Literatura Publicado en La Estrella de Panamá

Un escritor de película

MARIELA SAGEL

La Estrella de Panamá, 6 de diciembre de 2011

El escritor chileno habla sobre su obra más reciente, sobre el triunfo del referendum de 1988

GUADALAJARA. Mi reencuentro con Antonio Skármeta, el autor de El Cartero de Neruda y El baile de la Victoria, fue muy emotivo. Skármeta estuvo en Panamá para la Feria del Libro del año 2005, en ocasión que el país invitado era Chile. El Presidente Lagos viajó en su avión con un grupo de los mejores escritores y por única vez en la historia de nuestras ferias del libro, el gobierno panameño trató el tema como uno de Estado, y el Presidente Torrijos inauguró el evento. Nos volvimos a ver en la Feria del Libro de Guadalajara, donde se presentó su último libro Los colores del arco iris, que es un hermosísimo relato de la jornada que se verificó en 1988 en el país del sur, donde los chilenos eligieron no respaldar la dictadura de Pinochet. Un arco iris era el emblema de la campaña del NO, y el libro es la historia de los publicistas responsables de la música (un tema que Skármeta siempre tiene presente) y las amenazas que enfrentaban los que adversaban el gobierno. Mi conversación con el laureado escritor estuvo en el siguiente contexto:
¿NO TARDASTE UN POCO EN PUBLICAR ESTE LIBRO?

Para nada. La práctica de la libertad es permanente. Los grandes acontecimientos de la historia son permanentes, no pasan. El triunfo del referéndum de 1988 es una luz que nos va a iluminar por años. Yo la quiero cantar, quiero cantar esa luz, por eso escribí esa novela. El libro explora la voz de un joven estudiante, es importante que los estudiantes tenga ese protagonismo en lo que ocurra en un país. De manera espontánea, sensible, tierna, a ratos ingenua, a ratos con pasión, el protagonista siente el drama que está viviendo el país. Al mismo tiempo, Chile vivía ese movimiento latente, todos los chilenos repudiaban al dictador y poco a poco se fue haciendo más expresivo. La posibilidad de hacer la campaña política permitió que afloraran todos esos sentimientos. Es una de las pocas novelas contemporáneas que terminan bien, que culmina con la libertad. Se sufre en la novela, se llora, pero terminamos con una sonrisa. Hago uso de elementos hasta surrealistas, como el vals del NO. Ha tenido una acogida maravillosa, le ha llegado a la gente joven, a los maestros de las escuelas. Se han identificado, se han solidarizado, fue una combinación muy afortunada de factores y salió antes de las protestas que se han escenificado en Chile, así que cayó en un terreno fértil.  

EL LIBRO OBTUVO EL PREMIO IBEROAMERICANO DE NARRATIVA PLANETA-CASAMÉRICA DE ESTE AÑO. ¿SE PIENSA TRADUCIR, LLEGAR A SER UNA PELÍCULA COMO ALGUNOS DE TUS LIBROS ANTERIORES?

Es muy reciente su publicación, apenas en mayo de este año, pero ya tiene contratos para su traducción. De hecho hoy se lanza en Portugal (30 de noviembre).

EN EL LIBRO ‘UN PADRE DE PELÍCULA’, HACES UNA DESCRIPCIÓN MUY HERMOSA DE LA RELACIÓN PADRE E HIJO. CUÉNTAME DE ESE LIBRO

Yo tuve un padre maravilloso, que alentó mi vida literaria en todo sentido. Cuando terminé la escuela secundaria le dije que quería ser escritor y en vez de enviarme al siquiatra me abrazó llorando y me respaldó. La situación de exilio de las luchas latinoamericanas marcó las relaciones familiares, muchos hijos se quedaron viviendo lejos de sus padres. Se destruyeron muchas familias. Yo quería llamar la atención sobre una figura paterna que a pesar de sus limitaciones, fuera dedicado. Me pareció interesante el poder relatar cómo la necesidad de dos seres humanos unidos por un lazo filial llega a hacer tantos sacrificios y a niveles de generosidad tan grandes. Yo la considero una novela unplugged, desenchufada, alejada de todos los ruidos de la modernidad. Recrea una época donde la música que se escuchaba eran los boleros de Lucho Gatica, se iba al cine del barrio. Me fui a un tiempo más esencial para que las escenas fueran tranquilas, donde se pudiera profundizar. Ya salió una película sobre esa pequeña obra.                                                   

Con Antonio Skármeta conversé también de política, las similitudes entre las circunstancias que se dan en nuestros dos países. Pero este espacio no me da para profundizar en ese aspecto. Rememoramos su visita a Panamá, los platillos que degustó y sus ansias de volver.