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Despidiendo a los amigos

 

Por Mariela Sagel, 8 de abril de 2018, La Estrella de Panamá

La película animada Coco ganó hace un mes el Oscar a la mejor en su categoría, y realmente uno se regocija al verla. A pesar de ser una serie de Disney, exalta las tradiciones mexicanas del Día de Muertos y rescata los valores familiares y los lazos de amistad. Cuando transcurría la ceremonia anual de la Academia y se dio a conocer el veredicto se escuchó entre el público, con mucha alegría, ‘Viva Mexico!’.

Uno de los aspectos que más me cautivó de este film fue el que el muerto se terminaba de morir cuando sus parientes o amigos lo olvidaban, en el mundo de los vivos. Y recordé el pregón que siempre dice mi admirado Andy Vega, Domplín, en su escuchado programa de radio, ‘morimos cuando se nos olvida’.

Y cuánta coincidencia hay en esto que dice Domplín, y en lo que muestra la película de Disney, que es un portento de animación. Creo que nunca había disfrutado tanto una película animada en mi edad adulta como ésta. Y aunque se trata de olvidar a los muertos, a los vivos también se les olvida, generalmente por la forma en que se comportaron en determinado momento, o por sus deleznables acciones. Es más fuerte el olvido que el rencor.

Los diplomáticos que vienen a servir a sus países en el nuestro hacen fácilmente amistades porque a los panameños todavía nos encandila de que sea un/a embajador/a que nos convide. Acabamos de vivir una lamentable experiencia con el gringo que enterró su incipiente carrera comprando un cuento a la DEA y emprendiéndola contra las empresas del señor Abdul Waked, obligando a pasar a este medio de comunicación por un ‘asedio’ de 17 meses en que el estuvo a punto de cerrar y tuvo que reducir su fuerza laboral a la mitad. Y todavía se dio el lujo de montar su propio ‘reality show’, que lo llevó al extremo del ridículo.

Pero hay representantes diplomáticos que no olvidamos y con los que la mayoría de las veces, mantenemos largos y sostenidos contactos y eventuales reencuentros, como es el caso personal que la semana entrante me llevará a reunirme con Patrick y Annie Boursin, que fue un ejemplar embajador de Francia en Panamá y que lo celebró con todos cuando su país ganó la Copa Mundial de Fútbol en 1998, siendo además sede de ese popular deporte. Patrick y Annie no solo fueron los finos anfitriones que todos esperan que sean los representantes de Francia, sino que respaldaron decididamente las artes en sus manifestaciones pictóricas y literarias, especialmente cuando realizamos en Taboga el homenaje a Paul Gauguin, en 2003, al cumplirse los 100 de su muerte en lo que fue un sitio de paso del pintor impresionista. Se enseñó a pintar a los niños de la escuela como Koke, y los artistas panameños no solo revivieron un monolito en la casa que se dice él habitó en su breve paso por la isla de las flores, sino que le dejaron un gran homenaje en un mural público.

Ahora nos toca despedir a Francisco Cruz, que como su tocayo el Papa también tiene el mismo sobrenombre y que ha servido a su país, Chile, por cuatro años. Pancho no solo se involucró en temas comerciales e institucionales sino que creó una diplomacia ‘del vino’ que llegó a auspiciar una ‘Guía del vino’; se involucró con los medios de comunicación y la literatura ofreciendo un respaldo absoluto al Forum de Periodistas y a la Cámara del Libro, trayendo representantes de Chile en los eventos que realizan anualmente, como el Premio Nacional de Periodismo y la Feria del Libro. También fue vital su apoyo cuando vino el escritor chileno Carlos Franz a presentar su novela ‘Si me vieras con tus ojos’; cuando Miguel Littin, el mítico cineasta, visitó nuestro país por invitación de la Fundación Omar Torrijos, y tuvo la bendición de servir de anfitrión en dos ocasiones del ex presidente Ricardo Lagos.

No recuerdo otro embajador chileno que haya dejado tantas huellas en todos los campos como lo ha hecho Pancho, decididamente respaldado por la cautivadora Paola, su esposa. Se ganaron la amistad y el cariño de muchos. Los logros que alcanzó su gestión seguramente serán medidos por varios parámetros y las cifras de presencia de Chile, tercer usuario del Canal de Panamá hablarán por sí solas. En lo que a mi respecta, siento una profunda admiración por la labor incansable de este joven diplomático y la alegría de saber que se quedará entre nosotros trabajando, para tener a Chile y Panamá ‘más cerca que nunca’.

