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LAS PROMESAS INCUMPLIDAS

Por Mariela Sagel, Facetas, La Estrella de Panamá, 5 de agosto de 2018

Lo primero que le viene a uno a la mente es que el título “Promesas incumplidas” se refiere a la falta en que han caído los gobernantes en hacer válidos sus planteamientos de campaña.  Pero en esta oportunidad hablamos del libro que se titula así, “Promesas incumplidas” del filósofo español Javier Moscoso, que se presenta en Panamá esta semana, y que es una “historia política de las pasiones”.

Moscoso vino hace dos años para la Feria Internacional del Libro de Panamá (FIL) y presentó durante la realización de ésta su “Historia Cultural del Dolor”, que es un tratado de las experiencias humanas que nos pertenecen a todos.  Nos anticipó que estaba trabajando en el libro que ahora ha venido a presentar y que fue publicado el año pasado bajo el sello Taurus de la editorial Penguin Random House Mondadori.

Promesas incumplidas

Javier Moscoso es profesor de investigaciones en el Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), una agencia estatal adscrita al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del gobierno de España, doctor en Filosofía y ha sido profesor invitado por algunas de las mejores universidades y centros de investigación del mundo, incluyendo la Universidad de Harvard, la de Chicago, el Instituto Max Planck en Berlín y la Sorbona, en París.  “Historia cultural del dolor” ha sido traducido al inglés y al francés, y esa edición, la francesa, recibió el premio Libr’à Nous en el año 2015.

Su nombre y apellido son similares a los de un político y jurista español que fue Ministro de la Presidencia del primer mandato del presidente Felipe González, desde 1982 hasta 1986.  Hace dos años, cuando vino a Panamá, le pregunté si la coincidencia del nombre le había causado confusiones y si eran parientes.  Me aclaró que no tenía ningún vínculo familiar, que el apellido era común y que tener el mismo nombre ha sido una suerte y una condena.  Suerte porque su homónimo fue un hombre que supo entender la función pública, concedió una serie de privilegios en términos de días y tiempo de libre disposición a los funcionarios, que se conocen como “los moscoso” y eso ha hecho mucho bien, y le ha abierto puertas cuando ha realizado gestiones. Pero también es una condena por tener que ir explicando que no tienen relación. Por ejemplo, cuando se presentó el libro “Historia cultural del dolor”, el periódico El Mundo hizo una reseña, señalándolo como uno de los mejores libros del año y puso la foto del exministro.  El jurista Moscoso tiene 86 años y nuestro guapo filósofo apenas 52.

El filósofo Javier Moscoso

LA CONFIGURACIÓN EMOCIONAL DEL PRESENTE

Javier Moscoso se acerca a lo que Juan Villoro definió como la cortesía del filósofo: la sencillez.  Esa definición se la escuché el año pasado al escritor mexicano en un acto de homenaje al también español, y también filósofo, Fernando Savater.  Ya desde el libro que presentó anteriormente nos anunciaba que el dolor del desamor, el del corazón roto, era uno que examinaba a profundidad en su próximo libro.  Me dijo, en forma textual que “Esto es parte de la historia de las ambiciones, porque las personas entienden que tienen derecho a casarse por amor, y que pueden casarse fuera del matrimonio de conveniencia, entonces entienden que su nuevo vínculo emocional está construido sobre unos parámetros, y entonces aparece un fenómeno muy interesante, la promesa incumplida en el contexto amoroso, la traición amorosa, que deriva en los celos. Pero si nos atenemos solamente a la traición amorosa, aquellas personas que han sido abandonadas a sus esperanzas sentimentales padecen una enorme cantidad de sufrimiento.  Un sentimiento que se ha visto muy bien reflejado en la literatura, pero poco estudiado en otras ciencias”.

En este libro vemos un trazado casi cincelado de la historia del sentimiento de igualdad, de la ambición insatisfecha, de la ambición ligada a la promesa igualitaria y al desengaño que marcó el Romanticismo, e indaga en el papel que la indignación, la cólera, el resentimiento, la envidia o el amor desempeñaron en los cambios sociopolíticos de los últimos siglos.  Ambición, resentimiento, celos… “Promesas incumplidas” explora las emociones más estrechamente relacionadas con la rivalidad, pero también la fraternidad, el patriotismo, la compasión o la amistad.

