Por Mariela Sagel, 28 de julio de 2025
La tradicional Semana Santa en Sevilla, Andalucía, se vive de manera frenética, y la ocasión es propicia para que se den cita no solo los devotos católicos sino una horda de turistas, lo que la convierte, no solo en un fenómeno religioso, sino cultural y hasta histórico.
Este año nos fuimos a experimentarla hasta la médula, y aunque nos tocó un poco de frío (abril), el clima era confortable y ayudaba el resplandeciente y siempre despejado cielo azul de las tierras andaluzas.

Pero ¿qué atractivos tiene la Semana Santa en Sevilla, que es tan famosa en el mundo? Lo más distintivo son sus procesiones, que tienen un horario fijo y que empiezan desde el Domingo de Ramos y algunas, desde el Viernes de Dolores. Las procesiones son desfiles solemnes de lo que llaman pasos (imágenes religiosas) que van por determinadas calles de la ciudad. En sí son un espectáculo que combina fe, arte y tradición y a ello no escapa la representación artística del área, como es la música y el flamenco.

LAS PROCESIONES Y HERMANDADES
Los pasos representan escenas de la Pasión de Cristo y la Virgen. Estos pasos son elaboradas estructuras de madera, que son cargadas por lo que llaman costaleros, que no se ven porque van debajo de un manto y se turnan cada cierto tiempo. En general, las esculturas son de gran valor artístico y religioso, los mantos de las vírgenes con verdaderas obras de arte y los orfebres que intervienen en estas confecciones (Casa Perales es famosa por la calidad de sus productos) muchas veces solo trabajan para esa gran fiesta religiosa anual.

Los pasos van acompañados por lo que se conoce como nazarenos, que son miembros de las hermandades, visten túnicas que varían de color de acuerdo con la que representan y llevan en sus cabezas capirotes, en forma de cono, que solamente muestran los ojos. Por su forma se nos explicó que aluden a una penitencia, porque pueden confundirse con las que usa el Ku Klux Klan. Estos nazarenos acompañan a los pasos en señal de penitencia y devoción. La cantidad de miembros depende de las hermandades, ya que se calcula que hay unas 125 hermandades, de acuerdo con el Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla. También hay miembros mujeres y hasta niños.

De esa cantidad, no todas salen en Semana Santa, porque hay algunas (10) que lo hacen previo a ésta, unas 40 que lo hacen en otros momentos del año para fiestas puntuales, como la de la Virgen del Rosario o del Carmen, y unas 15 son sacramentales o de culto interno. Se calcula que, en total, las que salen en Semana Santa son unas 70 hermandades.
De las más importantes y numerosas, y por las que las personas amanecen o corretean son, de acuerdo con los días que salen, La Estrella, el Domingo de Ramos, y es muy popular en el barrio de Triana y La Borriquita, que representa la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén e inicia la Semana Santa. El Lunes Santo se destaca la Vera Cruz, que es muy antigua y sobria, con gran valor artístico y la de Santa Genoveva, muy de barrio, popular y novedosa.

La de San Esteban, que sale el Martes Santo, es muy elegante y ordenada y la famosa Candelaria, que se distingue por su belleza también se puede ver ese día. Un curioso nombre, el Baratillo, sale el Miércoles Santo, y tiene una estrecha relación con el mundo taurino. Ese día también sale la de la Lanzada, que se distingue por su paso imponente y a la que se le profesa una gran devoción y una más joven, el Carmen Doloroso, que está muy bien cuidada.

El Jueves Santo es quizás el día más importante, cuando salen la de la Exaltación, la Quinta Angustia, las Cigarreras, vinculada a la antigua fábrica de tabacos cuyo nombre era Real Fábrica de Tabacos, construida 1728 y que estuvo en funciones en el siglo XVIII. Esa edificación es uno de los mejores ejemplos de arquitectura industrial del Barroco europeo y en ella funciona hoy día la sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla y acoge varias facultades (Filología, Geografía e Historia, etc.).

