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Las guerras del general Torrijos

El esperado libro del periodista español Zoilo Gutiérrez Martínez de la Vega, sobre la vida del general Omar Torrijos, ya está en las librerías. Para su autor es el reportaje más importante de su vida, por su trascendencia histórica y por su cercanía con el personaje

  • PorMariela Sagel, Vida y cultura, La Estrella de Panamá, 25 de dciembre de 2020

Con Jimmy Carter

Esta semana llegó a Panamá el esperado libro del periodista español Zoilo Gutiérrez Martínez de la Vega, muy conocido en nuestro medio por haber sido delegado de EFE para Centro América hace 50 años. El libro es una deuda pendiente que tiene el octogenario reportero con la historia panameña y con un personaje del que estuvo muy cerca, el general Omar Torrijos. En dos publicaciones anteriores me referí a él, cuando todavía era un manuscrito, al publicar quién fue el primer general Torrijos, que fue un héroe español y a quien se le erige un monumento en Málaga. Después escribí sobre el papel de John Wayne en la aprobación de los tratados Torrijos-Carter en el Senado estadounidense. Ahora le toca a Gutiérrez Martínez de la Vega hablar sobre su libro:

“Las guerras del general Omar Torrijos” es una deuda pendiente que tienes con la historia, por haber compartido con Omar los momentos más importantes de las negociaciones del tratado del Canal de Panamá. ¿Cómo ha sido ese proceso de reunir todas esas vivencias casi 40 años después?

En 40 años de periodismo con la agencia EFE, tuve la oportunidad de cubrir informativamente los principales acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX en Iberoamérica, pero Las guerras del general Omar Torrijos es el reportaje más importante de mi vida.

Primero, porque se trata del acontecimiento revolucionario más trascendente en el continente. Fidel Castro pudo haber sido más ruidoso y más famoso, pero Cuba sigue viviendo en dictadura comunista y la base naval de la bahía de Guantánamo continúa en poder de Estados Unidos.

Las guerras del general Torrijos.

La proximidad y la amistad de 13 años con Omar Torrijos me facilitaron el conocimiento directo del personaje y de todas sus causas. También me facilitaron el acceso a sus principales colaboradores para obtener sus testimonios sobre los episodios más importantes del libro: de “Monchi” Torrijos sobre su familia; de Juan Materno Vásquez sobre el golpe contra Arnulfo Arias; del presidente Jimmy Lakas sobre el golpe de la CIA en 1969 al general Torrijos cuando se encontraba en México y su retorno casi suicida; de Fernando Manfredo sobre la temeraria Guerra del Banano, que cambió la historia del colonialismo bananero en toda la región; de Arturo McGowen sobre la contribución decisiva de John Wayne a la ratificación de los tratados Torrijos-Carter; del mayor Felipe Camargo sobre el montaje y desmontaje de la “Operación Potable” para destruir el Canal; de José Isabel Blandón sobre el apoyo al sandinismo y al derrocamiento del dictador Anastasio Somoza y el empeño de Torrijos en la pacificación y democratización de Centroamérica; de Marcel Salamín sobre la acogida al sha de Persia, que desactivó un conflicto mundial. Finalmente, de su esposa Raquel, de sus secretarias y de sus pilotos, para la reconstrucción detallada de sus últimos días, de su accidente mortal y de la recuperación de los cadáveres.Con Roberto Pastor

También el acceso a sus mejores amigos estadistas, incondicionales con sus causas. Todos ellos me recibieron en sus casas y analizaron sin límites de tiempo su estatura humana y su dimensión política nacional e internacional: Felipe González, Alfonso López Michelsen, Jimmy Carter, Hamilton Jordan, Bob Pastor, Ellsworth Bunker, Francisco Peña Gómez, Jorge Arturo Reina…Ante la tumba de Omar Torrijos

Finalmente, también me enriquecieron todos los libros publicados sobre él. Fueron fundamentales Las negociaciones de los tratados Torrijos-Carter…, de Omar Jaén; La odisea de Panamá, de William Jorden; Descubriendo al general Omar Torrijos, de Graham Greene, y muchos otros que no cito, porque ya lo hago en la bibliografía.

Lo demás, cariño, admiración y trabajo sin prisas, porque la historia no tiene prisas. Hubiera sido más fácil escribir un libro de 1,200 páginas. Lo más difícil fue resumirlo en 600, porque sentía que lo estaba empobreciendo.

Otra dificultad fue tener que escribirlo lejos de Panamá, donde hubiera podido obtener datos complementarios importantes, pero siempre habrá la posibilidad de nuevas ediciones.Con Gabriel García Márquez

¿Cuándo llegas a Panamá, con EFE, y conoces a Torrijos? ¿Qué los hace convertirse en amigos?

