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La Semana de las Naciones Unidas

La Estrella de Panamá, 27 de septiembre de 2020

Por Mariela Sagel

La semana pasada se celebraron las tradicionales comparecencias de los presidentes y soberanos de los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en anticipación a la conmemoración de sus 75 años de haberse constituido, apenas un mes después del final de la Segunda Guerra Mundial.

La semana pasada se celebraron las tradicionales comparecencias de los presidentes y soberanos de los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en anticipación a la conmemoración de sus 75 años de haberse constituido, apenas un mes después del final de la Segunda Guerra Mundial. Originalmente, eran 51 países los que suscribieron la Carta de las Naciones Unidas y hoy día la conforman 193 naciones del mundo.

La ONU reemplazó a la Sociedad de Naciones (SDN), que se había establecido en 1919, y su creación se debió a la incapacidad de su predecesora en prevenir otro conflicto internacional. Su sede está en la ciudad de Nueva York y tiene también oficinas en Ginebra, Suiza; en Nairobi, Kenia; y, en Viena, Austria. Su principal misión, y la de los otros organismos vinculantes es el de deliberar y decidir sobre temas significativos y administrativos que ocurren en las naciones miembros y esto lo hacen en las reuniones periódicas que se celebran durante el año.

Fue el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt el que pronunció por primera vez el término “naciones unidas”, en enero de 1942, como una alianza de 26 países que se comprometieron a defender la Carta del Atlántico (suscrita en 1941 entre Roosevelt y Winston Churchill) y emplear sus recursos en la guerra contra el eje que formaban Italia, Alemania y el Japón.

Todos los años, la mayoría de los mandatarios del mundo se traslada a Nueva York para pronunciar lo que será su declaración de país en torno a la situación del mundo. Este año, por cuenta de la pandemia, las comparecencias han sido virtuales, y se registraron más participantes que los que asisten tradicionalmente a la cita anual, y el tono, si bien tuvo un eje conductor, cada representante de una potencia lo ajustó a sus intereses particulares.

El presidente Donald Trump se la pasó culpando a China por la expansión del coronavirus, sin aceptar que su país es el que más casos arroja en las estadísticas mundiales. Otro populista de derecha, Jair Bolsonaro, se hizo la víctima, señalando que había una campaña de desinformación con respecto a los incendios que arrasan en la Amazonía. Vladimir Putin, de manera sintomática, ofreció la vacuna que desarrolla su país a todos los funcionarios de la ONU y Xi Jingping, presidente de China, instó a los miembros de las Naciones Unidas a afrontar la pandemia “con solidaridad” y resaltó la importancia de seguir las pautas de “la ciencia y la Organización Mundial de la Salud (OMS)” para acabar con la crisis, rechazando todo intento de politización o estigmatización y llamando a actuar de forma conjunta para afrontar la crisis sanitaria y económica. Yendo más allá, hizo un llamado a todos los países a afrontar los retos de la globalización económica y vivir en un mundo abierto a la economía, basado en el multilateralismo y liderazgo de la Organización Mundial de Comercio, rechazando el proteccionismo.

A pesar de que la ONU se ha visto debilitada por las tensiones entre las grandes potencias, el aumento del unilateralismo y marcada por la dificultad de ofrecer respuestas ante la emergencia que ha representado la pandemia, la concurrencia fue masiva. Siguen en agenda las emergencias económicas que enfrentan todos los países, así como la crisis climática.

Mientras Trump exige a la ONU que China rinda cuentas por infectar al mundo y señala que la OMS es controlada por el Gobierno chino, sin mostrar pruebas, no se compromete a hacer una transición ordenada en caso de que pierda las elecciones del 3 de noviembre de este año. Alardea de haber aumentado la inversión en armamento militar de última tecnología, y asegura que espera no tener que utilizarlo. Como si todavía estuviera dentro del Acuerdo de París, acusó a China de contaminar el medio ambiente enviando más plásticos y emisiones de carbono a la atmósfera que ningún otro país del mundo.https://31f062fba5d067f84a9860bcda781e9c.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

Putin, por su parte, señaló a las Naciones Unidas de “haber fallado en su misión de proteger la paz, promover desarrollo sostenible en personas y continentes y mitigar las crisis locales”. Aprovechó la ocasión para pedir un acuerdo vinculante entre las principales potencias para prohibir el despliegue de armas en el espacio y resaltó que su país no ha recibido una respuesta de los Estados Unidos y sus aliados a su llamado a limitar el despliegue de misiles de corto y mediano alcance en Europa y otras partes del mundo.