En la noche, de jueves para viernes, se vive lo que se conoce como “La Madrugá, que es la más intensa y popular y desfila la famosa Macarena, que es símbolo de Sevilla y tiene más de 3,000 nazarenos, así que la longitud que ocupan éstos puede alcanzar hasta 2 kilómetros de longitud. Esa hermandad lleva dos imágenes, Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y Nuestra Señora de la Esperanza Macarena. Nosotros estuvimos como cuatro horas para verla pasar, bajo un frío que pelaba, y ya pasadas las 3 de la mañana.
Otra muy correteada es la hermandad del Gran Poder, llamado «el Señor de Sevilla» cuya imagen tiene un enorme impacto emocional. La procesión de El Silencio, la más antigua e imponente y la emotiva Los Gitanos, con una fuerte vinculación popular y artística, y que este año contó con la presencia de la reina Sofía a la salida del templo. También es tradicional la de la Esperanza de Triana.

No puede faltar El Calvario, que es de estilo clásico y sobrio, para rematar esa amanecida. El Viernes Santo, después de recuperarse de “La Madrugá”, es tradicional la O, de Triana, que tiene un fuerte arraigo, la de Monserrat, que tiene un crucificado impresionante, y la de la Soledad de San Lorenzo, muy venerada.
El Domingo de Resurrección la hermandad del Resucitado cierra la Semana Santa con alegría y júbilo.

Todas estas procesiones van acompañadas de una banda de música que interpretan las saetas, canciones flamencas improvisadas que se replican desde los balcones, que añaden más emoción a la celebración. Los músicos llevan vestidos impecables y es común verlos coronados con cascos con plumas. Es importante destacar aquí que muchos residentes de Sevilla, que viven en sitios privilegiados con balcones por donde pasan las procesiones, las alquilan a precios exorbitantes, estén los dueños o no en casa.

Las procesiones siguen un recorrido oficial, pasando por la Catedral, lo que permite a los espectadores apreciar la belleza de los pasos y la devoción de las cofradías. La ruta se muestra en un mapa o una aplicación de QR.
Otra de las tradiciones que salen a relucir durante esa intensa semana es la de señoras, jóvenes y no tanto, con vestidos negros elegantísimos, ataviadas con mantillas y peinetones de carey, acompañadas de elegantes caballeros con igual donaire. En general, la mayoría de los que acuden a ver las procesiones, se engalanan y el jueves, de negro.

OTRAS VISITAS OBLIGADAS EN SEVILLA
Por supuesto que una visita a Sevilla no podía limitarse solamente a ver procesiones, por lo que recorrimos la impresionante Plaza de España, visitamos su tradicional catedral y ascendimos a la famosa Giralda, una antigua torre almohade construida en el siglo XII como minarete de la mezquita mayor de Sevilla. Tras la reconquista cristiana, se convirtió en el campanario de la Catedral de Sevilla. Mide 104 metros de altura, y fue uno de los edificios más altos del mundo en su época.

Su parte inferior, islámica, data de los años 1184-1198, la superior, cristiana, se añadió en el siglo XVI y tiene el cuerpo de campanas y el giraldillo, que es la veleta con forma femenina que corona la torre.

También anduvimos por las famosas setas, que se llaman oficialmente Metropol Parasol, y que son unas estructuras arquitectónicas modernas ubicada en la Plaza de la Encarnación. Su nombre alude a hongos gigantes con estructuras onduladas de madera que se elevan sobre la plaza. Son una de las mayores estructuras de madera del mundo, y desde allí se disfruta de un mirador panorámico, un museo arqueológico subterráneo, con restos romanos y musulmanes y en la plaza se llevan a cabo conciertos y otros eventos. También, en la planta baja, está el mercado de la Encarnación.

Pasamos por el famoso Rinconcillo, un bar restaurante fundado en 1670 que conserva sus tradicionales mosaicos. Otra parada obligada, estando en Sevilla, fue la visita al Archivo de Indias y al Real Alcázar, todos alrededor de la catedral.