Conocí al general Torrijos el 12 de octubre de 1968, un día después del golpe, de la mano de Mayín Correa, pero solo fue una aproximación periodística. La relación más personal surgió y se afianzó con el paso del tiempo. Sobre todo, con mis crónicas para la agencia EFE sobre sus causas revolucionarias, que él leía reproducidas en los diarios panameños. Acostumbrado al tratamiento crítico de otras agencias estadounidenses, descubrió que EFE y Acan-Efe las defendían y difundían objetivamente en el mundo entero. De ahí su interés en abrirme las puertas de su casa, en contar conmigo en sus viajes internacionales, y de ahí también el afecto y la amistad que se fueron incrementando hasta su muerte.

En la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en Panamá, organicé una cobertura especial y pedí a mi central de EFE en Madrid que me enviara recortes de prensa de todas nuestras publicaciones en el mundo. Me los mandaron en seis álbumes que le impresionaron. Desde entonces, en todos sus viajes a España nunca dejó de visitar la Agencia EFE.Con Omar Torrijos en su casa de Farallón

El libro tiene información que nunca se había conocido, que le dan un valor agregado al relato, como la del primer general Torrijos, a quien se le erige un monumento en Málaga y cuya ejecución está registrada en un cuadro de Antonio Gisbert que está colgado en el Museo del Prado. ¿Conocía Omar Torrijos estos detalles de su antepasado?

Toda la historia del general José María Torrijos y Uriarte, conde de Torrijos, héroe en la guerra de independencia contra Francia y víctima del absolutismo del rey Fernando VII, me la contó su hermano mayor Monchi, el documentalista de la familia, después de la muerte de Omar. Quiero pensar que este debió de escucharla a su padre, que incluso llevaba el nombre de su tío abuelo, pero tengo dudas de que la recordara porque nunca le oí mencionarla. Visitamos juntos la ciudad de Málaga y tampoco se interesó por conocer la tumba de su famoso tío bisabuelo en la Plaza de la Merced.

¿Cómo pudiste organizar tanta información para que fuera un relato que capture al lector, si no eres escritor sino periodista?

Es tu pregunta más sencilla y te la respondo desde el mismo libro, donde digo textualmente: “No soy historiador. Solo periodista de agencia internacional, que trabaja únicamente con hechos contrastados y fuentes autorizadas. Quise, en consecuencia, que cada capítulo del libro fuera un reportaje. Dice el maestro de todos los géneros periodísticos, Gabriel García Márquez, que “el reportaje es un género literario que puede, no solo ser igual a la vida, sino más aún: mejor que la vida. Puede ser igual a un cuento o una novela, con la única diferencia –sagrada e inviolable– de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites, pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma”.

Te confieso que no fue fácil. El hecho de contar la historia para los que la hicieron o vivieron te somete a una presión constante. Este es un libro escrito desde fuera para lectores sumamente críticos: para los Ahumada, Arístides, Barletta, De la Espriella, González Revilla, Murgas y Pérez Balladares, que hicieron precisamente esa historia, y para las generaciones de panameños que la convivieron, que la compartieron y se posicionaron sobre ella. Te obliga a llegar al fondo de los temas, a ser escrupulosamente objetivo y a demostrar casi irrefutablemente cada una de tus afirmaciones. Hoy, con el libro en la calle, tengo la sensación de estar sometido al juicio de cada lector.Con Hamilton Jordan

¿Qué factor te decidió a ponerle punto final a este libro que tiene unos 30 años de estar haciéndose esperar?

También te respondo desde el mismo libro: “Afirmaba León Tolstoi en su Guerra y paz que debían de transcurrir seis décadas para que un acontecimiento histórico se convirtiera en acontecimiento literario. Solo pasaron cuatro desde la muerte del general Torrijos (1981) y cinco desde su golpe revolucionario (1968); pero, a falta de una década y a mis 84 años no voy a dar al gran escritor ruso la oportunidad de tener razón, porque, además, siento que su historia está suficientemente madura para no esperar 10 años más”.

¿Qué significó para ti que una editorial de la talla de Planeta haya decidido editar tu libro? ¿Cuál es el alcance de Planeta para este libro? ¿Se traducirá al inglés y otros idiomas?

Hice todo lo posible por escribir una historia digna del general Omar Torrijos y quise completarla con la edición más digna posible. Tú conoces mejor que yo la importancia de la editorial Planeta, a la que llegué de tu mano. Precisamente elegimos Planeta-México por sus mercados naturales de América Latina y de Estados Unidos, donde ya está circulando en ediciones digital e impresa, en español, a través de su poderosa cadena de distribución. Tengo confianza en su edición inglesa, que estará en enero, teniendo en cuenta que el contenido del libro va orientado al ciento por ciento tanto para el lector panameño como para el norteamericano.Con Felipe González

¿Cuál es el mensaje más importante que le dejas al mundo con este testimonio de “Las guerras del general Omar Torrijos”?

