Facetas Publicado en La Estrella de Panamá

El seductor del bombín negro

Mariela Sagel

Facetas, 6 de noviembre de 2011

Con su himno ‘Y nos dieron las diez’, el cantautor español Joaquín Sabina culminó recientemente una gira de conciertos por los Estados Unidos. Durante el recital, que tuvo como escenario el American Airlines Arena, en Miami, el ‘flaco de Úbeda’ interpretó 24 canciones, incluyendo temas icónicos como ‘Medias negras’, ‘Por el Boulevard de los sueños rotos’, ‘La casa por la ventana’, ‘19 días y 500 noches’ y ‘Contigo’. 


Sabina se presentó con su sello de marca: un bombín negro, que usa en todos los conciertos y le añade una aureola de bohemio y poeta que no lo abandonó en Miami, cuyo concierto, de más de dos horas y media de duración, estuvo lleno de nostalgia. Una vez volvió a ser el seductor que no discrimina, que es capaz de reunir en una misma a sala a fanáticos con ideas políticas opuestas.

JOAQUÍN SABINA   

‘Nos sobran los motivos’

UN POCO DEL CANTANTE

Joaquín Sabina es un cantautor español famoso en todo el mundo, que lo ha recorrido en sus giras, pero nunca ha cantado en Panamá.  En una estadística que él alega desconocer, lo ponen como uno de los 31 genios que han hecho historia en la música, entre los Beatles, Bob Dylan, Elvis Presley y los Rolling Stones. Hace un par de años hizo una gira con Joan Manuel Serrat titulada “Dos Pájaros de un tiro” que fue muy aclamada donde se presentó.  En ella, ambos interpretaban, indistintamente, una canción del otro, con una coreografía fantástica.  Ahora preparan otra jornada que empezará en marzo en Argentina, si su mala salud de hierro lo permite, ya que esta gira del Penúltimo Tren llegó con retraso.

A través de los años, Serrat ha sido objeto de una lectura más respetuosa y ponderada que Sabina, toda vez que es considerado un catalizador de la memoria sentimental de tres generaciones de españoles.  A diferencia del flaco, Joan Manuel se ha cuidado en todas sus intervenciones públicas de no salirse del tiesto.

Joaquín escribía versos desde pequeño y hoy día tiene publicados varias series de sonetos.  Inició estudios de filología románica pero vivió en carne propia los sobresaltos políticos del año 1968 y se tuvo que auto exilar en Londres, donde continuó sus andanzas anti establishment.  Era la época del franquismo y los temas políticos estaban exacerbados.  En broma y en serio dice que su destino hubiera sido el de escritor si no se hubiera tropezado con la música de Bob Dylan.  Adicional, alega que nunca ha intentado escribir una novela “porque las que quería escribir ya las escribió Alfredo Bryce Echenique” (el escritor peruano).

Es gran amigo de Gabriel García Márquez, de Luis Eduardo Aute, de Pablo Milanés (de quien dijo en el concierto que era el mejor cantante del mundo mundial, al entonar “Una canción para la Magdalena”, compuesta por el cubano) y también de los Príncipes de Asturias (que han cenado en su casa y Letizia dice que es “su cantante de cabecera”) y de Fidel Castro.  Tuvo un percance de salud hace unos años, que él llama el “marichalazo” –en alusión al consorte de una de las Infantas, que lo sufrió un poco antes –, un ictus cerebral que lo mandó al hospital y que lo mantuvo alejado de los escenarios por varios años.  Es un artesano del verso, un orfebre de la canción en español.

Una característica en sus presentaciones, su sello de marca, es su bombín negro, que usa en todos los conciertos y le añade una aureola de bohemio y poeta que no lo abandonó en Miami, cuyo concierto, de más de dos horas y media de duración, estuvo lleno de nostalgia.

SHOW EN MIAMI

El ‘Flaco’ en acción

MARIELA SAGEL

Joaquín Sabina cantó en tres ciudades de los Estados Unidos, celebró a los cubanos, rindió homenaje a Chavela Vargas, Andrés Calamaro y Pablo Milanés, y saludó a Juanes

Una gira de conciertos por tres ciudades de los Estados Unidos, donde no es usual que Joaquín Sabina se presente, culminó en Miami, levantando protestas de la comunidad de cubanos anticastristas. En este evento, el ‘flaco de Úbeda’, por el pueblo donde nació en Jaén, España, congregó a un público que rebasaba las 10 mil personas, la mayoría jóvenes, que de pie coreaba una a una las letras de sus canciones, lo que él recibió con enorme regocijo y humildad.
Al inicio del concierto, que empezó con una puntualidad extraordinaria, se escuchó el himno de Sabina, ‘Y nos dieron las diez’, que aunque él alega no es su mejor canción, lo ha identificado a través de los años. Cuando entró al escenario, los presentes en la sede del equipo Miami Heats de la NBA, el American Airlines Arena, en pleno Biscayne Boulevard, lo aplaudieron a rabiar. Más adelante contó que el público en Nueva York no fue tan entusiasta como el que estaba rendido a sus pies.

