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CAPITALES SIN RASCACIELOS

Por Mariela Sagel, El Siglo, 14 de mayo de 2018

       La capital de los Estados Unidos, Washington, es una magnífica ciudad en cuyo centro no están presentes los rascacielos.  Su trazado fue responsabilidad del arquitecto Pierre Charles L’Enfant, de origen francés, que combatió en la guerra de independencia junto a las tropas del General George Washington. Una vez adoptó su nuevo país se cambió el nombre a Peter. El mismo general Washington le encargó el diseño de la capital, cuyos planos los empezó en 1791.

El concepto empleado por L’Enfant es similar al que tiene la ciudad de París, de cuyos monumentos salen en forma radial las avenidas principales.  Los puentes tienen sendas esculturas a cada lado y son de constitución muy fuerte, generalmente son de piedra y en su momento representaron un reto estructural para poder cubrir la luz que había entre orilla y orilla del Río Sena.

Paris, al igual que Washington, no tiene rascacielos que contaminen su belleza, sino en la periferia.  Su diseño original fue responsabilidad de Georges-Eugene Haussmann, que fue senador durante el gobierno de Napoleón III.  A pesar de haber estudiado derecho, Napoleón le encargó la ambiciosa renovación de la ciudad luz, la que empezó en 1852. Su principal motivación era crear una ciudad con calles más seguras y en su momento, como todos los genios incomprendidos, lo criticaron por construir el Paris moderno y olvidarse del antiguo.  Su gestión incluyó una mejoría en la salubridad y los servicios públicos y la adaptación de los nuevos y modernos medios de transporte, como eran el tranvía, los coches y eventualmente, los automóviles. Muchas ciudades del mundo tienen influencias “haussmannianas”, como Londres, Viena, Florencia, Bruselas y hasta Moscú.

Estos ejemplos, de las capitales más famosas y posiblemente más hermosas del mundo, demuestran que las ciudades bien trazadas, con estilo, que respetan su historia, son las más atractivas y las que demuestran que la proliferación de rascacielos no es necesariamente sinónimo de prosperidad.