Solo este, que contrasté con muchos colegas importantes, especialistas en política iberoamericana: quiero que el lector, cuando cierre “Las guerras del general Omar Torrijos. La reconquista del Canal de Panamá”, valore que acaba de conocer al personaje más importante de toda la historia de Panamá y al estadista más importante de América Latina en la segunda mitad del siglo XX. Todos los hechos, todos los datos y todos los testimonios de este libro intentan demostrarlo.

El Museo Arqueológico de Estambul

Por Mariela Sagel

Vida y cultura, 18 de diciembre de 2020, La EStrella de Panamá

El descubrimiento de una serie de sarcófagos, parte de la necrópolis real de Sidón, obligó a la construcción de un edificio que fue abierto al público en 1891. Este es el primero de los tres museos que conforman el complejo museístico de Estambul

El Museo Arqueológico de Estambul

El complejo museístico arqueológico de Estambul está compuesto de tres edificios o unidades principales que lo integran el Museo Arqueológico, el Museo de Oriente y el Museo de Cerámicas. Ubicado en los jardines externos del palacio Topkapi, se constituyó en el primer conjunto de esta índole en tierras otomanas, donde se muestran piezas de diferentes culturas.

Recientes excavaciones y los archivos antiguos registrados muestran que la península de Anatolia fue la más rica de todas las tierras en este arco llamado el “Creciente fértil”, que es una región histórica que la formaban los territorios del Levante mediterráneo, Mesopotamia y Persia, considerada por muchos como el lugar donde se originó la revolución neolítica en occidente. Ocupaba los territorios actuales del Líbano, Israel, Palestina, Siria, Irak, el sudeste de Turquía y el noroeste de Jordania. Todas estas hoy naciones fueron parte de civilizaciones ancestrales. No fue solamente el puente entre Asia y Europa, mediante el cual las personas migraban de un lado a otro, sino los asentamientos que mostraron un desarrollo ininterrumpido, desde ser cazadores y hospederos hasta convertirse en pastores y granjeros. Algunas investigaciones arrojan que los cazadores de la época paleolítica ocuparon esta península unos 400 mil años antes de nuestros tiempos. Más tarde, durante los períodos Neolítico y Calcolítico, en el escenario de Anatolia germinaron sociedades urbanas que fueron capaces de transmitir su cultura en los países y regiones que la conformaban. Es así como este pedazo de tierra fértil fue la base de nuevas civilizaciones, como los Hititas y otros. Gracias a eso, donde se asentaron estas civilizaciones quedó un inmenso legado a la hoy Turquía, que ha sabido darle mérito a estos tesoros en museos que tienen un inconmensurable valor arqueológico.

El edificio original del Museo Arqueológico de Estambul debe su existencia a un grupo de sarcófagos que eran parte de la necrópolis real de Sidón (actualmente Saida en el Líbano) que data de 1887. Hasta ese momento, el material arqueológico que se recibía en la capital del imperio otomano se destinaba a otros recintos. El descubrimiento de una colección tan impresionante obligó a la construcción de un edificio donde fueron trasladados los sarcófagos, el primero de los que componen el complejo de museos de su índole, abierto al público en 1891.Trabajos en mosaicos

El descubrimiento de la necrópolis de Sidón fue uno de los eventos arqueológicos más importantes del siglo XIX y se dio a conocer el edificio donde se exhiben como el “museo de los sarcófagos”. Y es que son impresionantes, además de bellamente tallados, conservados con extremo preciosismo. Los elementos arquitectónicos que fueron añadiéndose al nuevo edificio fueron inspirados en el sarcófago atribuido a Alejandro Magno y el de las “Mourning Women” (mujeres plañideras). El sarcófago de Alejandro es de piedra y data de finales del siglo IV a.C. y está adornado por bajorrelieves de su figura y batallas. Esta obra se ha conservado increíblemente bien y es famosa por su gran equilibrio estético. Es considerada, además, la pieza más destacada del Museo Arqueológico de Estambul.

Posteriormente se fueron añadiendo dos alas más al edificio original, a principios del presente siglo. A pesar de contar con nuevas salas, durante un tiempo muy largo el museo se convirtió en una especie de depósito de toda clase de antigüedades, por lo que intervino el criterio museístico y puso orden y coherencia a tan valiosa colección. El nuevo complejo, junto al viejo y original museo, se abrió al público en 1991, un siglo después de la inauguración del museo original y recibió en 1993 el “Council of Europe Award” de museos.