EL CONCIERTO 

La gira del Penúltimo Tren había sido programada en mayo y un par de semanas antes se tuvo que posponer por la salud del cantante. No faltó quien sugirió, en forma maliciosa, que los boletos de entrada no se estaban vendiendo bien. El éxito en Miami constató que el artista goza de muchísima popularidad en la comunidad hispana y que aún en ese medio es un encantador de serpientes, capaz de seducir por igual a liberales y conservadores.

Veinticuatro canciones fueron interpretadas por Joaquín y su banda, y las cuatro últimas fueron encores, porque la gente pedía que volviera a salir. Realizó una magistral mezcla de sus canciones icónicas (Medias negras, Por el Boulevard de los sueños rotos, La casa por la ventana, 19 días y 500 noches y Contigo) con las irreverentes ‘Virgen de la Amargura’, ‘Peor para el sol’, ‘El caso de la rubia platino’, ‘Pastillas para no soñar’ y ‘Tiramisú de Limón’.

También cantó, por supuesto, ‘Princesa’ y ‘Yo quiero ser una chica Almodóvar’, que interpretó Mara Barros, con ‘Y sin embargo te quiero’, a dúo con él.

Cuando saludó al público, con el clásico ‘Buenas noches Miami’ (Good evening Miami) mencionó los países donde es muy querido, como Argentina, México, Colombia, Venezuela. Y cuando dijo ‘Buenas noches Cuba’, los aplausos fueron estruendosos, de pura alegría, con una mayoría de jóvenes que no se sentaron durante todo el concierto y se abarrotaban al frente para grabarlo y tomarle fotografías.

La escenografía era impecable, el sonido muy nítido (él mismo dice que tiene voz de lija) y el grupo que lo acompaña estuvo bien acompasado en todas las piezas que interpretó, y derrocharon excelencia. No es para menos para un cantante cuya poesía es de cierta lírica, siempre impregnada de cotidianidad, en la que utiliza vocablos urbanos.

IDEAS POLÍTICAS

Sabina se cuidó de no expresar ningún comentario político, ya que él siempre ha sido considerado un tipo de izquierda, aunque en una entrevista previa, concedida a la agencia española de noticias EFE, catalogó al régimen cubano de ser una ‘gerontocracia paralizada’ a la que no le quedará más remedio que abrir sus puertas.

Revisando su vida, plasmada en dos sendos libros, Perdón por la tristeza y Sabina en carne viva, del periodista y escritor Javier Menéndez Flores, se entiende que los altibajos que ha vivido en el campo político lo han llevado a ser catalogado como ‘rojo’. De hecho, una rubia muy guapa y muy aristócrata le dijo en una ocasión: ‘Eres un rojo de mierda y tus opiniones me revientan, pero me sé todos tus discos de memoria’. Igual que Voltaire cuando sentenció ‘No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo’.

Joaquín Sabina, que dedicó a Juanes, a quien conoció recientemente —y que estuvo presente en el concierto— su canción ‘Peces de la ciudad’, manifestó que esa gira, que culminó en Miami (dentro de Estados Unidos) era una forma de ‘revivir una antigua juventud soñada por escenarios que formaron parte de su imaginario sentimental’.

Mencionó a su ‘cuatacha’, Chavela Vargas, a quien dedicó ‘Noche de Bodas’, con quien la ha interpretado, adelantando que partía para México al día siguiente a celebrar los 93 años de la mítica cantante mexicana.

También le rindió homenaje a Andrés Calamaro, cantautor argentino, en ‘Todavía una canción de amor’, que compusieron juntos y que cantó con gran sentimiento. Rebasó la emoción cuando llegó el turno de ‘19 días y 50 noches’ y ‘Princesa’, cerrando con su himno ‘Y nos dieron las diez’.

Pero el público demandaba más del cantante y de sus acompañantes, que hicieron una breve interpretación, muy buena por cierto, para que él volviera a salir, en dos ocasiones más, rematando con las famosas y estremecedoras ‘Contigo’ y el ‘Pirata Cojo’, tomando un tambor estilo bombo, vistiendo su famoso chaqué y demostrándonos, a todos los que disfrutamos embobados de esa destreza, que el genio de Úbeda es un maestro de los escenarios y que es capaz de convocar hasta a los más recalcitrantes anticastristas.