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LO QUE NECESITAMOS

Por Mariela Sagel, La Estrella de Panamá, 23 de junio de 2019

Puerto de Santa Maria, Andalucía, España — Después de un periplo que me ha llevado al Sahara profundo, apreciando las manifestaciones culturales de los pueblos Hassani, tribus nómadas del desierto, y evaluar la forma en que una nación como Marruecos ha escogido la diplomacia cultural a la del enfrentamiento, puedo hacer una lista de las falencias que tenemos como país, empezando por el aeropuerto de Tocumen.

No sé cuál ha sido el tema de las concesiones aeroportuarias pero nuestro grandioso “hub” de las Américas carece de lo básico.  En el más remoto aeropuerto de Marruecos (ni qué decir de España o muchos otros países) hay, por lo menos, una farmacia o un puesto de revistas y libros.  Estos dos establecimientos son indispensables para los usuarios de tráfico aéreo ya que es muy común que uno necesite, por lo menos, un alivio a un malestar estomacal o un dolor de cabeza.  De igual forma, todos los implementos que uno tiene que llevar en los viajes (como cepillo y pasta de dientes, tapones para los oídos y hasta mascarillas para que no se nos pegue el resfriado de otros) son a veces de uso urgente y no necesariamente hemos dispuesto en nuestro equipaje de ellos.  O puede ocurrir también que las maletas se pierdan y entonces es cuando más necesitamos estos artículos de limpieza y bienestar.

Por otro lado, las revistas y libros, crucigramas y hasta Sudokus son indispensables porque a veces se puede uno pasar muchas horas en tránsito por culpa de vuelos retrasados.  Somos pocos los que prevemos viajar con libros o películas bajadas en un dispositivo móvil. 

El tema de los maleteros en Panamá ya está colmando la paciencia de muchos y de ello vengo hablando desde hace años.  En cualquier aeropuerto que se precie de ser moderno los carritos para colocar las maletas son gratis o se paga mediante tarjeta de crédito. Nuestros sublimes maleteros controlan ese negocio de manera chabacana y que deja muy mal al glamouroso “hub” ya que se tiene que pagar en dólares y no necesariamente todo el que arriba a Panamá tiene esa moneda.

En términos de atención al turista o extranjero la cosa se pone peor.  El transporte público, la atención en restaurantes están lejos de ser ideales en nuestro país.  En España, donde me encuentro ahora de vuelta de Marruecos, —donde también recibí un trato amable, precios justos y orientación desprendida en todo sentido, aun cuando a veces entre el árabe y el francés no puede uno entenderse—, la disposición al servicio y la atención prevalecen por encima de cualquier cosa.  Ahora que se ha revivido el Fondo de Inversión Turística y de que tendremos un nuevo director de la Autoridad del Turismo – el actual no ha servido para nada solamente para que la ocupación hotelera haya caído a niveles nunca vistos – debemos ser muy agresivos en esa industria que bien manejada puede ser uno de los mayores atractivos de nuestra nación.  Es urgente definir la marca país: Panamá.

En vísperas del inicio de un nuevo gobierno, un buen gobierno como promete el candidato electo, debemos empezar con pie derecho no solo a enderezar lo que ha dejado una década de mal gobierno sino adecentar la gestión pública.  Que el ser funcionario no sea sinónimo de vago, coimero o irresponsable.  Nos dejan un país lleno de minas, con las finanzas en los huesos, con las calles hechas polvo, con la institucionalidad resquebrajada y la auto estima muy lastimada.  No hay margen de error para el “buen gobierno”. O lo hace bien o lo hace bien.