Las ciudades y sitios que han sido seleccionados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, a lo largo y ancho del mundo, cuidan y explotan ese beneficio sin menoscabar el valor histórico o natural, al punto que toda la población se beneficia del respeto por la historia. Esta hermosa ciudad de Bergen, del muy escandinavo país que se llama Noruega, tiene una calle, la Bryggen, que ha sido preservada a través de los siglos, luchado contra muchos incendios (todas son construcciones de madera) que la han reducido a cenizas, y reconstruido desde sus cimientos desde el siglo 12 hasta nuestros días, sin que se desprecie ni un milímetro de su riqueza histórica y agregando valor al turismo. Es impresionante caminar por esas calles estrechas, empedradas y con facilidades para discapacitados, ver las fachadas de las casas, impecables en el tiempo, frente a la entrada a los fiordos, sin que le pase una cinta costera por el frente.
La ciudad, de unos 250 mil habitantes, ha permitido el establecimiento de aproximadamente 20 atractivos turísticos, desde el Mercado del Marisco hasta centros culturales donde se destaca la música de los compositores que aquí nacieron. Sus nombres son respetados y exaltados –así como los de dramaturgos, filósofos, mujeres políticas que lucharon por sus derechos— y es el destino de millones de visitantes que disfrutan de sus historias y consumen sus tradicionales platos. Los fines de semana es un hervidero y como es también un centro académico, con varias universidades, la población estudiantil tiene muchos lugares donde parrandear.
Hay que cuidar y respetar nuestra historia y nuestros recursos naturales. Allí es donde está el valor del valor ciudadano de cada uno de nosotros.