Para poder hacer llevadera la lectura de este magnífico libro, Javier Moscoso toma la referencia de un escritor que se encerró voluntariamente en un asilo-prisión y con la ayuda de una gran cantidad de fuentes documentales, explora el destino, esencialmente oculto y olvidado, de las pasiones humanas.

Este preciado tratado de la historia política de las pasiones tiene ocho secciones, que van desde la demencia, la pasión expatriada, la promesa igualitaria, la economía moral de la ambición, la pasión contrariada hasta las pasiones de la rivalidad, el amor y el tratamiento moral.

Empieza diciéndonos, en la introducción, que “quien miente no quiere recordar, quien incumple sus promesas busca que los demás olviden, quien deshonra sus acuerdos persigue reconstruir el pasado de modo que el eco de sus viejas palabras caiga en la indiferencia”.

     Y continúa estableciendo que “quien miente realmente calla.  Quizá con el tiempo, se dice, la letanía de su silencio llegue a sugerir que nada tuvo lugar como los demás lo recuerden.  Tal vez los años consigan borrar la sombra de la sospecha o la marca de la ignominia.  Quizá la traición pueda reinterpretarse a la luz de un presente más benévolo o sumergirse para siempre en la oscura noche de la desmemoria”.

Javier Moscoso

Tal como fue su mecánica de estudiar las pasiones, “si la memoria prevalece, la historia de la deslealtad se confundirá con la historia de la locura”.  Se desarrollan escenarios que lo hacen a uno meditar y realmente meterse en el intrincado mundo de las pasiones, sin que el libro sea de autoayuda, muy por el contrario, es una forma de profundizar en la forma en que reaccionamos ante las denuncias, desde las acusaciones de infidelidad matrimonial, los celos profesionales e inclusive, las traiciones familiares y un tema que en este año cobra especial relevancia, la falta de cumplimiento de las promesas políticas.

Javier Moscoso cumplirá una apretada agenda durante toda la semana, ya que sostendrá una conversación con el Comité Nacional de Bioética bajo el título “Descifrando el dolor: una discusión desde la filosofía, la medicina, la naturaleza, la literatura y el arte”, que será moderado por la Dra. Ela Urriola, evento que se llevará a cabo en la Biblioteca Nacional el martes 7 de agosto a las 6:30 de la tarde; un conversatorio bajo el título “Las emociones en la política y la política de las emociones” el 8 de agosto, a las 7 de la noche, en la Centro Cultural de España-Casa del Soldado, en coordinación con el Centro de Iniciativas Democráticas (CIDEM) en el que participarán junto al autor los politólogos Jorge Giannareas y Giulia de Sanctis; la presentación del libro en la Librería de Panamá Viejo, el jueves 9 de agosto, a las 6 de la tarde y un café filosófico  con el título “Pasiones de la modernidad: el amor y el miedo como dispositivos políticos” con la participación del grupo El laberinto de Dionisos, de la escuela de filosofía de la Universidad también en la Casa del Soldado, en el Casco Antiguo, el viernes 10 de agosto a las 5 de la tarde.  Todas estas actividades están abiertas al público.

Hablar de filosofía en un país que desdeña las humanidades toma relevancia desde el punto de vista de que urge rescatar su práctica y también su estudio.  La filosofía es una doctrina que usa un conjunto de razonamientos lógicos y metódicos sobre conceptos abstractos como la existencia, la verdad y la ética basados en la esencia, las características y las causas y efectos de las cosas naturales como el ser humano y el universo.  Fue acuñada por Pitágoras en la Antigua Grecia y significa “amor por la sabiduría”.  La integran varias ramas, como la metafísica, la Gnoseología (teoría del conocimiento), lógica, ética, estética, filosofía política, del lenguaje, de la mente y de la historia.

Dejémonos envolver por esta pasión por comprender la configuración emocional del presente leyendo “Promesas incumplidas” de Javier Moscoso y escuchando su sencilla pero profunda explicación de la historia política de las pasiones.

