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Despidiendo a Emilio Castelú

Por Mariela Sagel, 11 de enero de 2021, El Siglo de Panamá

Despidiendo a Emilio Castelú

Uno de los más importantes protagonistas de esos momentos de confusión, cuando los estudiantes, armados con palos y piedras, treparon la ignominiosa valla 

El sábado conmemoramos el Día de los Mártires, el 9 de enero de 1964, gesta patriótica que dejó un saldo de 22 muertos, heridos y la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Panamá y los Estados Unidos. 

Cincuenta y siete años han pasado y todos los años se les rinde tributo a quienes abrieron las compuertas para que Panamá se diera su lugar como soberano en todo el territorio nacional y desde ese día, se enderezaron las negociaciones que llegarían a un final feliz, con a la firma del Tratado Torrijos Carter, el 7 de septiembre de 1977.  Trece años pasaron desde ese aciago día y bajo el liderazgo de Omar Torrijos y el equipo negociador, 23 años para que recibiéramos el manejo absoluto del Canal el 31 de diciembre de 1999.

Uno de los más importantes protagonistas de esos momentos de confusión, cuando los estudiantes, armados con palos y piedras, treparon la ignominiosa valla que separaba la Zona del Canal de la ciudad, fue el fotógrafo Emilio Castelú.  Peruano de nacimiento, tenía varios años de residir en Panamá y con su lente captó el momento más importante de todos los dramáticos episodios, foto que dio la vuelta al mundo.  Hace unos días, este fiel y humilde protagonista de la historia falleció de COVID hace unos días, con más de 90 años.

Hace un par de años, en el tradicional acto que se celebra el 9 de enero me lo volví a encontrar.  Me reconoció enseguida a pesar de que tenía más de 25 años de no verlo.  Era un asiduo a las exposiciones de arte y de allí forjamos una amistad.  Me dijo que no quería morir sin hacerse panameño.  Un abogado recogió esa impresión, que la escribí en ese entonces, y le hizo todos los papeles.  Castelú murió siendo panameño.

La embajada de Perú publicó en su página: “Castelú es un recuerdo que Panamá albergó a muchos extranjeros que hicieron la hicieron su patria y el sitio para echar raíces.

Descanse en paz, este hombre que con su trabajo nos recuerda que hay una generación que ofrendó vidas por un Panamá que ha sido generoso.

21 Años de manejo exitoso del Canal

Por Mariela Sagel, 4 de enero de 2021, El Siglo de Panamá

El 31 de diciembre pasado, además de poner fin a un año marcado por la pandemia más terrible que hayamos conocido a nivel mundial, se cumplieron 21 años del traspaso de la administración del Canal de Panamá a manos panameñas. Se cumplía así un proceso que duró 23 años, desde la firma de los Tratados Torrijos Carter, el 7 de septiembre de 1977 en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA). Un proceso que desmanteló toda una entelequia creada por los Estados Unidos para contar con una gigantesca base militar en la mitad del continente americano.

Panamá fue siempre el cruce entre dos mares y desde la visión bolivariana, Puente del Mundo, Corazón del Universo. El mayor recurso que tiene el país es, sin duda, su posición geográfica, y de allí las infraestructuras como el canal, el ferrocarril, los puertos, la conectividad aérea y de cables submarinos agregan valor al país.

En estos 21 años los panameños hemos demostrado no solo que somos capaces de manejar una obra de infraestructura tan importante como el canal, sino de hacerlo muy bien. Lo expandimos, lo hemos sistematizado y es el principal contribuyente al Tesoro Nacional. También es un símbolo de orgullo de todos los panameños donde estemos, pues para muchos lo único que saben de Panamá es que tiene un canal que une dos océanos.

Estos 21 años no han sido fáciles, los gobiernos que se opusieron a los tratados y también a la expansión, por el simple prurito que lo estaba gestionando el partido PRD han sido los más beneficiados, los que lo recibieron y los que inauguraron su expansión. Y aún así han sido tan mezquinos que el expresidente Varela, ante Naciones Unidas, se refirió a los tratados como eso, sin mencionar su nombre ni el de los que tuvieron el coraje de firmarlos. Ahora están pagando su karma.

Como dice Paul Auster en “La Trilogía de New York”, nada era real, excepto el azar.