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DONATIVOS LEGISLATIVOS

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 12 de marzo de 2017

La Asamblea Nacional de Diputados ha sido el centro de la más reciente turbulencia política, por unos “donativos” que resultaron en falsas ayudas, que obligaban a las personas que recibían los cheques a cambiarlos y a la salida del banco, un funcionario de esa institución los esperaba para quitarles el monto y darles una “propina”.  No debería extrañarnos que el Palacio Justo Arosemena siga siendo foco de escándalos.  De todas las instituciones panameñas, la más desprestigiada es ésa, y eso que la Corte Suprema compite por estar en la delantera.

Nuestro país está convulsionado por el tema Odebrecht y encima, suceden tragedias como el accidente de bus que dejó un saldo de 19 muertos y el ahogamiento de las niñas que se dirigían a una escuela rural.  La condición de salud de Manuel Antonio Noriega no escapa a la atención –y al morbo— de todos.  Todas estas “distracciones” intentan desviar la atención de lo medular: las instituciones están en crisis y siendo ellas la base de la democracia, enfrentamos un serio problema como país.

La Asamblea aborda temas tan dispares que siempre superan la capacidad de sorprendernos.  Un diputado con antecedentes cuestionables sugiere que se regule a los medios de comunicación para que cada cierto tiempo inserten en su programación mensajes cívicos y culturales.  Si esa iniciativa viniera de alguien que ha demostrado que le interesa el nivel cultural de este pueblo podría considerarse válido, pero las cosas se toman dependiendo de dónde y de quién provengan.  Es el cuarto o quinto intento de esta legislatura por meterle la mano a los medios y a la libertad de expresión.  No sabemos por dónde vendrán los tiros la próxima vez.

Las reformas electorales están siendo debatidas bajo serios cuestionamientos y el Tribunal Electoral, que después de la invasión se erigió como el más respetado y creíble de las instituciones panameñas ha mostrado un contubernio sospechoso con la Asamblea, lo que no es buen augurio.  Recordemos que la representación de los partidos políticos en este país es a través de ese órgano del estado, por lo menos para la percepción y comprensión de la mayoría de la población.

La sociedad civil, que ha querido que se le tome en cuenta, no logra entrar en este círculo cerrado y de allí que las reformas que con tanta dedicación se trabajaron por meses, hayan sido otra vez burladas –igual que hizo el gobierno anterior – sin tomarlas en cuenta.

Con tanto lío, tantos escándalos, tan poca acción de parte de los responsables de echar a andar este país, estamos atomizados sin lograr consensos.  Las declaraciones de Fonseca Mora hace un mes, que todos pensaban serían el “trigger” para que la gente tome conciencia de los graves problemas que enfrentamos, no han pasado de ser otro albur.  Todos los días sale un nuevo señalamiento de empresas o personas que fueron tocadas por la constructora brasileña Odebrecht y se van olvidando los escándalos anteriores, sin que se sepa en qué quedaron.  La lista de casos es cada día más larga, empezando por conocer el paradero del ejecutivo de la empresa Financial Pacific, Vernon Ramos, que desapareció misteriosamente hace más de cuatro años y el posterior involucramiento de esa firma en escándalos de corrupción que no logran aclararse.

Somos, como dice el slogan de carnaval, “un país en fiesta”, pero de forma permanente.  Un escándalo tapa a otro.  El Presidente de la Asamblea anuncia que formará una comisión para investigar los donativos que ascienden a 14 millones de dólares en su gestión, y todos sabemos que la forma más eficiente de matar un caso es formando una comisión sobre el tema.  Si no lo creen, Joseph Stigliz y Mark Pieth podrán ampliar más porque estuvieron brevemente en la que formó el gobierno nacional después del escándalo de los Panamá Papers y se frustraron por la falta de voluntad de hacer cambios reales.

Si se sigue la ruta del dinero, allí se encontrarán los delincuentes.  Ya se ha comprobado con los donativos de la Asamblea, con las reformas electorales, que le asignan cantidades verdaderamente escandalosas a las campañas y todos los casos de corrupción que se ventilan a diario, y parece que no quedan en nada.  Toca esperar a junio, cuando se revelen los nombres de las personas y empresas a quienes Odebrech sobornó, y después de esa fecha, será mejor cerrar el país y tirar la llave al mar.

VIENE JON LEE ANDERSON

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 5 de marzo de 2017

El próximo mes de abril estará en Panamá, lugar que conoce bastante bien pero que tiene algún tiempo sin visitar, el periodista estadounidense Jon Lee Anderson, mítico escritor a quien se considera el heredero de Ryszard Kapuściński, el escritor polaco fallecido en 2007 que los periodistas serios lo tienen como referencia de cabecera.