Frente a las pantallas de la sede, en la 1ª. avenida de la ciudad de Nueva York, desfilaron los líderes de los países que son miembros de la ONU, sin que hubiera lugar a réplicas ni debates por el formato virtual que se tuvo que implementar este año. Uno a uno y cada uno a su estilo, fueron presentando su mensaje, algunos venenosos, como los intercambiados entre los presidentes de Colombia y Venezuela, otros quejosos, como el del presidente de Cuba, y la mayoría con su agenda propia, como fue el caso de México, Turquía, Argentina, Francia y el Perú, entre otros.

Nuestro presidente, Laurentino Cortizo, tuvo una excelente intervención en la que integró los temas que están involucrados en toda esta pandemia, ofreciendo propuestas y defendiendo el multilateralismo como instrumento de cooperación internacional.

Konya y los derviches

Vida y cultura, 25 de septiembre de 2020, La Estrella de Panamá

Por Mariela Sagel

Con el pasar de los siglos la ciudad ha pasado de un asentamiento agrícola a capital industrial, llegando a ser uno de los sitios más atractivos de Turquía. Tiene como atractivos principales la preservación de sus sitios históricos y la recreación que hacen los derviches giróvagos

Derviches danzantesCedida

La ciudad de Konya, en el centro de Anatolia, es la quinta ciudad más grande de Turquía y recibe visitas turísticas de aproximadamente 2 millones de personas al año. Su extensión es muy vasta y queda al sur de Ankara, la capital de la república. A ella llegamos por tren rápido tipo Ave, impecable y eficiente. También se llega por las magníficas carreteras con que cuenta el país. Desde Estambul se puede volar a Konya.

Fue capital del imperio selyúcida y clave desde el período neolítico, pero también jugó su papel en los períodos Calcolítico y de la antigua Edad de Bronce. Los hititas dejaron su huella y como resultado de estas investigaciones, se encontraron cerámicas y trozos de recipientes rescatados de excavaciones de Karahoyulk, que se exhiben en el Museo Arqueológico de Konya. Como en casi todos los asentamientos humanos de esa civilización, Alejandro Magno dejó su impronta en el año 323 a.C. y la convirtió en una ciudad importante del período romano. En los primeros años del cristianismo, el apóstol san Pablo vino a predicar en Lystra, Derbe, Kilistra y Sille. En el año 395, el emperador romano Teodosio, que ascendió después del imperio bizantino, repartió el territorio entre sus dos hijos y quedan restos de antiguas edificaciones en Sille como testimonio de la arquitectura de esa época. Allí se encuentra muy bien conservada una iglesia ortodoxa griega a la que bordea un escénico riachuelo.

Iglesia ortodoxa griega en SilleCedida

Konya volvió a ser reintegrada al islam en el año 704 para volver a ser parte del imperio bizantino hasta 1071, cuando todos los territorios de Anatolia pasaron a manos turcas. En 1076 Suleyman, hijo de Kutalmis, la declaró capital del imperio selyúcida. Fue un centro importante en los períodos hitita, frigián, romano, bizantino, selyúcida y otomano, que terminó al constituirse la república de Turquía.

De una ciudad agrícola a ser una capital industrial, Konya es uno de los sitios más atractivos del país euroasiático y tiene como atracciones principales la preservación de sus sitios históricos y la recreación que hacen los derviches danzantes.

Los derviches Y Mevlana

Hazrat Mevlana Jalaladdin Rumi fue un poeta místico que creó una cultura de pensamiento. Nació en lo que es hoy Afganistán en 1207. Su nombre real era Mohammed Jalaladdin y los de Mevlana y Rumi le fueron dados por otros pueblos. Mevlana significa “nuestro señor” y Rumi significa “anatolio”. Su madre era hija del soberano de Balkh y su padre el llamado “sultán de los estudiantes”, o Sultan-ul Ulema. La estirpe de Mevlana es impresionante.

Una mezquita en la moderna Konya. Frente a ella, los rieles del tranvía.Cedida

La familia abandonó la ciudad de Balkh en una caravana de 300 camellos en 1212, acompañada por amigos. Pasó por Bagdad y se estableció en Karaman, pero después de que fallecieran su mujer y su hijo mayor, el padre se fue a Konya, a la madraza que le fue asignada por el sultán Alaeddin Keykubab, del imperio selyúcida.

Hay una leyenda que dice que un día Mevlana pasaba frente al bazar de los joyeros y escuchó al jeque Salahaddin y su aprendiz batiendo oro con el martillo para hacer hojas. Él se sentó con éxtasis ante la armonía de aquella voz, perdió la conciencia y se entregó al amor divino y empezó a girar. El jeque lo vio y ordenó a su empleado que no dejara de batir.

