Por Mariela Sagel, 13 de octubre de 2025
El apellido Fábrega es uno de los más conocidos en Panamá, perteneciente a una tradición que tiene sus inicios con José de Fábrega, el “artífice principal de la independencia” de Panamá de España, en 1821, y que fue un militar de gran importancia. Muchos han sido los personajes que, a través de nuestra historia republicana, han ostentado posiciones relevantes, tanto en política como en diplomacia, las artes y las profesiones liberales, como son la banca, la abogacía y la medicina, entre otros. Al compositor Ricardo Fábrega le debemos piezas tan identitarias de nuestra nacionalidad como “Panamá Viejo”, “Taboga” y la tamborera “Dime la verdad”.
Algunos señalan que el apellido proviene de Cataluña y otros de Galicia. Independientemente de su origen, se dice que el apellido significa, en latín, “fábrica”. Hoy me ocuparé de tres libros que dignos representantes de ese apellido han publicado recientemente: el Dr. José Manuel Fábrega Sosa, a quien todos conocen como Mel, «La evolución de la medicina y la cirugía en mi vida»; el abogado Mario Fábrega Llinás, «Cuentos del Cerro Ancón«; y Eustacio Fábrega, «El vuelo de Chachi».
LA MEDICINA PARA MEL FÁBREGA
El Dr. José Manuel Fábrega es un conocido cirujano oncólogo del país, que dedicó su vida a estudiar en las mejores universidades de los Estados Unidos y a innovar y aprender durante su larga y productiva carrera todos los avances que esa sacrificada profesión le presentaba.

Su padre era mecánico y no contaba con los recursos para que el joven estudiante pudiera salir del país a formarse. Sin embargo, su empeño, decisión y buenos amigos y parientes le pavimentaron el camino para que su sueño de ser médico se hiciera realidad.
Además de su determinación, jugó un papel importante en este camino su esposa Dayra, que lo apoyó en todo, sin hacerle asco a las limitaciones económicas que significó vivir fuera de su país con escasos recursos.
Mel Fábrega nos ha ofrecido un espléndido libro donde combina con maestría relatos de su vida familiar, de sus solidarios amigos, su afán de aprender más y más del oficio del médico que siempre está a la vanguardia de los métodos que aliviarían a sus pacientes.
Se le puede llamar el maestro de la cirugía, y de sus manos no ha escapado casi nadie. Además de excelente cirujano y oncólogo, se le atribuye el mérito de ser uno de los primeros en introducir el uso de la perfusión extracorpórea de las extremidades en el tratamiento del cáncer, así como la terapia de infusión de las extremidades. También fundó la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital del Seguro Social y, en el ámbito académico, fue el precursor del concepto de rotaciones de residentes y de un sistema formal de educación para ellos.
Inició sus estudios en la Universidad de Notre Dame, Indiana, donde coincidió con el expresidente Ernesto Pérez Balladares, quien redactó el prólogo del libro y con quien conserva una entrañable amistad. De allí pasó a la George Washington University School of Medicine para entrar a la prestigiosa Cornell University, una de las Ivy League (universidades de élite de Estados Unidos) a la que tantos estudiantes aspiran ingresar.
El libro mezcla muy bien todo el tema médico —a veces un poco ajeno a los conocimientos que los neófitos tenemos— con las vivencias familiares, los valores morales que han sido su norte, y las oportunidades laborales y didácticas que ha vivido este referente de la medicina panameña. Todo ello ha dado como resultado las certificaciones y reconocimientos, tanto nacionales como internacionales, que ha recibido, entre ellos la Orden Manuel Amador Guerrero en el Grado de Gran Cruz, otorgada por el Gobierno Nacional en 2020.
Es un libro que se disfruta, aunque el tema detallado de las operaciones sea tan incisivo, porque refleja una vida plena y comprometida, tanto en el ámbito profesional como familiar.
CUENTOS DEL CERRO ANCÓN
Un libro de 15 cuentos y apenas 160 páginas es de una lectura gratificante, puesto que su autor, el abogado panameño Mario Fábrega Llinás, residente en Quarry Heights, en las faldas del Cerro Ancón —símbolo de nuestra nacionalidad—, lo publicó y presentó recientemente en la Biblioteca Nacional.