Marruecos en la literatura

Por Mariela  Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 1 de abril de 2015

Poco conocemos de la literatura marroquí, pero hay académicos e hispanistas que han estado promoviendo desde hace mucho tiempo el intercambio cultural con el sur de España, donde la influencia morisca es más evidente

Hacer un balance de la literatura marroquí, sea en árabe, español o francés, que son las lenguas en las que generalmente se escribe y publica, es tarea de especialistas que durante años la han evaluado, especialmente por los vaivenes que esa región del Magreb ha tenido desde que se conoce de ella. El Reino de Marruecos, como oficialmente se llama, es un país musulmán en África, que tiene al norte el Mar Mediterráneo, y al oeste el Océano Atlántico, allí donde confluyen los dos grandes mares. Frente a Europa está África, a solamente 39 kilómetros de distancia.

Galería de Eugene Delacorix

Es una monarquía constitucional y hace un año y medio tiene una embajada en Panamá, aunque las relaciones entre los dos países datan de más de 40 años. Los anteriores embajadores eran concurrentes y despachaban desde países cercanos.

Se estima que es el lugar más antiguo del mundo, ya que en sus tierras se encontró un cráneo de Homo Sapiens en el año 8000 AC. Una de las lenguas y etnias más destacadas de Marruecos es la bereber y todo indica que surgió al mismo tiempo que la agricultura.

Como fue protectorado español y francés, no estuvo exento de disputas entre esos dos países, que querían contar con un frente estratégico en sus tierras, con cierto apoyo y mediación de Gran Bretaña. Al soplar los vientos de guerras, las tensiones se acrecentaron y los mismos marroquíes se fueron involucrando en movimientos separatistas, que lograron que en 1956 se constituyera un país independiente.

Mientras todo esto ocurría, y desde tiempos inmemoriales, Tánger, la ciudad puerto que une a Europa con África y al Mediterráneo con el Atlántico, seducía a muchos intelectuales, artistas, conquistadores y gente famosa, que hicieron de ese maravilloso lugar un mito, una atmósfera, que cuando uno la abandona se pregunta si es que la soñó.

LOS FAMOSOS DE TÁNGER

En el siglo XIX las misiones diplomáticas y comerciales europeas aumentaron su presencia en la ciudad y en 1925 Tánger se convirtió en Zona Franca internacional, bajo la soberanía del Sultán de Marruecos. Esa es la época dorada de la ciudad, cuando se experimentó un gran desarrollo cultural y económico que le creó una reputación ‘novelesca’ en el cine y en la literatura. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que en esa ciudad se inventó la globalización.

De los más emblemáticos tangerinos está Ibn Battouta, nacido en 1304, que fue un viajero, peregrino, explorador que, al igual que Marco Polo (con quien se le compara) recorrió kilómetros para conocer el mundo, aunque lo hacía por razones intelectuales, mientras que el italiano, por razones comerciales. Se estima que recorrió el oeste, centro y norte de África, parte del sur y el este de Europa, Oriente medio, la India, Asia central, el sureste asiático y China, por lo que superó al viajero oriundo de Venecia en sus desplazamientos. Su tumba es lugar de peregrinación si uno visita su ciudad natal y a ella hacen referencia muchas novelas al igual que películas. Su ‘rihla’ o periplo le tomó 20 años, y está relatada por un estudioso granadino, Ibn Yuzayy, motivado por el sultán de esos tempranos años del siglo XIV, que lo contó en detalle en una crónica dictada por el trotamundos tangerino, a instancias del sultán.

Madre de leche y miel

Es interesante conocer que Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia de Estados Unidos en 1777 y, en agradecimiento, el Sultán Moulay Slimane regaló a la misión estadounidense una regia mansión en Tánger, en 1821. Hoy día funciona allí un museo, que muestra la historia de la ciudad entre los siglos XVII y XX.