Mevlana murió en diciembre de 1273 y se le erige un mausoleo llamado cúpula verde y su diseño es considerado una obra maestra de madera del período Selyúcido. Sus enseñanzas perduran porque se resumen en: “Después de nuestra muerte, no buscamos nuestras tumbas en la tierra, nuestras tumbas están en el corazón de la gente sabia”. Su última voluntad se resume como “os dejo con un deseo, oculta y obviamente tener miedo de Allah, de comer poco, de dormir poco, de hablar menos, de titubear de los pecados, de seguir orando y ayunando, de estar alejado de los deseos, de resistir a las torturas y a las penas de la sociedad, no mantener relaciones con personas disipadas y groseras, estar junto a personas buenas y llenas de gracia”.“Los derviches simbolizan místicamente la rotación de los planetas. Su nombre significa en persa ‘visitador de puertas’. Giran sobre sí mismos hasta conseguir el éxtasis”.

La obra más conocida del poeta místico Mevlana es el Mathnawi, que según se dice contó los versos mientras se paseaba por Meram, sentado, caminando, incluso mientras giraba, como lo hacen los derviches. El Mathnawi fue escrito en persa. La copia original consta de 25,618 versos que se exponen en el museo de Mevlana, en Konya, en seis volúmenes donde relata sus ideas místicas y sus pensamientos como cuentos entrelazados. Otra publicación, Diwan-e Kabir, resume todos los poemas sobre varios temas y, aunque escrito en persa, también los hay escritos en árabe, turco y griego. También se pueden consultar cartas, discursos y la colección de siete sermones. El poeta no consideraba la poesía como un objetivo, sino un instrumento para difundir sus ideas. Un ejemplar de ese libro nos fue obsequiado durante nuestra visita.

Museo y mausoleo de MevlanaCedida

En el mausoleo que se le dedicó, tres lados son abiertos, el techo es cortado en aguas hacia afuera y cubierto de azulejos. Adentro hay ornamentos de yeso con decoraciones dibujadas a mano. Hacia el sur del mausoleo hay una inscripción que explica cuándo y por quién fue construido.

Después de su muerte, los seguidores del poeta fundaron la orden sufí Mevlevi, que son mejor conocidos como los “derviches giróvagos” porque realizan su meditación en movimiento circular que se denomina semá, girando sobre sí mismos. Es una danza espiritual que se puede apreciar en varios países árabes. Mevlana Rumi creyó apasionadamente en el uso de la música, la poesía y el baile como medio de búsqueda para alcanzar a Dios. Para él, la música ayuda a los devotos a centrar su ser en lo divino, y a hacer esto tan intenso que el alma se destruya y resucite. Fue esta la idea que en la práctica desarrollaron los derviches giróvagos en una forma ritual. En la tradición de la orden Mevleví, la semá representa un viaje místico de desarrollo espiritual, permitiendo el perfeccionamiento de la mente y el amor. En este viaje el buscador da vueltas simbólicamente hacia la verdad, crece con amor, abandona el ego, encuentra la verdad, y llega a la “perfección”; luego regresa de este viaje espiritual con mayor madurez, para amar y estar al servicio del conjunto de la creación, sin discriminación hacia las creencias, razas, clases y naciones. Los derviches simbolizan místicamente la rotación de los planetas. Su nombre significa en persa “visitador de puertas”. Giran sobre sí mismos hasta conseguir el éxtasis. La danza es acompañada de flautas, atabales, tamboriles, esa especie de violines llamados kamanché, y laúdes de mástil largo como el saz turco. Un espectáculo único en su especie y que lo llena a uno de paz.

El mundo de Mevlana Rumi no es ni exclusivamente el mundo de un sufí, ni el mundo de un hindú ni un judío ni un cristiano; es el estado más alto de un ser humano, un ser humano completamente desarrollado, no encasillado por limitaciones culturales; en teoría él toca a cada uno de nosotros.

En el monumento a Mevlana Rumi se han ubicado recreaciones de cómo vivían los derviches con figuras de tamaño real y ambientes de sus entornos. Lamentablemente, por la pandemia, no los pude visitar en esta ocasión, pero hace dos años me recreé con esa bien puesta exhibición. El temperamento de los derviches se asocia a ser imperturbable o ascético, es decir, que tienen una actitud que es indiferente a los bienes materiales.

Visitar Konya, sus valiosos tesoros históricos y místicos, además de sus avances en el campo educativo es un privilegio. El ayuntamiento mantiene la ciudad como un tesoro, con los jardines perfectamente atendidos y la recolección de la basura para reciclarla. Una ciudad de progreso que tiene cinco universidades, algunas especializadas en el campo agropecuario y un tranvía modernísimo como opción de transporte público. Deberíamos buscar hermanar esta ciudad con la nuestra para girar, como centro del universo, buscando la paz.