ENTENDIENDO EL MENSAJE

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 5 de agosto de 2018

Ahora que todo el mundo se cree que puede opinar sobre cualquier tema, siempre y cuando tenga un teléfono inteligente (pareciera una contradicción, porque el inteligente debe ser uno para saber cómo usarlo, y no como abusar de él) me llegó un video muy atractivo producido por la Casa del Cultura Ecuatoriana, titulado “Cría cuervos”.  Es subyugante el mensaje porque empieza estableciendo que “La cultura es el eje transversal de toda transformación revolucionaria”.  El video dura unos 4 minutos y su planteamiento es, básicamente, que el expresidente ecuatoriano Rafael Correa no atendió lo que esa institución de gestión cultural, que es autónoma, le planteó en su momento.

La Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) funciona desde el año 1944 y tiene su sede principal en la ciudad de Quito.  También tiene sedes en casi todas las provincias del país y sus objetivos son el de coadyuvar al desarrollo de los derechos culturales y principios programáticos, enmarcados en la política pública cultural del Estado ecuatoriano.

Como en Panamá estamos en pañales en temas culturales, y ahora que se acerca la Feria del Libro, evento cultural de excelencia en nuestro país, me puse a indagar qué hace esa institución. Fue fundada por Benjamín Carrión, cuyo nombre aparece al inicio del video, y entre sus funciones, la más importante a destacar es “Orientar el desarrollo de la cultura nacional y universal, estimular su conocimiento y difundir los valores de la cultura ecuatoriana en el ámbito nacional e internacional”.  Benjamín Carrión fue un escritor, político, diplomático y promotor cultural.

La CCE no es parte del Ministerio de Cultura y Patrimonio, y sin embargo de ella dependen varios museos, teatros, salas de cine, convoca premios, organiza conciertos y toda una variedad de actividades culturales.  Algo muy importante es que tiene valiosos archivos de documentos, películas, videos y temas relacionados.  Carrión tenía la firme creencia de que en la cultura hay una fuerza superior que podría levantar la moral del país.

Pero el mensaje que quería mandar el video, de impecable factura, era un reclamo del anterior director de la CCE al expresidente Rafael Correa y su llamada Revolución Ciudadana, pues aparentemente éste no le hizo caso a sus sugerencias y no le dio al pueblo “la oportunidad de abrir su corazón a la cultura” y por tal razón, los cuervos que crio le sacaron los ojos.

Según lo que pude leer en torno a la polémica que se suscitó en torno a ese video, la noción de cultura que todavía maneja la CCE es trasnochada, excluyente y paternalista, similar a la que maneja el Ministerio de Cultura y Patrimonio, de acuerdo con los polemistas.  Llama la atención que ese país tenga dos instituciones poderosas que lidien temas culturales y nosotros no llegamos a tener ni una.  La ley que rige al Instituto Nacional de Cultura nuestro (INAC) es de 1974 y urge que sea replanteada, revisada y actualizada.  Si en Ecuador señalan que la noción de cultura que se maneja es trasnochada, excluyente y paternalista, no quiero ni intentar definir la panameña, de repente no es ni noción.  El INAC tiene a cargo varios museos y teatros y todos se están cayendo, además que sus funcionarios carecen, en su gran mayoría, de la formación para conducir tan importantes instituciones.  Solamente recordemos lo señalado por una señora que fungía (espero que ya no) como directora del Museo Nacional de Historia, que decía categóricamente que allí se enseñaba sobre la Guerra de los Dos Mil Días (la guerra duró mil días) y que los tratados fueron firmados en 1968 (la firma se efectúo en 1977).

Urge que nos replanteemos nuestra noción de cultura, lo que entendamos de ella y para qué sirve.  Especialmente en este año preelectoral, cuando ya han empezado las campañas proselitistas y cuando es muy fácil prometer para no cumplir después.  En la gestión del preso del Renacer se aprobó en la Asamblea Nacional una Ley de Cultura, con la idea de crear un Ministerio de Cultura.  Es muy bonito decirlo, exigirlo y pedirlo, todos los días aparece cualquier/a cantamañanas alegando que es la solución a nuestros males, pero la mayoría no saben ni se imaginan qué es ni para qué sirve.  Seremos capital cultural iberoamericana el año entrante y ni siquiera tenemos la infraestructura para realizar una mínima cantidad de eventos que esto involucra.