Jon Lee es una curiosa mezcla de reportero de guerra, escritor y periodista y a pesar de ser gringo, vive en Inglaterra.  Hijo de padre diplomático y madre escritora, vivió parte de su infancia en Colombia, donde aprendió el español, y también estuvo con su familia en Corea, Taiwán e Indonesia.  Su casa era un laboratorio de sabores de todas partes ya que su madre incorporaba en la cocina los ingredientes de todos los lugares donde vivían.  El trabajo de su padre estaba directamente relacionado a la supervisión del New Deal en el campo agrícola.  A pesar de tantos cambios de países, idiosincrasias y gustos, la familia tenía la vocación de ser felices donde fueran y el resultado es que Jon Lee es un entusiasta de los viajes y un fanático de la geografía y los mapamundis.

Este escritor y periodista, que disecciona en sus perfiles hasta los gestos que hace el objeto de su estudio, ganó renombre mundial al publicar la biografía del Che Guevara, labor para la que se instaló con su familia en Cuba por tres años, con la colaboración de la esposa del guerrillero argentino, Aleida March, pero vigilado por la seguridad del estado.  Esa biografía “Che Guevara, una vida revolucionaria” es considerada la mejor y más documentada, porque se aleja del fanatismo o fascinación para mostrar un personaje con sus claroscuros.  Recientemente se ha publicado en forma gráfica, en tres tomos, y a la presentación del primero tuve la oportunidad de asistir, en 2015, y allí le empecé a hablar de venir a Panamá a dictar un taller y a “embullarlo”.

Jon Lee Anderson empezó su carrera de periodista en Perú, como reportero de “The Lima Times”.

TALLER DE PERIODISMO INVESTIGATIVO

El taller de Anderson va a tener una duración de tres días, y para el mismo se tiene que postular el interesado,  someter un trabajo, que será evaluado por un jurado internacional y de aceptarse, podrá participar. Lo que se busca es que el maestro trabaje con los autores de los trabajos seleccionados, mediante charlas magistrales, sesiones de debate, clínicas individuales y análisis de textos, con el objetivo de reflexionar y trabajar la carpintería del oficio.

Los estudiantes de periodismo también podrán escuchar al maestro Jon Lee Anderson en una charla en la Universidad de Panamá, abierta al público, donde podrán hacerle preguntas tanto de los temas que ha tratado en sus magníficos artículos en la revista The New Yorker y otras publicaciones, como en sus libros Zonas de guerra, que escribió junto a su hermano, Scott, Guerrillas, La tumba del león: partes de guerra desde Afganistán y la muy bien documentada La caída de Bagdag.  Y por supuesto, de las coyunturas actuales por las que atraviesa Panamá y los países involucrados en los escándalos de los PanamaPapers y Odebrecth.

El periodista Jon Lee Anderson

La visita de Jon Lee Anderson es posible gracias a los esfuerzos del Fórum de Periodistas por las libertades de expresión e información y el Taller Editorial Concolón, además el respaldo de entidades y empresas entre las que se destaca el Centro Cultural de España.  La insistencia de que viniera es parecida a la que tuvieron los organizadores del seminario en Huesca, en 2005, donde pronunció este aforismo: “Si algo se vuelve cotidiano, nos olvidamos de los detalles”.  “El cronista depende de la capacidad de asombro; su peor adversario es la rutina, lo que se da por sentado”.

Y como Jon Lee está acostumbrado a estar reporteando en los lugares donde no puede haber rutina, últimamente ha estado yendo y viniendo a México, Reino Unido, Colombia, Cuba y Estados Unidos, gracias al impertinente presidente de su país, que trae a todo el mundo de cabeza.

EL OFICIO DE JON LEE

En una de las muchas entrevistas que le han hecho confesó que “escribo porque es lo único que sé hacer”.  También que es un escritor y periodista que a veces va a la guerra.  Los perfiles que ha hecho de personas en el poder han sido precisos y llenos de detalles, porque él domina los datos, se basa mucho en su instinto, en el ambiente que rodea a sus “perfilados” y disecciona hasta el más mínimo aspecto con que cuenta al personaje.  Son famosos los que hizo del Rey Juan Carlos de España, de Augusto Pinochet, Hugo Chávez, Fidel Castro, García Márquez y situaciones como la exhumación de los restos de García Lorca, entre muchas otras de sus crónicas.  Llama la atención la conjunción de adjetivos que hacen sublimes sus descripciones, por ejemplo: decepcionantemente modesto, inquietamente parecido, irresistiblemente atento o discretamente buena.

