Justicia de Panamá, escritora del año 2015, columnista de opinión y cultural, conductora de programa de televisión sobre libros, embajadora de Panamá en Türkiye, concurrente en Azerbaiyán.