A Tánger, como a un imán, fueron a dar muchos escritores, de la talla de Tennessee Williams, Paul y Jane Bowles, Ernest Hemingway, William S. Burroughs, Raymond Chandler, Truman Capote y otros que entre 1925 y 1960 fueron parte de un movimiento conocido como la generación beat. A ellos se les unió el pintor Henri Matisse, que decía de Tánger que era ‘el paraíso del pintor’ y otro artista francés, Eugene Delacroix, exclamó, al descubrir la ciudad ‘Vengo de recorrer la ciudad. En este momento soy como ese hombre que sueña y ve cosas temiendo que se le escapen’. Su obra, a partir de ese encuentro con el paisaje tangerino, sufrió una transformación innegable. Hay una Galería Delacroix en la Rue La Liberté, que sube hacia el Gran Café de París, casi enfrente al mítico hotel El Minzah, en donde se hospedaron en su momento, Rita Hayworth, Rock Hudson, el diseñador Yves Saint-Laurent, Tennessee Williams y Paul Bowles. Otro dato que es de resaltar es que la película Casablanca no fue filmada en esa ciudad marroquí, sino enteramente en Hollywood, pero para celebrar la notoriedad, hay un Ricks’s Café en la ciudad de Casablanca.

Eva, de Arturo Pérez Reverte, que se escenifica en Tánger

Los afectos de Saint-Laurent se establecieron en Marrakech, donde compró varias propiedades, una de ellas la Villa Oasis. En esa también maravillosa ciudad hay una fundación y ahora cuenta con un museo Yves Saint-Laurent.

PUENTE CULTURAL ENTRE LA LITERATURA ESPAÑOLA Y TÁNGER

Poco conocemos de la literatura marroquí, pero hay académicos e hispanistas que han estado promoviendo desde hace mucho tiempo el intercambio cultural con el sur de España, donde la influencia morisca es más evidente. Autores marroquíes contemporáneos son muchos, aunque algunos no vivan en su país, como es el caso de Leila Slimani, que ganó el Premio Goncourt en 2016, el más prestigioso de la lengua francesa, por su libro Canción dulce y que hoy forma parte del gobierno del presidente francés Emmanuel Macron para el tema de la Francofonía. También destacan novelistas y cuentistas como Mohamed Akalay, Larbi El-Harti, Mohamed, Lahchiri y Najat El Hachmi; los relatos de género negro de Ahmed Oubali y la poesía de Mohamed Mamún Taha, Abderrahmán El Fathi y Abdellatif Limami.

Niebla en Tánger

Algunos escritores en lengua española que son dignos de mencionar, que recrean sus obras en Marruecos, son el mexicano Alberto Ruy Sánchez, que ha recibido más de 100 premios nacionales e internacionales y que fue elogiado en su momento por Octavio Paz, Juan Rulfo, Severo Sarduy, Alberto Manguel y Claude-Michel Cluny. Ruy Sánchez dirige desde 1988 la revista Artes de México y para él, cuando visitó el Sahara por vez primera, tuvo un Déjà vu que lo transportó a su primera infancia. Lo que él llama ‘la memoria involuntaria’ ha permanecido como una constante en sus obras.

Ángel Vásquez, nacido en Tánger, pero considerado escritor español, ganó el premio Planeta en 1962. Su mejor novela es La vida perra de Juanita Narboni , publicada en 1976 y de la cual se hizo una magnífica película, que transcurre en su ciudad natal. Hace un mes la cinta fue presentada en Panamá dentro del mes de la Francofonía por la Embajada de Marruecos. La obra de Vásquez ha sido elogiada por Alejo Carpentier y Juan Goytisolo.

Elías Canetti, de origen búlgaro y que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1981 publicó un interesante libro titulado Las voces de Marrakech , un recuento de su visita a esa ciudad.

Más recientemente, Arturo Pérez Reverte toma a Tánger y su puerto como escenario de la segunda novela de la serie Falcó, titulada Eva , que está formidable. También la escritora española, Cristina López Barrio, finalista del Premio Planeta 2017 se traslada a Tánger con su obra Niebla en Tánger. Javier Valenzuela, que laboró en El País y estuvo destacado en Rabat, tiene dos libros en torno a Tánger: Tangerina y Limones Negros , que son del género negro.

Librería Las Columnas

Y como siempre hay un lugar que aglutina a los escritores, la Librería Las Columnas, fundada en 1949, en la época de ebullición de la ciudad de Tánger, era donde se reunían autores como Samuel Beckett, Jean Genet, Tennessee Williams, Truman Capote, Paul Morand y otros. Ha logrado mantenerse como un espacio de expresión, de libertad, de consulta, de saber y difusión y allí se encuentran libros en árabe, español, inglés, francés y es un verdadero ícono de la ciudad.