Che Guevara, una vida revolucionaria, en edición gráfica

Siente una infinita curiosidad por el poder y cómo éste afecta la vida de millones de personas y le interesa entender la esencia del poder y cómo hace para cambiar a la gente.  De esa manera, alega, explora y comprende un poco mejor el mundo en que vivimos, donde todo es una lucha de poder.  En defensa de los periodistas ha dicho que son los únicos intermediarios entre el público, que no tiene poder, y los que lo tienen (sean políticos o millonarios).  Ellos tienen un deber con los demás a cambio de ese poder que han obtenido y que deben ejercer bien.

Donde va lo atienden como un “rock star”, porque la gente sabe el poder que tiene su pluma y él mismo puede sentir en determinado momento simpatías con un bando u otro, pero siempre se ha esforzado porque ellas no tiñan sus reportajes.  Así como hizo la biografía del Che escribió un perfil de Pinochet, con el mismo rigor profesional en uno y en otro.

Su método de trabajo es bastante empírico, le gusta observar tanto el lenguaje corporal como los entornos, los gestos, acumular cuanta más información pueda, incluyendo la rumorología, tan predominante en algunos países (como en España).  Es un gran admirador de George Orwell y de Graham Greene, y usa las técnicas del periodismo en directo que practicaban Orwell y John Reed.  Sus perfiles son concisos y sencillos, sin andarse por las ramas pero destacando la agudeza de las descripciones y comentarios, en hábil conjugación con el contexto y siempre está presente un detalle que ilumina y le da un barniz literario al trabajo periodístico que realiza.

El periodista Jon Lee Anderson

En cuanto al acto de escribir, lo describe como muy solitario, el de reportear muy egoísta pero enseñar le permite salir de sí mismo.  Insiste en la importancia en nunca dejar de aprender y él lo hace de sus estudiantes y también de los lugares que visita. Más que un maestro, comparte algunas cosas que ha aprendido.  Es parte del equipo de la Fundación de Nuevo Periodismo Latinoamericano, que fundó Gabriel García Márquez, cuya sede está en Cartagena.  Ha recibido los premios José Couso de Libertad de Prensa (2007) y María Moors Cabot (2013).

En el libro “El dictador, los demonios y otras crónicas”, prologado por Juan Villoro, periodista y escritor mexicano, destaca la aseveración de que “Anderson se adentra en las entretelas del poder para registrar abusos.  Un relato transversal recorres estas crónicas: la mayoría de las veces, los autócratas de América Latina logran su cometido con el apoyo de los Estados Unidos”.  En este libro están recogidos varios de los reportajes que han aparecido en The New Yorker, como su estancia en Cuba para hacer la biografía del Che, el perfil del Rey Juan Carlos, el poder de García Márquez, una de Fidel Castro, otra de Hugo Chávez, la vida en las favelas brasileñas, el litigio por exhumar los restos de García Lorca y una muy interesante titulada “Carta desde Panamá: Parcelas en venta con vistas al mar”, donde relata una visita que hizo en los tiempos del gobierno de Mireya Moscoso y se entrevistó con Nicolás Ardito Barletta, que estaba al frente de la Autoridad de la Región Interoceánica (hoy Unidad de Bienes Revertidos) y también con el entonces alcalde, Juan Carlos Navarro.

El dictador, los demonios y otras crónicas

Para Jon Lee Anderson, la información es poder, pero siempre que sea buena información.  Las urgencias de internet o la falta de recursos económicos no son excusas para un mal periodismo.  La salud de la profesión no vendrá de la banda ancha con que se cuente, sino del ejercicio del periodismo, de la buena práctica de su razón de ser, mirar, ver y contar lo que pasa por delante, cada día y en cualquier situación.

En una entrevista que leí, Jon Lee manifestaba que la novela Nostromo, de Joseph Conrad lo había impactado muchísimo y que todavía le sirve de metáfora para muchas situaciones que encuentra en América Latina y alrededor del mundo.  Esa novela fue escrita en 1904 y se refiere a un país, en teoría ficticio, convulso, con líderes corruptos y dictatoriales, caciques de guerra, revolución y lucha de clases y de razas en torno a una mina de plata.  Ese país, al que Conrad nunca visitó, es supuestamente Panamá y ojalá que su visita al istmo le sirva para esclarecer muchas interrogantes que aún tiene este pequeño istmo, donde se venden parcelas con vista al mar.

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En la era actual, donde estamos expuestos a una sobre saturación de noticias, algunas verídicas y otras falsas, tenemos más una mezcla de información y entretenimiento y los medios visuales endulzan la noticia (o la catapultan) para que los televidentes la asimilen con más facilidad.  Muchas veces, y dependiendo de la agenda del medio, hasta se manipula al público.  Podríamos asimilar las noticias si tuviéramos el tiempo para discutirlas, digerirlas, pero vivimos en un mundo en permanente conflicto, donde todos los días hay un escándalo y donde la globalización también ha incluido a la corrupción.