Independientemente de la exuberancia tropical que lo rodea, los misterios que siempre han girado en torno a las instalaciones de los militares estadounidenses dan para muchas especulaciones, y el autor les ha sacado partido, y con creces.
Con gran sutileza y haciendo gala de una gran imaginación, Fábrega Llinás entrelaza los mitos y realidades que acompañan a los animales que pululan por sus alrededores —como ñeques, armadillos, serpientes, osos perezosos, venados, además de perros y gatos— con las emblemáticas edificaciones de la Administración del Canal, con sus deslumbrantes lienzos que recrean la construcción del paso interoceánico, y la antigua escuela de Balboa, escenario de la histórica lucha del 9 de enero de 1964 con los estudiantes del Instituto Nacional.
Otros misterios que encierra el Cerro Ancón me han dejado muy curiosa, como lo ocurrido a la familia de Jules Dingler, que vino a trabajar en el canal francés, o el misterioso Didier Volpini. Mario Fábrega sabe entrelazar la historia con la ficción, y a sus relatos no escapa el día inolvidable en el que Panamá recibió el control del Canal de Panamá. También realza la gigantesca bandera que se alza en la cima del cerro, cómo suena, y cómo es símbolo de nuestra soberanía. Además, incluye personajes ficticios que tienen el afán de cruzar, a como dé lugar, este puente del mundo. No excluye a las etnias indígenas en sus relatos ni sus costumbres.
El tema minero también está incluido en sus cuentos, así como las protestas que se dieron hace un par de años y el fallo de la Corte, además de la relación de uno de los personajes más recurrentes en sus historias cortas con su nieto.
Es un libro precioso, muy accesible a todos los panameños que, aunque lean poco, les aportará una perspectiva de quien ve tanto al Cerro Ancón como a nuestra historia como algo digno de contarse. Casi todas las historias allí plasmadas, en forma de cuento, podrían desarrollarse en forma de novela.
EL VUELO DE CHACHI
Eustacio Fábrega, a quien todos conocemos por Chachi, es un personaje único de nuestro medio. Ha sido director de Aeronáutica Civil en dos ocasiones y ha estado vinculado a ese ámbito por su destreza y conocimientos del arte de volar. También es un cazador y un amante de la pesca furibundo, y quien lo conoce no queda indiferente a su sinceridad y facilidad de comunicación.

“El vuelo de Chachi” es un libro de sus memorias selectivas, en las que desmenuza los retos que la vida le fue presentando a medida que se formaba profesionalmente y conformaba una familia. Sus inicios como banquero en el Citibank lo hacen parte de esa élite que salió de allí para hacer grandes cambios en todos los aspectos de la vida republicana, al tiempo que le granjeó eternos compañeros de viaje.
Los que hemos tenido el privilegio de conocerlo y tratarlo, al leer su libro, es como si conversáramos con él, con todas sus variaciones. El expresidente Pérez Balladares lo describe como polifacético y controversial, y yo añadiría que leal y solidario. Me tocó trabajar muy cerca de él cuando presidí la Junta Directiva de Aeronáutica Civil, y conozco de su compromiso para con el puesto que desempeñaba. Me ha distinguido con su amistad por casi 30 años y siempre he admirado lo recursivo, ingenioso, divertido y tenaz que es, así como la lealtad de su eterna compañera, Irma, que lo ha acompañado en todas sus aventuras, algunas de ellas hasta rocambolescas.
Chachi nos regala en su libro un anecdotario que se centra en sus logros profesionales, tanto en aeronáutica como en la administración de empresas (entre ellas Carta Vieja, en Chiriquí), detallando los retos que tuvo que enfrentar en todos sus afanes, así como las traiciones de las que fue objeto.
A él le debemos los avances de la aviación civil y que hoy contemos con el “Hub de las Américas”, como se nos conoce por la envidiable conectividad aérea de Panamá. También entenderemos el valor de la amistad, sin distingo de clases, que lo ha caracterizado, y el homenaje que, con sus hilarantes anécdotas, rinde a su oficio de pintor, tallador de madera, buzo, piloto, padre, abuelo y amigo de sus amigos.
En muchas conversaciones que he sostenido con él, siempre me recalcaba la falta de profesionales a los que debió capacitar y dejar una escuela, ya que le tocó partir casi de cero en el tema aeronáutico. En el libro detalla las injustas acusaciones de las que fue objeto una vez salió de la dirección de Aeronáutica, así como la falta de entendederas de la gente envidiosa y mediocre.
Si el libro de Mel Fábrega es de un tecnicismo médico casi preciosista, el de Chachi rebosa de temas aeronáuticos que muy pocos entendemos. A pesar de eso, se lee con fruición y regocijo, porque nos permite entender el inmenso legado que está dejando, no solo a su familia, sino al país, al que mira con esperanza y pasión.
Estos libros están a la venta en los supermercados Riba Smith y en librerías de Panamá.
10 COMENTARIOS
Los comentarios están cerrados.
Me leí tu artículo con mucha atención y me encantó.
G.
Me alegro mucho…
Estimada Mariela, estupenda reseña de la distinguida familia Fabrega, destacada por su aportes profesionales, culturales y humanos a la Nación.
Saludos con afecto a toda la familia Fabrega.
Gracias vecino
Mariela me encanto tu articulo sobre la familia Fabrega. tengo el libro de Chachi pero no el de Mel, que lo voy a conseguir.
solo queria comentarte que el apellido Fabrega si proviene del General Jose pero originalmente era de Fabregas, en algun momento en la historia de la familia, se elimino el «de» y la «s». te felicito y te agradezco el articulo.
Rolando López Fábrega.
saludos un abrzo.
Qué gusto saber de tí y que me hayas leído. gracias por el aporte y sí sé de esos detalles, me los dió Mario Fábrega Arosemena. Me enorgullece que me leas. Abrazos.
Cómo de costumbre Mariela, encantado de leer tus interesantes vivencias
Un abrazo fraterno de tu fiel amigo Ingeniero Rogelio Negro Delgado
Muchas gracias querido Negro, un fuerte abrazo
Qué saga los Fábrega. Los cuentos de cerro Ancón no me los pierdo. Seguro que disfrutaré de su exuberancia y misterio. Un abrazo virtual, pero muy real desde España.
Muchas gracias Rosario, la familia Fábrega es muy extensa