El nuevo y moderno edificio exhibe una colección inmensa con títulos muy originales y didácticos, como “Thracia – Bithynia and Byzance”, “Estambul a través del tiempo”, “Anatolia y Troya a través del tiempo” y “Culturas vecinas a Anatolia”. Estas colecciones han permitido al visitante la oportunidad de apreciar importantes obras y objetos de arte que estaban guardados en cajas de seguridad desde que fueron encontrados y nos permiten entender la historia de las civilizaciones a las que pertenecieron.

El recorrido es fascinante. En el ala vieja del museo se aprecian esculturas y artefactos del período denominado arcaico, el papel que jugó Persia en Anatolia, esculturas del período helenístico, romano influenciado por el estilo helenístico, esculturas provenientes de Éfeso y Mileto, esculturas del imperio romano. También se aprecian los sarcófagos encontrados en Sidón y las colecciones anteriormente mencionadas.

Las esculturas del período arcaico

Las excavaciones conducidas en el oeste del Asia menor demuestran que la mayoría de las poblaciones de la costa del mar Egeo, desde el estrecho de los Dardanelos hasta Halicarnaso estaban conformadas por inmigrantes de Grecia y las islas de ese mar. Hasta comienzos del siglo XVII a.C. los asentamientos aparentan haber sobrevivido en pequeñas villas que basaban su economía en la agricultura y se inspiraban en Grecia para sus creaciones artísticas.

Con el tiempo, estos asentamientos crecieron, llegando a ser ciudades y algunos de sus pobladores migraron al Mediterráneo y el mar Negro. Entre las más dinámicas ciudades que se establecieron en la época jónica, Mileto (Miletus) era la más atractiva. Los estilos se pueden diferenciar por la profundidad de las cavidades en las esculturas, que les daban mayor credibilidad y sustento a los estudios anatómicos, tan presentes en las manifestaciones artísticas de la época. Se producían enormes estatuas para decorar templos o monumentos sepulcrales, y más tarde para casas y jardines. Fue una etapa de escultura de culto, votiva o funeraria.Sarcófago de Alejandro Magno

Los típicos “kouros” representan un hombre desnudo en posición frontal con el pie izquierdo un poco hacia adelante y los brazos cerca del cuerpo. Se les ha rastreado una influencia egipcia a estas esculturas. Se usaba la piedra y el mármol para esculpirlas, por lo que han sobrevivido sin mayores daños tantos años. Las cabezas y extremidades del cuerpo se esculpían por separado y se iban adhiriendo con espigas de piedra y tacos al cuerpo principal y se usaba cemento o argamasa como pegamento.

El interés de coleccionar objetos históricos data de cuando el Imperio Otomano se erigió, bajo el mando del sultán Mehmet, el conquistador, pero el establecimiento institucional de este museo y sus alas adicionales coincide con lo que se conoce como el Museo Imperial, en 1869. El pabellón titulado “Tiled” (Cerámicas), fue restaurado y abierto al público en 1880, pero construido durante el reinado de Mehmet.

Las tres alas del museo

Los muchos sarcófagos que se pueden apreciar en las salas del museo, cuyo diseño está muy bien pensado y ejecutado, fueron encontrados en las excavaciones que condujo Osman Hamdi, director del museo en 1881, lo que marcó un resurgimiento de los museos turcos.El Museo Arqueológico de Estambul

El ala correspondiente a las cerámicas muestra ejemplos de los azulejos y mosaicos turcos, algunos muy antiguos, de las construcciones civiles otomanas en Estambul. El Museo de Antiguos Trabajos Orientales (Ancient Oriental Works) fue construido por Osman Hamdi en 1883 como Escuela de Bellas Artes, o Academia. El arquitecto fue el mismo que posteriormente diseñó las alas adicionales del museo. Cuando la academia se mudó, el edificio se destinó al directorio del museo.

Este museo ostenta la extraña e inusual característica de ser uno de los pocos edificios diseñado para el propósito de ser un museo en el período en que fue construido. Es uno de los más hermosos y magnificentes ejemplos de arquitectura neoclásica en Estambul. En su fachada tiene una inscripción otomana que lee ‘Asar-i Atika Museum’ (Museum of Antiquities). La “tugra” (sello de los sultanes durante el imperio) es del sultán Abdulhamid.

El nuevo edificio con un diseño moderno y alturas considerables para poder apreciar obras como el sarcófago de Alejandro, y otros hallados en Sidón, fue diseñado por el famoso arquitecto de esa época Alexandre Vallaury.

Es un fascinante recorrido por el arte en su mayoría hecho en mármol y piedra, además de las cerámicas, y un repaso de los períodos que trajeron gran relevancia a estas tierras que unen continentes, océanos y culturas.