Por supuesto que pasamos por el Parque de María Luisa, cruzamos el puente de Triana, adentrándonos en ese barrio al otro lado del río Guadalquivir, en su casco antiguo (donde hay una calle Torrijos) y de vuelta, nos detuvimos en la Torre del Oro, que es uno de los monumentos más emblemáticos de Sevilla, muy cerca de la plaza de toros de la Maestranza.


La construcción de la torre se inició en 1220 por orden de un gobernador almohade y de ese estilo es su diseño. Tiene una altura de unos 36 metros y su función primordial era controlar el acceso al puerto fluvial. Formaba parte de las murallas que protegían el Alcázar y tenía una cadena que cruzaba el río para impedir el paso de buques enemigos. Su nombre se atribuye al brillo dorado que reflejaban sus azulejos al darles el sol. Se utilizaba para almacenar los tesoros procedentes de América. En el siglo XVIII se restauró, añadiéndosele un tercer cuerpo superior en estilo neoclásico. Hoy día alberga el Museo Naval, con exposiciones sobre la historia marítima de la ciudad, cartas náuticas, modelos de barcos, instrumentos de navegación y objetos vinculados a la era de los descubrimientos. Si uno se anima, se puede subir a la parte superior y tener una vista panorámica del Guadalquivir y del centro histórico. Desde 1931 es Monumento Histórico-Artístico.

No descuidamos darnos una vuelta por la casa de la Duquesa de Alba, conocido como Palacio de las Dueñas, que fue construido entre los siglos XV y XVI, y tomó su nombre del antiguo monasterio de Santa María de las Dueñas, que existía junto al edificio.
Este palacio fue la residencia favorita de la famosa Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII Duquesa de Alba, que vivió allí hasta su muerte, en 2014. Dos años después su hijo, Carlos Fitz-James Stuart, XIX Duque de Alba, decidió abrir el palacio al público como una casa-museo. Su construcción combina estilos gótico-mudéjar y renacentista, con patios andaluces, jardines y patios llenos de limoneros como los que Antonio Machado inmortalizó en su poesía.
Alberga una magnífica colección de arte: pinturas, esculturas, tapices y mobiliario que abarcan desde el siglo XVI hasta el arte contemporáneo. Dentro destaca la capilla privada, donde se casó la duquesa en 2011, además de salones señoriales como el Salón de la Gitana o el Patio de los Limones.

Me faltó visitar la Iglesia de Nuestra Señora de las Lágrimas, cuya sede original es la Iglesia de Santa Catalina, situada en el centro histórico de Sevilla, concretamente en la calle San Eloy, que ha estado en reformas desde 2004 y representa una talla barroca del siglo XVII, reconocida como la primera imagen dolorosa sevillana en portar un pañuelo en su mano derecha, un gesto que con el tiempo se ha hecho habitual. Sentía curiosidad en cómo había quedado su restauración, ya que mi admirado escritor Arturo Pérez Reverte la recrea en su novela “El pintor de batallas” y ha declarado que la imagen de esa virgen es una de sus favoritas.
Y yo la menciono como “Nuestra Señora de las Lágrimas” porque en otra novela del insigne autor, “La piel del tambor”, así la llama y la ubica en el contexto sevillano. Esa novela no solamente fue llevada al cine como “El hombre de Roma”, teniendo entre otros actores a Amaia Salamanca y Rodolfo Sancho, y en una serie con el nombre de “Quartz, el hombre de Roma”, a la que Pérez Reverte se ha referido como que es una adaptación de las mejores realizadas de sus novelas: “Son mis personajes, mis lugares, mis historias…”
Siempre vale la pena volver a Sevilla, oler su aroma perenne de naranjos en flor y recorrer sus callejuelas llenas de historia y de vivencias. Es importante dejar sentado aquí que, a pesar de ser Semana Santa, ni los bares ni los restaurantes estaban cerrados, incluso a altas horas de la noche, porque los sevillanos tienen muy claro que el servicio a tantos personas locales y visitantes es importante para la economía local, que ya de por sí recibe una derrama considerable con la confección de tantos y tan vistosos atuendos que llevan los nazarenos o los soldados que acompañan los pasos, así como las impresionantes decoraciones de flores y las ricas vestiduras que visten los santos.
